Los Soprano: Principio de Neutralidad y Regla de Abstinencia frente a la cotidianeidad del mal moral

Rocío de Frutos (Sevilla, 1978) es profesora del área de Música de la Universidad de Sevilla, Titulada Superior de Canto y concertista. Colabora regularmente con agrupaciones y directores de reconocido prestigio como Jordi Savall, Christophe Coin o Monica Huggett, en escenarios de todo el mundo y cuenta con varias grabaciones en el mercado para diversos sellos discográficos.


RESUMEN
Como pone de manifiesto Ramón Luque en su trabajo sobre el psicoanálisis en la obra de Woody Allen, “el psicoanálisis es un fenómeno que ha tenido tanta difusión que ello ha jugado en contra de su conocimiento en profundidad, siendo víctima de generalizaciones, tópicos e inexactitudes atribuibles a su desconocimiento real por parte de la población” (Luque, 2005, 159). Un reflejo claro del triunfo del psicoanálisis es precisamente su constante aparición fuera del ámbito académico y terapéutico, en las manifestaciones culturales y artísticas de nuestro tiempo, especialmente en los medios audiovisuales.
ABSTRACT
Since Ramon Luque reveals in his work on the psychoanalysis in Woody Allen's work, " the psychoanalysis is a phenomenon that has had so many diffusion that it has played in opposition to his knowledge in depth, being a victim of generalizations, topics and inaccuracies attributable to his royal ignorance on the part of the population " (Luque, 2005, 159). A clear reflection of the victory of the psychoanalysis is precisely his constant appearance out of the academic and therapeutic area, in the cultural and artistic manifestations of our time, specially in the audio-visual means.

Puede afirmarse que el psicoanálisis muere de éxito con frecuencia en su relación con los medios actuales de comunicación de masas, pues es objeto habitual de simplificaciones y errores. Sin embargo, es innegable que el psicoanálisis debe a los medios audiovisuales una parte esencial de su enorme difusión y popularidad. El cine y la televisión, a la cabeza de otras manifestaciones artísticas y culturales, han ofrecido y ofrecen constantes alusiones a la teoría psicoanalítica y sus agentes, hasta tal punto que, debido en gran parte al impacto de estos medios, podemos afirmar que el psicoanálisis forma hoy ya parte del acervo cultural postmoderno.

Un ejemplo notable de la fuerza de estos medios audiovisuales en la popularización del psicoanálisis podemos encontrarlo en la serie de televisión Los Soprano creada en 1999 por David Chase para la cadena americana HBO. Esta serie, ganadora de numerosos premios de la crítica especializada, ha alcanzado cotas de audiencia históricas tanto en Estados Unidos como en el resto de países donde ha sido emitida. En ella aparecen reflejados numerosos aspectos clave de la teoría psicoanalítica. Nos proponemos mostrar algunas de estas influencias psicoanalíticas en la serie.

Sin embargo, nos centraremos en una cuestión fundamental que subyace a toda la serie y que se refleja en la relación entre su protagonista, Tony Soprano, y su terapeuta, la Doctora Melfi: el posible conflicto ético que supone aplicar el principio de neutralidad en el tratamiento psicoanalítico de personas con una escala de valores totalmente contraria a la moral social imperante.

Los Soprano

Previo al análisis de las diferentes cuestiones sobre psicoanálisis y ética presentes en esta serie, es preciso brindar una visión fundamental del argumento y características de Los Soprano. Esta serie, que fue ideada originalmente como serie para adultos de la televisión de pago americana, refleja la vida del clan mafioso DiMeo en Nueva Jersey. Tony Soprano, protagonista, está al mando de esta familia mafiosa italoamericana. Aquejado por estrés y frecuentes ataques de ansiedad, se ve empujado a acudir a una psicoanalista, la Doctora Jennifer Melfi, en busca de ayuda. Para evitar que su autoridad se vea cuestionada por esta aparente muestra de debilidad, mantiene en secreto estas visitas. Además, oculta también los detalles de su “profesión” a la terapeuta, alcanzando con ella un acuerdo tácito: no desvelar datos comprometedores para que ella pueda tratarlo mientras él queda protegido por el secreto profesional.

La serie muestra a lo largo de su desarrollo los diferentes conflictos presentes en el seno familiar de Tony (problemas con su mujer e hijos adolescentes, con su madre…), así como dentro de la más amplia “familia” que es el clan mafioso y sus actividades (dificultades en el negocio, aparición de nuevas mafias, redistribuciones de poder, ajustes de cuentas, presión policial…).

El tratamiento de los personajes es profundo; no son planos, presentan una gran riqueza psicológica. No hay blanco y negro, todos se mueven en una compleja escala de grises morales; no son prototipos simplificados, son seres humanos complejos. Mezclan conductas de afecto y protección de los suyos con otras de extrema crueldad y frialdad sin solución de continuidad, aunando ambas facetas con naturalidad. Se rigen por un código ético diferente al mayoritario, pero actúan con relativa coherencia dentro de él. Presentan contradicciones aparentes, que en realidad son reflejo de un esquema moral particular (en una ocasión concreta, por ejemplo, dos hombres de Tony Soprano se quejan amargamente de la pérdida de valores en nuestros tiempos mientras entierran el cadáver resultado de un ajuste de cuentas que acaban de llevar a cabo; algo contradictorio, cómico incluso según los valores imperantes, pero bastante lógico dentro de los suyos). Los personajes pueden resultar cómicos, crueles, excesivos, pero siempre humanos, siempre creíbles, cercanos, auténticos.

Esta es la aportación verdaderamente interesante de la serie, transmitir la inquietante sensación de que los “criminales” son seres próximos, condicionados por el código ético que han adquirido, como todos, pero no una categoría humana o psicológica aparte. Como más adelante explicaremos, forman parte de los nuevos modelos de “malos” narrativos, que ya no son personas excepcionales separadas del resto, sino seres humanos ordinarios, con idénticas preocupaciones a la mayoría. En definitiva, el mal ya no es una categoría extraña, sino cotidiana, presente en todos y parte constitutiva inseparable de nuestra entidad. Los Dr. Jekyll y Mr. Hide, hombres-lobo (bien-mal, luces-sombras, polos opuestos) dejan paso a los Soprano, una mezcla peculiar de elementos indisolubles materia prima de su compleja personalidad.

Formalmente, la obra sigue un esquema más o menos clásico de teleserie familiar americana, reflejando los avatares personales, familiares y laborales de unos personajes con cuyo sufrimiento podemos sentirnos identificados en muchas ocasiones, salvando la distancia fundamental de que se rigen por un esquema moral muy particular separado de los códigos normativos establecidos por la sociedad mayoritaria. Mientras al hombre ordinario le preocupa que el Euríbor suba de nuevo y aumente su hipoteca, a Soprano le preocupa que el aumento de la seguridad en los puertos ponga en peligro su negocio de contrabando. Los objetos son diferentes, pero los sentimientos, equiparables.

Referencias psicoanalíticas en los Soprano

El objetivo del psicoanálisis es traer al terreno consciente, verbalizándolos y resolviéndolos, los conflictos ocultos en el inconsciente del paciente. Para alcanzar esta meta, la terapia se sirve de diferentes métodos: la libre asociación, la transferencia, la interpretación de los recuerdos (especialmente los de la infancia), sueños (también deseos, fantasías) y lapsus.
Podemos encontrar en diferentes momentos de la serie, alusiones a estos temas clásicos del psicoanálisis. Así, por ejemplo, el retorno a la infancia y sus influencias.

Durante las sesiones con su terapeuta, Tony Soprano va analizando las difíciles relaciones con su madre y el efecto que han tenido en el desarrollo de su personalidad. Su madre, una mujer fría y manipuladora, que reprochaba a todos su constante insatisfacción, demuestra a su hijo una falta absoluta de confianza en sus capacidades. Esta tortuosa relación con la madre, que llegó a tramar siendo ya anciana el asesinato de su hijo cuando éste decide internarla en una residencia, resulta ser clave en el desarrollo de su terapia para controlar los ataques de pánico.
También describe Tony varias escenas de su niñez especialmente impactantes que vivió con su padre. Lo vio en una ocasión propinar una paliza junto a su tío a un deudor y en otro momento, también como represalia por un retraso en el pago de una extorsión, cortó el dedo a un dependiente de una carnicería con el cuchillo de carnicero. Durante la terapia Soprano acaba por relacionar este hecho de su infancia con el detonante de algunos de sus ataques de ansiedad: la visión o el olor a carne cruda.

Otros personajes relatan también en diferentes momentos experiencias infantiles traumáticas que parecen insinuarse como posibles causas de trastornos de la personalidad. La propia Janice Soprano achaca también a la mala relación entre sus padres su personalidad irascible, que acaba por manifestarse en su extremo máximo cuando, tras una discusión, asesina a su novio.

El sobrino de Tony Soprano, Christopher Moltisanti, narra cómo sus tíos le gastaban bromas crueles y se burlaban de él constantemente cuando era un niño. En una ocasión, le dijeron que como prueba de su valor debería aguantar solo atado a un árbol durante una hora. Lo dejaron toda la noche atado. También relata que su madre se convirtió en alcohólica y depresiva a raíz del asesinato de su marido. Moltisanti, en parte como consecuencia de esta infancia convulsa e infeliz, es retratado como un hombre impulsivo, machista, con frecuentes ataques violentos y una clara tendencia a la drogadicción, aunque demuestra una fidelidad inquebrantable a su tío Tony, en quien parece ver a la única figura paterna que ha conocido, hasta el punto de que es capaz de sacrificar a su prometida cuando ésta le propone traicionar a Tony Soprano haciéndose confidente del FBI a cambio de evitar cargos contra ella y el propio Moltisanti.
Otro tema recurrente en la serie es el uso de los sueños para interpretar la realidad y los sentimientos. Tony Soprano cuenta a la Dra. Melfi en numerosas ocasiones diferentes sueños que tiene y ella interpreta sus posibles significados. Aparecen en ellos personas, elementos simbólicos (la carne que le recordaba el episodio de su padre cortándole el dedo al carnicero; la presencia constante de diferentes animales cuyo significado intenta desvelar la terapeuta…) y se muestra también el proceso de atención flotante y libre asociación que fomenta la psicoanalista en sus sesiones con Tony.

Los conflictos sexuales también son una constante en las sesiones de Tony. Sus constantes relaciones adúlteras son analizadas, aunque no cuestionadas moralmente, por la Dra. Melfi. Especialmente interesante es la atracción sexual que muestra por una mujer coja con la que mantiene una aventura durante un tiempo.

La transferencia o relación del paciente con su psicoanalista es una de las claves de la serie. Tony Soprano mantiene una intensa relación con la Dra. Melfi, en algunos momentos de admirado respeto, en otros de rabia e, incluso, una atracción de tipo sexual o amoroso. De hecho, su enamoramiento llega a ocasionar la interrupción de la terapia tras la solicitud sin éxito de Tony a la Doctora para que acceda a salir con él como pareja. Melfi, que lo rechaza, intenta explicarle que esta orientación de la libido hacia el psicoanalista es una transferencia de actitudes emocionales dirigidas en la infancia hacia otras personas. Si bien Tony no se da por vencido inicialmente y considera ridícula esta interpretación, pasado un tiempo asume la negación de la Dra. Melfi y retoman la terapia. También la Dra. Melfi en determinados momentos siente una especial atracción por su paciente, hecho que la obliga a consultar a su propio psicoanalista en busca de consejo, pues duda si esta contratransferencia está siendo adecuada o está excediendo los límites de los principios de neutralidad y abstinencia. Este tema resulta especialmente recurrente en la serie y es de una importancia capital para transmitir al público el fenómeno de la transferencia y su contrapeso, la regla de la abstinencia.

Tal como estableció el propio Freud, «…los fenómenos de la transferencia…nos brindan el inapreciable servicio de volver actuales y manifiestas las mociones de amor escondidas y olvidadas de los pacientes; pues en definitiva, nadie puede ser ajusticiado in absentia o in effigie» (Freud, 1912, 105).

En este mismo sentido, Salomone, en su estudio El principio de neutralidad y la regla de abstinencia: la perspectiva freudiana manifiesta: «Es sólo en el terreno de la transferencia donde puede el analista tener noticia de esas mociones reprimidas, y operar sobre ellas. Pero la condición es evitar que la transferencia preste sus servicios a la resistencia. Y allí es donde la Regla de Abstinencia debe operar” (Salomone, 2007, 3).

«Vínculos sexuales reales entre paciente y analista están excluidos, y aun las modalidades más finas de la satisfacción, como la preferencia, la intimidad, etc., son consentidas por el analista sólo mezquinamente…» (Freud, 1940, 176).

La Doctora Melfi se muestra preocupada en diversas ocasiones por respetar esta Regla de Abstinencia, no siempre con éxito.

Sin embargo, también aparecen reflejadas en la serie terapias de tipo conductista. Así, Christopher Moltisanti es enviado a una cura de desintoxicación para curar su adicción a las drogas y el alcohol y la hermana de Tony Soprano, Janice, se somete voluntariamente a una terapia de grupo para controlar sus ataques de ira. Sin embargo, los guionistas parecen querer transmitir su desconfianza en estos métodos a favor del psicoanálisis, pues en ambos casos la terapia conductista resulta ser eficaz sólo durante un corto período de tiempo. El propio Tony Soprano se burla de manera cruel de su hermana cuando ésta sigue los consejos del grupo de terapia y se muestra paciente y tranquila para resolver las diferentes situaciones de conflicto familiares, en lugar de mostrar su carácter explosivo y violento. Tony Soprano se muestra escéptico y sospecha de esta repentina transformación.

Por último, también el psicoanálisis recibe críticas más o menos implícitas por parte de algunos personajes de la serie. Por un lado, algunos miembros ridiculizan la decisión de Tony cuando descubren que se somete a esta terapia, en clara coherencia con una visión de los trastornos mentales como una debilidad impropia de un líder. Los ataques de ira y las explosiones violentas son vistos por la familia como una muestra de carácter deseable en un hombre, no como una patología. Sin embargo, por otro lado, el propio psicoanalista de la Dra. Melfi y otros compañeros de profesión muestran a la terapeuta un supuesto estudio según el cual la cura mediante la palabra aplicada a sociópatas resulta ineficaz e incluso puede agudizar su sociopatía.

Conflictos morales en la aplicación de los principios de neutralidad y abstinencia

Tal como la describe el propio Freud en 1914, la tarea del psicoanalista consiste en «librar una permanente lucha con el paciente a fin de retener en un ámbito psíquico todos los impulsos que él querría guiar hacia lo motor, y si consigue tramitar mediante el trabajo del recuerdo algo que el paciente preferiría descargar por medio de una acción, lo celebra como un triunfo de la cura…» (Freud, 1914,155).

Para conseguir vencer las resistencias del paciente a liberar sus conflictos del inconsciente, el psicoanalista debe denegarle las satisfacciones sustitutivas, pues de esta manera provocará que el paciente se cuestione el propio deseo y se vea forzado a buscar una respuesta.     En efecto, “imponer la frustración a la satisfacción es la estrategia fundamental de la técnica analítica. Impedir las satisfacciones sustitutivas persigue el objetivo principal de hacer de la transferencia la vía regia de la elaboración, el motor de la cura, evitando que se convierta en el campo de la satisfacción.” (Salomone, 2007?, 2). Esta evitación por parte del psicoanalista de las satisfacciones sustitutivas es lo que denominamos Regla de Abstinencia. Junto con el Principio de Neutralidad, constituyen unas indicaciones técnicas complementarias que el propio Freud dirigió al psicoanalista para orientarle en su tarea terapéutica.

La Regla de Abstinencia persigue un objetivo básico: fomentar en el paciente, a través del padecer que le genera la frustración impuesta por el terapeuta en el campo de la trasferencia, el trabajo analítico, de manera que pueda sacar a la luz consciente sus conflictos pulsionales.
Refiriéndose a una paciente, Freud declaraba: “…Si su cortejo de amor fuera correspondido, sería un gran triunfo para la paciente y una total derrota para la cura…Ella habría conseguido…actuar, repetir en la vida algo que sólo deben recordar, reproducir como material psíquico y conservar en un ámbito psíquico…” (Freud, 1915, 169). En este mismo sentido, “…Las mociones inconscientes no quieren ser recordadas, como la cura lo desea, sino que aspiran a reproducirse…” (Freud, 1912, 105).

Pero esta Regla de Abstinencia no es suficiente para garantizar una correcta aplicación del método psicoanalítico. Debe complementarse, siguiendo a Freud, con otro principio o recomendación técnica para el terapeuta, el Principio de Neutralidad, que puede plantear interesantes cuestiones morales. «…El análisis respeta la especificidad del paciente, no procura remodelarlo según sus ideales personales –los del médico–, y se alegra cuando puede ahorrarse consejos y despertar en cambio la iniciativa del analizado… » (Freud, 1923, 247). «Por tentador que pueda resultarle al analista convertirse en maestro, arquetipo e ideal de otros, crear seres humanos a su imagen y semejanza, no tiene permitido olvidar que no es esta su tarea en la relación analítica, e incluso sería infiel a ella si se dejara arrastrar por su inclinación…» (Freud, 1940, 176).

En palabras de Salomone: “El concepto de Neutralidad es una recomendación técnica para el analista que implica abstenerse de la ambición terapéutica así como de la ambición pedagógica. Abstenerse de inculcarle al paciente los propios ideales o aquellos valores que corresponden a la moralidad de la época; abstenerse de dirigir la vida del paciente y abstenerse de proponer nuevas metas a las mociones pulsionales liberadas de los síntomas.

Pero también, este lugar le impone no responder a la demanda de amor o a cualquier otro tipo de demanda del paciente, y excluir sus propios sentimientos contratransferenciales.
En otros términos, el concepto de Neutralidad obliga al analista a abstenerse de satisfacer la propuesta, siempre presente, del paciente (y la propia tentación) de concretar un pacto narcisista que configuraría la relación analítica en la dimensión especular, imaginaria. La Regla de la Abstinencia encuentra su condición de posibilidad en el Principio de Neutralidad (Salomone, 2007?, 8).

La dificultad de seguir esta regla de Neutralidad es manifiesta en términos morales. Y un ejemplo paradigmático y extremo lo encontramos sin duda representado en la relación de la Doctora Melfi y su paciente Tony Soprano. Esta Doctora se enfrenta a un importante dilema moral derivado de su respeto a priori del Principio de Neutralidad. Tony Soprano es un capo de la mafia. Ha acudido a su consulta para que la Dra. Melfi le ayude a solucionar algunos trastornos psicológicos que le impiden ser eficaz en su vida personal y laboral. Teniendo en cuenta que su trabajo consiste en dirigir y llevar a cabo actividades criminales, la Dra. Melfi siente reparos en tratarle, pero finalmente accede a procurarle ayuda. Sin embargo, ¿debe mantenerse absolutamente neutral en términos morales? ¿Debe curar a Tony Soprano sus ataques de pánico sin entrar a cuestionar en ningún caso su esquema moral, que justifica la violencia, el crimen, la extorsión? ¿Debe contribuir a que Tony Soprano pueda llevar a cabo de manera más eficaz su actividad delictiva, libre de sus trastornos psicológicos? Esta supuesta neutralidad moral, este no tomar partido a favor de la moralidad social, ¿es auténtico?, ¿no supone, por omisión, posicionarse en contra de alguna manera?

Precisamente, Freud criticó con dureza de los métodos sugestivos, su «ambición terapéutica» dirigida a eliminar los síntomas sin analizar su causa, y su «ambición pedagógica» de influir en el paciente, moral o conductualmente.

«…El procedimiento psicoanalítico se distingue de todos los métodos sugestivos, persuasivos, etc., por el hecho de que no pretende sofocar mediante la autoridad ningún fenómeno anímico. Procura averiguar la causación del fenómeno y cancelarlo mediante una transformación permanente de sus condiciones generadoras…» (Freud, 1923, 246)
«…que el médico quede habilitado para indicar nuevas metas a las aspiraciones liberadas. No respondería así sino a una lógica ambición, que se empeñaría en crear algo particularmente excelso con la persona a quien tanto trabajo ha consagrado para librarla de su neurosis, y en prescribir elevadas metas a sus deseos. Pero también en esto el médico debería contenerse y tomar como rasero menos sus propios deseos que la aptitud del analizado…La ambición pedagógica es tan inadecuada como la terapéutica…» (Freud, 1912b, 118).

«…Además, puedo asegurarles que están mal informados si suponen que consejo y guía en los asuntos de la vida sería una parte integrante de la influencia analítica. Al contrario, evitamos dentro de lo posible semejante papel de mentores; lo que más ansiamos es que el enfermo adopte sus decisiones de manera autónoma… » (Freud, 1917, 393).

El propio Freud despeja en parte esta duda, al manifestar: «…Y en verdad, sobre el tratamiento analítico cae la sombra de una sospecha: no estaría al servicio de la moralidad general» (Freud, 1923, 393).

Pero, en el caso del tratamiento de Tony Soprano, no estar al servicio de la moralidad general parece implicar que se favorece al que va en contra de ella, pues su curación por la Doctora Melfi supondrá con total probabilidad un aumento en la eficacia criminal de Tony Soprano. De hecho, en algún momento, incumpliendo la regla de Neutralidad, la Doctora le insinúa que la causa de su estrés podría provenir del tipo de trabajo al que se dedica, su carácter violento o inmoral. Sin embargo, en una aplicación estricta del principio de neutralidad, no parece justificada esta posición en estrictos términos “curativos”.

En realidad, para Tony Soprano, el nivel de violencia presente en su trabajo no supone necesariamente un conflicto añadido que requiera resolver para su curación, puesto que ha sido educado desde niño en una escala de valores en la que la violencia es un elemento familiar y sin connotaciones morales necesariamente peyorativas. El hecho de tener que emplear violencia física constante para manejar su “negocio” no parece afectarle de forma negativa. Dentro de su ámbito moral, le resulta mucho más traumático enfrentarse al hecho de mostrar determinadas debilidades, por ejemplo. Muestra de ello es el trauma que se desvela en una de sus sesiones psicoanalíticas. Tras mucha resistencia, Tony Soprano admite finalmente que en una ocasión, muchos años atrás, sufrió uno de sus ataques de pánico tras una fuerte discusión con su madre justo antes de dirigirse a acompañar a un primo suyo a ejecutar un golpe criminal. El desmayo que sufrió a consecuencia del ataque le hizo golpearse en la cabeza hasta el punto de no poder levantarse, de modo que no logró asistir a tiempo a la cita. Durante la actuación criminal, que se llevó a cabo sin él, la policía detuvo a su primo. La circunstancia de haber faltado a su cita delictiva por haber sufrido un desmayo le suponía tal nivel de vergüenza que jamás confesó la verdadera causa de su retraso, diciendo que había sido asaltado por unos maleantes que le propinaron una paliza.

Otro ejemplo claro de cómo el ejercicio de la violencia no supone problema alguno para Tony Soprano y sí otros elementos aparentemente inocuos es el hecho de que le atormente mucho más el hecho de que su hija tenga un novio mulato, por ejemplo, que el tener que propinar palizas constantes en su trabajo. De hecho, en la consulta de la Doctora Melfi, no hay ocasión en la que Tony admita sentirse mal por sus episodios violentos, incluso se jacta de ellos en ocasiones. Por otro lado, Tony se muestra absolutamente contrario a que sus hijos sigan su camino en la familia y es partidario de que se dediquen a una ocupación diferente, alejada del mundo mafioso al que, sin embargo, él no parece tener reparos en pertenecer.

También en este contexto puede citarse otro episodio similar. Los miembros masculinos de la familia tienen relaciones extramatrimoniales con naturalidad, lo cual es tolerado e incluso alentado por los demás miembros de la familia. Las mujeres también asumen con resignación su papel de esposas “oficiales”,  sabiendo que probablemente sus maridos tendrán aventuras ocasionales. La búsqueda del placer sexual por los hombres es, por tanto, asumida sin problemas. Sin embargo, en un episodio de la serie, la novia de Junior Soprano, el tío de Tony, desvela a sus amigas con satisfacción que Junior le practica sexo oral. Esta noticia corre como la pólvora entre las mujeres y acaba llegando a oídos de los hombres. La preocupación del hombre por proporcionar placer sexual a la mujer practicándole sexo oral es vista como una muestra de debilidad dentro de este clan. Junior Soprano es objeto de burla entre los demás por este episodio y le resulta tan humillante que se haya desvelado esta circunstancia que no duda en romper la relación con su novia, a la que parecía querer sinceramente, tras propinarle una paliza.

Evidentemente, las estructuras morales de este clan no son las imperantes de forma mayoritaria, razón por la cual sus miembros no muestran reparos éticos de ningún tipo en realizar actos de tipo “criminal” a ojos de la moral social.

¿Se podría, por tanto, continuar aplicando el criterio de Neutralidad en el tratamiento psicológico de personas con esquemas morales similares a este tipo de personajes?

Cotidianidad del mal moral y conclusión

Quizá la cuestión pueda contestarse teniendo en cuenta la sustancial modificación que ha sufrido el concepto de “maldad moral” en el último siglo. El mal ya no responde a los esquemas existentes en la época del positivismo científico de Freud. El mal es cotidiano y forma parte de nuestra personalidad, no es un elemento extraño que se nos une de forma anómala.

Priani Saisó pone el acento en este cambio en la representación del mal en la literatura durante el último siglo, así como en la televisión, con respecto a la novela policíaca y criminal, desde sus orígenes en el siglo XIX hasta finales de la década de los años ochenta.

La representación del mal como algo excepcional, separado, cede su lugar a un «relato del mal como objeto de lo cotidiano. El mal que se reabsorbe en lo normal, en el día cualquiera y que cualquiera puede encarnar sin asombrarse, o pensar que uno mismo sea “otro”» (Priani Saisó, 2005).

Precisamente Tony Soprano es un ejemplo de esta nueva representación del mal. Y estamos de acuerdo con Priani Saisó en que presenta un «rasgo  más del retrato contemporáneo del mal: el que la parte maldita no constituye, bajo ningún sentido, un otro.» Este autor sitúa en Oscar Wilde el punto de inflexión a partir del cual comenzó a transformarse el concepto de mal. Tan sólo cuatro años después de haber escrito El retrato de Dorian Grey (un claro ejemplo de “malo clásico”, como Dr. Jekyll y Mr. Hyde o, en nuestro tiempo, Hannibal Lecter, donde los polos “malo” y “bueno” se hayan por completo diferenciados) Wilde fue objeto de juicio público por sus conductas homosexuales y actos moralmente “inapropiados” a ojos de la sociedad de aquel momento. Wilde en ese momento inicia una nueva posición ética que tendrá importantes consecuencias futuras. Manifiesta a sus amigos que deben aceptarlo como individuo completo, en el que el “mal” forma parte también de su identidad. Y, como afirma Priani:

«Y podríamos tomar esto casi como una suerte de manifiesto para el siglo que estaba por comenzar: la de guiar la aproximación hacia la persona, particularmente hacia sus oscuridades, con honestidad, reivindicando la unidad, la reconciliación entre las partes más luminosas y más oscuras.

Y en efecto, algo de este espíritu puede encontrarse en Nietzsche, y en Freud, incluso en Kierkegaard y en Marx. Y podría ser un norte para explicar por qué a lo largo del siglo XX se camina hacia una proximidad con el mal, guiada con un ánimo de honestidad y aceptación, en un movimiento que lleva de sacar primero las sombras a la luz, para después mostrarlas como un rasgo unitario. Algo que hoy, de manera popular, recibe el nombre de ser auténtico, como comúnmente escuchamos en un sinnúmero de anuncios comerciales.

Pero esto explicaría también por qué, paulatinamente, el detective cede su lugar al psicólogo y finalmente, porqué el mal emerge sin su carácter de “otro” y sin su sustancialidad negativa. Como si a final de cuentas hubiera triunfado una forma auténtica de vivir, como un paso continuo entre la luz y la oscuridad.»

Por un lado, por tanto, esta asunción del mal como parte del individuo y, por tanto, de su autenticidad, parece favorecer la tesis de “no inferencia” freudiana. Sin embargo, por otro lado, si asumimos que el hombre es un todo indisoluble en el que ya no es posible separar de su personalidad el mal y el bien, sabiendo que es un espejismo pensar que es posible incidir sólo en su mal y que cualquier intervención en su psique incidirá en él de manera global, ¿sigue teniendo sentido defender esa supuesta “neutralidad” que sabemos que no existirá en ningún caso? ¿No sería más razonable asumir que toda intervención modificará la estructura mental y moral del sujeto y procurar dirigir esta intervención de la manera que entendamos más “adecuada” o es más conveniente dejar que el azar decida por nosotros?

En conclusión, desde el momento que la Doctora Melfi acepta al Señor Soprano como paciente, quizá debe asumir que producirá cambios en su estructura mental que afectarán a lo “bueno” y “malo” de su personalidad, puesto que ambos forman un todo complejo e indisoluble que no puede desmenuzarse de manera inocua. Puesto que esta inferencia será inevitable, quizá pueda ser preferible que adopte un posicionamiento moral claro, que incluso comunique previamente al paciente para que éste conozca las posibles influencias a las que podría resultar expuesto y tenga oportunidad de aceptarlas o no, y participar de manera activa y consciente en su proceso analítico.

En cualquier caso, estamos con Priani cuando declara: “Si alguna conclusión puede extraerse de todas estas reflexiones es entender que contra la apariencia de una suerte de indiferencia moral, de una frivolidad moral en nuestros días, hoy la inquietud moral es objeto cotidiano, angustia inmediata no reservada a los grandes héroes o las personalidades excepcionales.” (Priani, 2005).

Así lo reflejan magistralmente los guionistas de la serie Los Soprano.

BIBLIOGRAFÍA

FREUD, S. (1912): Trabajos sobre técnica psicoanalítica (1911-1915 [1914]) Sobre la dinámica de la transferencia. Obras Completas, Amorrortu editores, T XII
—  (1912b): Trabajos sobre técnica psicoanalítica (1911-1915 [1914]) Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico (1912) Obras Completas, Amorrortu editores, T XII
—  (1914): Trabajos sobre técnica psicoanalítica (1911-1915 [1914]) Recordar, repetir y reelaborar (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis,II). Obras Completas, Amorrortu editores, T XII
—  (1915): Trabajos sobre técnica psicoanalítica (1911-1915 [1914]) Puntualizaciones sobre el amor de transferencia (Nuevos consejos sobre la técnica del psicanálisis,III) Obras Completas, Amorrortu editores, T XII
—  (1917): Conferencias de introducción al psicoanálisis (continuación), Parte III. Doctrina general de las neurosis (1917 [1916-17]) 27ª conferencia: La transferencia Obras Completas, Amorrortu editores, T XVI
—  (1923): Dos artículos de enciclopedia: “Psicoanálisis” y “Teoría de la libido” (1923 [1922]) Obras Completas, Amorrortu editores, T XVIII
—  (1940): Esquema del psicoanálisis (1940 [1938]) Obras Completas, Amorrortu editores, T XXIII
LUQUE, R. (2005): En busca de Woody Allen: Sexo, muerte y cultura en su cine, Madrid, . Ed. Ocho y Medio.
PRIANI SAISÓ, E. (2005): La vecindad del Mal. Del otro yo al yo auténtico. Revista Electrónica Carta Psicoanalítica, número 6 (marzo 2005). ISSN: 1665 -7845
SALOMONE, G.Z. (2007): El principio de neutralidad y la regla de abstinencia: perspectiva freudiana. Website de la Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.

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