El desembarco del PP en Radio Televisión Española

Periodista, escritor y profesor. Nació en Madrid en 1963. Es Doctor y Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad ejerce como profesor de Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Como investigador, es autor de varios libros y documentales sobre actualidad política, comunicación y cultura.


RESUMEN
Los últimos años de Gobierno socialista consolidaron una red de medios afines al poder que incluyó el asalto al Grupo Antena 3, antes de que el nuevo Gobierno del PP impulsara desde 1996 la creación de su propio emporio audiovisual a través de Telefónica y, otra vez, Antena 3 TV. Esta carrera por el control de los medios de comunicación tuvo su origen en el primer reparto de las televisiones privadas y continuó con la guerra de las plataformas digitales por el control del fútbol y el negocio de las telecomunicaciones por cable. Fue un periodo en el que José María Aznar parecía obsesionado por emular a Jesús Polanco en la configuración de un imperio mediático capaz de alternarse con Prisa y el Psoe en el poder. Esta carrera por el control de los medios hizo y deshizo el mayor número de pactos y traiciones empresariales que se recuerdan en la reciente historia de España, con Antonio Asensio haciendo de comodín entre el Psoe, el PP y el todopoderoso Jesús Polanco.
ABSTRACT
Last years of socialist Government consolidated a network of related means to the power that included the assault to the Group Antenna 3, before the new Government of the PP was stimulating from 1996 the creation of his own audio-visual emporium across Telefonica and, again, Antenna 3 TV. This career as the control of the mass media had his origin in the first distribution of the private televisions and continued with the war of the digital platforms for the control of the football and the business of the telecommunications for cable. It was a period in which Jose Maria Aznar seemed to be obsessed for emulating Jesus Polanco in the configuration of a media empire capable of being alternated hurriedly and the Psoe in the power. This career for the control of the means did and undid the major number of agreements and managerial perfidies that are remembered in the recent history of Spain, with Antonio Asensio doing of joker between the Psoe, the PP and the all-powerful Jesus Polanco.

El primer reparto de las televisiones privadas que realizó el Psoe en 1989 dejó fuera del negocio audiovisual al entonces presidente del Grupo Zeta, Antonio Asensio, con quien el Gobierno socialista adquirió una deuda moral que trató de saldar en cuanto tuvo ocasión. Asensio había hecho serios sacrificios en la línea editorial de su grupo para complacer a los socialistas con el fin de obtener una licencia de televisión. Luego continuó haciéndolo a la espera de encajar en alguno de los canales que se habían puesto en marcha.

De hecho, Asensio reconoció años después ante el juez Garzón, en el transcurso de una investigación sobre presuntas irregularidades cometidas en Tele 5, que había negociado con Silvio Berlusconi su entrada en ese canal, aunque negó que lo hiciera en nombre del Partido Socialista. Esos contactos daban por supuesto que Asensio contaba con el apoyo de José María Calviño, el brazo armado audiovisual de Alfonso Guerra, y de su equipo, para iniciar un segundo asalto a la televisión privada, esta vez con el objetivo de Antena 3 en el horizonte.

Asensio había iniciado contactos con Rupert Murdoch, presidente de News International, para crear la sociedad Renvir, a través de la cual los dos empresarios pidieron ante el Ministerio de Transportes y Comunicaciones la autorización de transmisión de acciones de Antena 3 Televisión para comprar el 25 por ciento de las acciones de Antena 3 Televisión.

La operación se llevó a cabo el 17 de junio de 1992. Eran los tiempos en que Alfonso Guerra aceptaba sin complejos las invitaciones de Mario Conde, entonces presidente de Banesto, para dar conferencias en Moscú. El sector guerrista del Gobierno compensó así la decepción sufrida por el presidente del Grupo Zeta tras la adjudicación de las licencias de televisión tres años antes, aunque el Gobierno mantuvo un elocuente silencio oficial sobre la operación, que algunos sectores vieron con desconfianza al otorgar un peso inusitado en los medios de comunicación a dos depredadores como Asensio y Conde.

La nueva configuración del capital en Antena 3 iba a provocar a partir de ese momento una de las guerras más sonadas de los últimos años en los medios de comunicación españoles. No vamos a contar aquí en detalle el desarrollo de esa guerra, pero sí vamos a dar las claves necesarias para entender las condiciones en que se produjeron estos cambios, que estuvieron en el origen de la guerra soterrada que han padecido la profesión periodística y el público español en los últimos años, como si fuera cuestión de vida o muerte estar en la trinchera de Asensio, Polanco o el Gobierno de turno. Los enfrentamientos que se han venido dando en estos años entre la cadena Cope y la Ser o entre El Mundo y El país, podrían haber sido el resultado de una sana competencia entre todos esos medios. Sin embargo, el odio, los personalismos y los negocios de altura que se jugaban unos y otros, han condicionado la política española a partir de esta guerra de tiburones.

El caso es que los profesionales de Antena 3, que alternaban su presencia en la radio y la televisión, que habían apostado por una trayectoria independiente, más de derechas o de izquierdas, pero propia, fueron exterminados. Este periodo se caracterizó, por la sucesión de un conjunto de acuerdos cruzados que se hacían y deshacían en cuestión de días y en función de un solo objetivo: controlar la producción y la información en algunos de los canales privados que funcionaban en el país.

La entrada del Grupo Zeta en Antena 3 se produjo precisamente en un momento en que el grupo Godó empezó a tener veleidades multimedia. Zeta, como hemos visto, se alineó con el sector guerrista del Gobierno. Godó representaba a la burguesía catalana y necesitaba reforzar su posición para iniciar su ansiado proceso de expansión. Esta necesidad impulsó a Godó a articular un acuerdo con la Corporación Banesto de Mario Conde. Un acuerdo por el cual el banquero pondría un pie en las publicaciones del grupo catalán, sin ampliar su porcentaje en Antena 3 TV, a cambio de financiar con 6.000 millones de pesetas la puesta en marcha de la sociedad holding Inversiones Godó, con la que Javier Godó quería iniciar su expansión multimedia.

Antena 3 de Televisión, cadena en la que el grupo Godó tenía un 25 por ciento, no se incluyó en el acuerdo para que la participación prevista de Banesto, que acababa de pedir autorización al Gobierno para comprar el 21,5 por ciento de Antena 3 TV, no rebasara el 25 por ciento que entonces permitía la ley[1].

Según este acuerdo, el conde de Godó se comprometía a aportar activos por valor de 20.000 millones de pesetas (el 51 por ciento de Antena 3 Radio, el 30 por ciento de Talleres de Imprenta (TISA), empresa editora de La Vanguardia; el 90 por ciento de El Mundo Deportivo; el 83 por ciento de la agencia de noticias Lid y el 100 por ciento de la editora de la revista Historia y Vida. Banesto, por su parte,  acudiría a una ampliación de capital por valor de 6.000 millones de pesetas que suscribiría íntegramente.

Pero Javier Godó dudó y en un pis pas se echó atrás en la operación. De pronto, no quiso permitir la entrada a Mario Conde en La Vanguardia. La guerra de clanes en el Psoe influyó en esta decisión. El sector más próximo a Carlos Solchaga, y hasta el propio Felipe González, veían con temor la irrupción de Mario Conde en el Grupo Godó. Por todo ello, en abril de 1992, el acuerdo Conde-Godó estaba condenado al fracaso.

En el horizonte, aún quedaba la opción del Grupo Zeta. Tras su ruptura con Godó, Mario Conde, en representación de la Corporación Banesto, reaccionó apoyando  a Asensio para desbancar a Javier Godó de la presidencia de Antena 3. Conde compró el 20 por ciento de Antena 3 TV puso esos títulos a disposición de Asensio, que alcanzó la presidencia de la cadena de televisión el 17 de junio de 1992. Arturo Romaní, vicepresidente de Banesto, fue nombrado también vicepresidente de Antena 3, mientras que Mario Conde y Rupert Murdoch entraron como vocales en el consejo.

La reunión del consejo que desbancó de la presidencia de Antena 3 a Javier Godó se resolvió en una conflictiva sesión. Los consejeros afines a Manuel Martín Ferrand y los representantes de Prensa Española –segundo accionista de la cadena, con el 11,47 por ciento—votaron a favor de la destitución de Javier Godó, después de que éste  y los cinco consejeros representantes de La Vanguardia hubieran abandonado la sesión.

Los profesionales de la casa, que trabajaban en Antena 3 Radio y Antena 3 TV, y el exclusivista de publicidad, que era el mismo en las dos sociedades, navegaban en un mar de incertidumbre. Manuel Martín Ferrand y los representantes de Prensa Española exigieron a Godó que explicase si era su intención vender la cadena de radio y, en el caso de que así fuese, que respetase los derechos de preferencia de los accionistas y que lo hiciese rápidamente.  Cuando Godó respondió que todas las posibilidades estaban abiertas y que respetaría todos los derechos societarios, pero que no admitiría las coacciones, el globo acabó de reventar.

La destitución de Godó permitió a Jesús Polanco aprovechar su oportunidad. Hacía tiempo que esperaba alzarse con el dominio de la radio en España, y al final lo hizo a costa de Godó y de los profesionales que éste dejó a merced del grupo Prisa en Antena 3 Radio[2]. El 22 de julio de 1992 Prisa e Inversiones Godó suscribían un acuerdo con el fin de “abordar conjuntamente –según El país–  las profundas transformaciones que se están produciendo en el campo de la comunicación”. El pacto, eufemísticamente, suponía “una respuesta a las condiciones creadas en el campo de la comunicación por la internacionalización de la economía y la innovación tecnológica”[3]. La realidad era que Polanco conseguía con este acuerdo poner la primera piedra para apoderarse de Antena 3 Radio, la emisora que amenazaba el liderazgo de la Ser. La operación se llevó a cabo mediante la toma de una participación minoritaria de Prisa en Inversiones Godó, que a su vez era la propietaria de Antena 3 Radio.

El pacto se concretó en los siguientes cinco puntos

  1. Establecimiento de un pacto sobre el futuro de la presidencia de Inversiones Godó en Antena 3 Radio, tendente al mantenimiento del grupo Godó en todas las actividades multimedia.
  2. Estudio de la extensión de dicho acuerdo respecto a las acciones de Antena 3 Televisión, propiedad del grupo Godó, en la medida en que la legislación vigente lo permita.
  3. Creación de nuevas sociedades de servicios periodísticos para el desarrollo de proyectos en prensa.
  4. Establecimiento de un compromiso mutuo mediante el cual el grupo Godó y el grupo Prisa tendrán un derecho de participación preferente en las nuevas actividades que en medios de comunicación emprendan por separado en el futuro.
  5. Para el seguimiento de estos acuerdos se crea un comité paritario que garantiza el buen fin de los mismos.

Al día siguiente de la firma del acuerdo, el 23 de julio, Polanco convocó en la sede de la Fundación Santillana a quienes ese día sellaron el llamado “pacto de los editores”. A esa reunión asistieron los editores Antonio Asensio y Javier Godó, y los hermanos Jiménez de Parga, que conocían mejor que nadie las entrañas del Grupo Antena 3. Polanco les pidió a estos últimos que devolvieran la presidencia de Antena 3 Radio al dueño de La Vanguardia, cosa que hicieron de inmediato. La asunción del control de la emisora por parte de Prisa, a partir de ese instante, fue coser y cantar. Dos años después, la Ser de Polanco absorbió Antena 3 Radio, constituyendo un poderoso conglomerado radiofónico bajo la denominación de Unión Radio, que eliminó la seria amenaza que suponía la combativa Antena 3 Radio para la Ser. Unión Radio se configuró a partir de entonces con los postes de emisión de la Ser y los de Antena 3, lo que situaba a la cadena de Polanco a años luz de cualquier otro competidor[4].

El Gobierno socialista siempre negó una participación directa en la consecución del pacto de los editores, que además tuvo otras consecuencias importantes para otros profesionales de la información. José María Aznar sostuvo que el acuerdo se llevó a cabo para que Felipe González pudiera ganar las elecciones generales de 1993 con el apoyo de todos los medios a su alcance.

Tal vez por ello, Ricardo Visedo, que fue secretario general de Radiotelevisión Española y director del gabinete de estudios e investigación de audiencia de RTVE bajo el mandato socialista, se incorporó a la televisión de Asensio en junio de 1993. Como director general, Asensio nombró a Manuel Campo Vidal, otro rostro característico de la televisión pública de Felipe González, que después ha recalado en el feudo socialista de Canal Sur. Asensio seguía fiel al esquema que tenía en mente cuando quiso acceder al reparto de las televisiones privadas en 1989.

Tuviera o no razón Aznar, lo cierto es que él también se dispuso a construir su propio multimedia en cuanto ganó las elecciones del 3 de marzo de 1996

La guerra digital

Cuando el PP todavía calentaba los bancos de la oposición, a finales de 1995, durante los últimos meses de mandato socialista, se produjeron en el Congreso de los Diputados unos movimientos que resultaron esenciales para comprender el dominio que empezó a ejercer el PP en áreas tan interesantes desde el punto de vista económico y político como el negocio de las telecomunicaciones y, con más dificultades, la televisión.

Las cabezas visibles del área de comunicación en el PP eran Ana Mato y Miguel Angel Rodríguez, dos jóvenes figuras que empezaron a despuntar alrededor de José María Aznar. Los dos sabían que alrededor del mundo de las telecomunicaciones se estaba moviendo una gran cantidad de dinero. Estaban a punto de celebrarse las elecciones de marzo de 1996 y el revuelo era considerable, porque estaba en juego un negocio que preveía inversiones superiores a los 700.000 millones de pesetas, la posibilidad de controlar los nuevos sistemas de teledistribución y, sobre todo, la oportunidad de controlar las nuevas plataformas de televisión digital por satélite y por cable.

Este gran volumen de negocio que se empezó a gestar en los grandes despachos de abogados del país, tenía pendientes a expertos en el mundo de la televisión como Santiago Muñoz Machado, que había sido el abogado de la ONCE que llevó de la mano a Miguel Durán hasta la cumbre del poder audiovisual durante el mandato socialista, que participó en el cierre del periódico El Independiente, y que era conocido también como “el pistolero de Guerra”, debido a su estrecha relación con el ex vicepresidente del Gobierno socialista en años anteriores.

Sin embargo, pocos sabían que Muñoz Machado había sido uno de los abogados que más y mejor habían asesorado al Partido Popular desde que José María Aznar pasó por la Presidencia de Castilla y León. Después de haber aparecido como el abogado del sector guerrista del Psoe y como verdadero brazo armado de José María Calviño, Txiqui Benegas y Matilde Fernández al frente de la organización de ciegos, lo cierto es que el abogado llevaba tiempo elaborando también dictámenes para el Partido Popular sobre asuntos relacionados con el mundo de la comunicación, y en especial, con el negocio del cable.

Muñoz Machado era vicepresidente de Tele 5 y abogado de la ONCE, lo cual le permitió conocer de cerca el mundo de los medios de comunicación. También iba a convertirse en el abogado de la Comisión del Sector Eléctrico, cuyos representantes se habían empeñado en invertir, junto a los principales bancos del país, esos 700.000 millones de pesetas para la construcción de redes de cable en España. Y además, era el presidente de la Asociación Española de Derecho Audiovisual (AEDE), en la que ya estaban integrados los principales medios audiovisuales del país, como Antena 3, Tele 5 y la FORTA (Federación de Organismos de Radio y Televisión Autonómicos).

El escenario de fondo era el de un completo vacío legal en torno a la legislación sobre telecomunicaciones por cable. Y este vacío legal fue aprovechado por el PP desde que obtuvo el control de diez comunidades autónomas y muchísimos ayuntamientos en toda España a principios de los años noventa. A partir de esta plataforma municipal, igual que hiciera el Psoe antes de alcanzar el poder en 1982, la cúpula del PP impulsó el nacimiento de numerosas televisiones por cable en los territorios  bajo su control.

El Psoe venía prometiendo la aprobación de la ley del cable desde 1986, pero su inexistencia permitió  que numerosas pequeñas y medianas empresas se plantearan la posibilidad de cablear comunidades y municipios de entre 20.000 y 40.000 habitantes sin objeciones por parte del Gobierno, ya que se trataba de un sector no ilegal, sino alegal.

De hecho, esta esta proliferación de televisiones locales por cable molestó sobremanera a Polanco, el empresario más beneficiado por el Psoe en varias décadas. Polanco intentaba por entonces situarse en la carrera por el control del cable, y el  26 de julio de 1995 llegó su primer gran campanada. Ese día el magnate de la prensa española firmaba en secreto un acuerdo con el entonces presidente de Telefónica, Cándido Velázquez, por el cual podría utilizar la red que había tendido Telefónica por toda España para comercializar su televisión por cable. El alcance del negocio que estaba por llegar quedó claro cuando el 27 de septiembre de ese mismo año Polanco decidió presentar ante treinta periodistas del Club Internacional de Prensa su nuevo gran proyecto.

El acuerdo causó un gran escándalo en el sector y en el Partido Popular. Canal Plus y Telefónica constituyeron la sociedad Cablevisión para la explotación de una red de cable que cubría todo el territorio nacional y que se había construido con el dinero de todos los españoles. En la nueva sociedad participaban Telecartera, formada por Telefónica y Argentaria, y Sogecable, integrada por Prisa y sus socios de Canal Plus. Polanco anunció que la compañía comenzaría a operar en el mercado de la televisión por cable a partir del siguiente mes de septiembre. La red de Telefónica permitía ya la difusión de más de 50 canales diferentes.

El Gobierno del Psoe avaló la operación a través de la secretaria de la secretaria general de Comunicaciones, Elena Salgado, que declaró “la actividad de la televisión por cable como manifestación de los derechos de libertad de expresión e información” y que como tales no podían ser impedidos.

El acuerdo, impulsado también en la trastienda por el entonces ministro de la Presidencia, Alfredo Pérez Rubalcaba,  proporcionaba a sus protagonistas enormes ventajas respecto a sus competidores en el negocio de la televisión por cable.

Todos esos competidores estaban pendientes de que el Gobierno socialista promulgase la Ley del Cable. Entre esas empresas se encontraban Multitel, con socios como el Banco Santander, El Corte Inglés, Banesto y Banco Central Hispano, y la empresa  Cable y Televisión Europa, asociada en Barcelona con Multimedia Cable. Otras empresas con intereses en el sector eran Ferrovial, Procono, Jusatel, Helicópteros del Cantábrico y Sistemas de Televisión.

Durante la presentación de su acuerdo con Telefónica Polanco aludió a los 54 alcaldes del Partido Popular que habían decidido otorgar licencias de televisión por cable mediante concursos convocados por ellos mismos  sin tener en cuenta las restricciones de una futura ley del cable. “Quienes han concebido la municipalización del cable demuestran ignorancia y una paletez sorprendente”, declaró Polanco.

Poco después, sin embargo, el Gobierno socialista santificaba el acuerdo entre Polanco y Velázquez. “Hemos aprovechado el vacío legal”, explicó en esta ocasión el presidente de Telefónica, refiriéndose a la todavía no aprobada ley de Telecomunicaciones por Cable. “Nadie nos puede impedir que nos dediquemos a este negocio”, añadió.

Según el acuerdo, Polanco se beneficiaría durante un periodo de tiempo largo de la posibilidad de crear, distribuir y operar en el sector del cable a gran escala, ya que Telefónica ponía a su disposición y en exclusiva la red pública de cable.

La jugada resultó redonda cuando el Congreso de los Diputados, con mayoría socialista y el apoyo de IU-IC, CiU y PNV, aprobó la Ley de Telecomunicaciones por Cable. Una ley que para gran parte del sector audiovisual estaba hecha a la medida de Telefónica y de su socio, Canal Plus.

El Ministerio de Obras Públicas, además, anunció su intención de presentar recursos contra los concursos públicos convocados por los alcaldes populares.

Cablevisión inició sus pruebas piloto en Barcelona y anunció que ya estaba funcionando en Las Palmas, Tenerife, Santander, Lérida, Bilbao, Pamplona, Cádiz, Sevilla y Palma de Mallorca.

El enfrentamiento entre los diversos grupos puso de manifiesto que Antena 3 también se había dirigido por carta al presidente de Telefónica, sugiriéndole un acuerdo similar al de Canal Plus, exigiendo, también, la exclusividad.

De esta forma, Cablevisión se situó en cabeza de la carrera por el cable. Comenzó a extender su negocio por ciudades donde ya estaba instalada la competencia, como es el caso de Multitel, la operadora de cable presidida por Eugenio Galdón, que ya operaba, a través de la sociedad Cable Europa, en Santander, Jerez y Antequera.

Cable Europa estaba compuesta por el Banco Santander (60%) Multitel (17,5%), BCH (15,5%) y Ferrovial (7%). Cablevisión y Cable Europa fueron los dos únicos consorcios que pudieron constituir sociedades en distintos puntos del territorio nacional.

En ámbitos más reducidos, como el País Vasco o Cataluña, se instalaron operadores como Euskaltel y Cable TV, respectivamente. El País Vasco, de hecho, ya tenía su propia red de cable[5]. El Gobierno autonómico creó en 1993 una sociedad pública que se encargó de construir las infraestructuras. Las compañías eléctricas, por su parte, con grandes redes de fibra óptica a su disposición, y los bancos, también se mostraron interesados en el negocio del cable.

Con este panorama de fondo, la alianza entre Prisa y Telefónica se convirtió en el origen de la llamada “guerra digital”. Esta guerra enfrentaba a dos mundos opuestos, a las dos Españas de hoy, repartidas entre los partidarios del PP y del Psoe en torno a dos maneras de ver la vida que, en realidad, responde a un cúmulo de rencillas y venganzas personales que tuvieron su primer foco de infección serio en aquella otra guerra por el control de las nuevas televisiones privadas que culminaron en el asalto a Antena 3 por parte de empresarios afines al Psoe.

El acuerdo entre Telefónica y Canal Plus fue denunciado ante los tribunales. Incluso Bruselas lo suspendió temporalmente “por vulneración de la libre competencia, por conculcar las normas de concentración de empresas y por abuso de posición dominante”. El propio Antonio Asensio se rebeló cuando conoció su contenido, inerponiendo una demanda contra el mismo por inconstitucional.

Para Polanco, el acuerdo era un preciado botín. Significaba conseguir el monopolio del mercado de la televisión de pago en España que había estado persiguiendo durante los ocho años anteriores. Lo que más indignó a propios y extraños, sin embargo, es que el Gobierno de Felipe González diera luz verde a la operación durante el último consejo de ministros que se celebró bajo mandato socialista antes de las elecciones generales de 1996.

Desde luego, puede decirse que los socialistas jugaron sus bazas hasta que tuvieron ocasión. Pero a la vuelta de la esquina esperaba la victoria del PP en las elecciones generales de 1996, que enseguida se encargó de poner punto y final a la primera aventura de Polanco junto a Telefónica.

Su acuerdo, de hecho, no sobrevivió más allá del mes de junio de aquel año 1996, cuando el Gobierno de Aznar designó a Juan Villalonga como nuevo presidente de Telefónica.

La guerra del fútbol

La guerra del fútbol fue el detonante que disparó la guerra digital y el factor que situó al presidente del Grupo Zeta y Antena 3 TV, Antonio Asensio, como pieza clave de este tablero de ajedrez. Todos los movimientos que se estaban produciendo en el panorama de los medios audiovisuales en España no tenía sentido si las cadenas no contaban con contenidos, y a la hora de hablar de contenidos y, sobre todo de audiencias, el fútbol era el producto estrella en cualquier negociación. Por ello, quienes aspiraban a controlar el negocio del cable en España tenían muy claro que debían hacerse primero con los derechos de retransmisión de los partidos de fútbol.

Polanco ya había dado ese paso con Canal Plus, lo que le permitió sostener una puerta de su programación codificada con base en los partidos de fútbol que retransmitía los domingos por la tarde. Pero enseguida se encontró con un rival importante que le obligó a pelear por unos derechos que cambiaron la concepción del negocio digital y, sobre todo, sus costes.

Todo empezó el 11 de julio de 1996, cuando los clubes representados en la Asamblea de la Liga de Fútbol Profesional decidieron acabar con el equilibrio establecido hasta entonces en materia de derechos audiovisuales. Todos necesitaban dinero con urgencia y aquel día acordaron hacer efectivos los contratos que cada uno de ellos había firmado con Canal Plus o Antena 3 TV, las dos cadenas que se habían enfrascado en la guerra por conseguir los derechos de retransmisión de los partidos de fútbol en España.

Esos derechos eran lo más valioso que podeían las dos cadenas de televisión. También era lo más costoso. Hacer frente a los desembolsoso que habían acordado con los clubes exigía una capacidad financiera que ninguno de ellos tenía sin controlar igualmente el negocio de la televisión digital en España.

Hasta la llegada de Canal Plus al negocio del fútbol, los clubes tenían firmado un contrato en exclusiva con las cadenas autonómicas. Al “abrir” ese contrato y permitir los clubes que Canal Plus ofreciera un partido los domingos, aquellos esperaban recibir , en conjunto, unos 27.000 millones de pesetas.

Antena 3 TV, por su parte, anunció el 10 de abril de 1996 la oferta que había realizado por separado a los clubes de Primera y Segunda División para un total de cinco temporadas, a partir del curso 1998-1999.

Ante estos movimientos, Lorenzo Sanz, entonces presidente del Real Madrid, fue uno de los que se mostró más interesado en cambiar las cosas. No en vano, su hijo, el futbolista Fernando Sanz, acabó casándose con Ingrid Asensio, la hija del presidente de Antena 3 TV, que había irrumpido en el mundo de los derechos audiovisuales con el ánimo de cambiar el panorama.

El Real Madrid había suscrito un contrato con Antena 3 por un importe de 3.000 millones de pesetas para que sus partidos se dieran por esta cadena. Con este importante caramelo en el bolsillo, Asensio logró que la asamblea del fútbol le abriera la puerta para romper el monopolio dominical de Canal Plus, la cadena que durante los cinco años anteriores había estado ofreciendo partidos de fútbol codificados los domingos por la tarde.

El 30 de julio de 1996 la Asamblea de la Liga de Fútbol aprobó la propuesta de Antena 3 después de que se levantaran de la reunión los once presidentes que habían firmado contrato con Canal Plus[6]. Antena 3 ganó la partida porque obtuvo 27 votos a favor de su propuesta, ocho de los cuales correspondían a clubes de Primera División, entre los que se incluían el Real Madrid, el Atlético de Madrid, el Betis y el Sevilla, que eran algunos de los equipos con mayor tirón de público en la Liga. Además, Asensio tenía firmados acuerdos con las cadenas autonómicas para retransmitir los partidos del Barcelona, Español, Compostela y Valencia, cuyos derechos estaban en manos de las televisiones de Cataluña, Galicia y Valencia, respectivamente.

En estas condiciones, Asensio pensó que podía lanzar una suculenta oferta de televisión. Así, propuso que las televisiones autonómicas y Canal Plus mantuvieran las retransmisiones de partidos de fútbol que venían haciendo unos y otros los sábados y los domingos, respectivamente, en abierto y codificado, pero permitiendo a Antena 3 TV la retransmisión de un partido en abierto los lunes y otro mediante el sistema de pago a la carta los domingos.

Asensio pretendía acabar con la situación de privilegio que disfrutaba Polanco desde que se procedió al reparto de las licencias privadas de televisión, en 1989. Este privilegio permitió que los ingresos de Canal Plus en 1995 ascendieran a 36.000 millones de pesetas, tras firmar uncontrato con los clubes de fútbol por el que pagó una cifra que no alcanzó los 2.000 millones.

El negocio era redondo para Polanco. Por ello, El país arremetió contra Asensio al día siguiente de conocerse la decisión de los clubes de fútbol de abrir sus contratos a Antena 3. Ese día, 31 de julio, el periódico de Polanco tituló que “Asensio intentó revender a Canal Plus los contratos del fútbol televisado de su cadena”. El diario se hacía eco de una información lanzada por la cadena Ser, también de Polanco, según la cual Asensio ofreció 20 días antes vender esos derechos a Canal Plus a cambio de 31.800 millones y que dos semanas después rebajó esa cantidad a 16.000 millones. La cadena radiofónica indicó también que los contactos para dicha reventa habían sido encomendados a un bufete de abogados de Barcelona, uno de cuyos integrantes era el conocido político catalán Miquel Roca i Junyet.

Antena 3 contaba a esas alturas con los derechos de ocho equipos de Primera División: Atlético de Madrid, Real Madrid, Sevilla, Betis, Sporting de Gijón, Valladolid, Hércules y Extremadura; y 11 de Segunda: Mérida, Mallorca, Ecija, Salamanca, Villarreal, Leganés, Almería, Toledo, Alavés, Badajoz y Levante. Los clubes de Segunda División habían contratado a un promedio de 150 millones de pesetas cada uno por temporada, mientras que en Primera División las cifras iban desde los 3.000 millones de pesetas que consiguió el Real Madrid a los 700 que logró el recién ascendido Extremadura.

 Estos movimientos encolerizaron a Polanco. Sabía que Canal Plus tendría serios problemas financieros si no contaba con las retransmisiones de los toros o el fútbol. En esta situación, era evidente que , en cuanto estuvieran en marcha otros proyectos de televisión digital o por cable, sus abonados abandonarían Canal Plus en busca de ofertas con más canales, más baratos y con el mejor fútbol.

En aquel momento, Canal Plus tenía más de un millón de abonados cautivos por el fútbol que obligaría a Polanco a desembolsar 20.000 millones de pesetas en efectivo si todos decidieran entregar sus codificadores a la vez y pedir que se les devolviera el dinero de la fianza que pagaron cuando los alquilaron.

Polanco llegó incluso a lanzar una oferta disparatada el 21 de abril de 1996, por la cual Canal Plus habría estado dispuesto a pagar 220.000 millones de pesetas hasta la temporada del año 2003, a razón de 31.000 millones por temporada.

Como veremos más adelante, la guerra del fútbol se convirtió en piedra angular durante la guerra que enfrentó a las dos plataformas digitales que empezaron a funcionar en España –Vía Digital y Canal Plus–, sin posibilidad alguna de subsistir si no llegaban a un acuerdo y ordenaban el extraordinario gasto que representaban los derechos del fútbol para su retransmisión a través del cable.

Por su parte, Asensio tampoco las tenía todas consigo. Acababa de renovar las cúpulas directivas del Grupo Zeta y de Antena 3 TV, con la salida de José Luis Erviti, que había permanecido durante años al frente del Grupo Zeta gracias a su amistad con Asensio.

Curiosamente, tras la salida de Erviti del Grupo Zeta, en el El país empezaron a aparecer noticias relacionadas con el entorno del presidente de Antena 3 TV, y en especial con el entonces presidente del Atlético de Madrid y alcalde de Marbella, Jesús Gil, conocido por ser amigo personal con Asensio.

Estas informaciones coincidieron también con el momento en que Gil firmó el contrato de los derechos audiovisuales del Atlético de Madrid con Asensio. De hecho, fue el primer club grande que se atrevió a romper la baraja en favor de Asensio.

Pero decíamos que el momento era también delicado para Asensio porque empezaron a aflorar datos sobre su entramado de empresas. Precisamente uno de los últimos enfrentamientos que recuerdan los trabajadores de Antena 3 entre Asensio y Erviti por los pasillos de la cadena de televisión fue uno en el que Erviti increpó a Asensio, diciéndole: “Yo no quiero ir a la cárcel”. Erviti se refería al entramado que estaba organizando a Asensio en torno a la producción de programas y al negocio de los derechos del fútbol. Un entramado que empezó a trascender en la prensa y que se convirtió en uno de los mayores dolores de cabeza de Asensio.

Cuando Polanco se lanzó a la yugular de Jesús Gil a través del diario El país, también estaba echando mano al entorno empresarial de Asensio, auqneur por entonces estas relaciones permanecían ocultas para el gran público.

La primera andanada de El país contra Gil fue una página entera sobre los pagos realizados por el Ayuntamiento de Marbella, que presidía Gil, a sociedades vinculadas a él mismo como presidente del Atlético de Madrid[7]. La información iba acompañada de una extensa nota sobre “la escurridiza Promociones Atlántico”. El periódico afirmaba que el club de fútbol de Valladolid cedió sus derechos de publicidad a una empresa llamada Promociones Atlántico, el 28 de noviembre de 1995, por tres temporadas y un importe de cien millones de pesetas. A cambio, el equipo vallisoletano debía exhibir en sus camisetas publicidad de la ciudad de Marbella.

La operación, según El país, fue cerrada por Francisco Javier López López, la misma persona que aparecía como administrador único de Atlántico Producciones, S.L., una sociedad que estaba controlada directamente por Antonio Asensio. La leve variación del nombre de esta sociedad respecto a la de Gil parecía irrelevante a la hora de identificar esta operación con las que llevaba a cabo la sociedad de Asensio. El país había oído campanas pero no sabía dónde.

En Atlántico Producciones, S.L., según el Registro Mercantil de Madrid, aparecía también el nombre de Manuel Campo Vidal, a la sazón, vicepresidente de Antena 3 TV.Lo curioso era que una operación de compraventa de derechos de publicidad entre una empresa municipal de Marbella vinculada a Jesús Gil, Eventos 2000, y un club de fútbol como el Valladolid fuera negociada por una empresa de la que era propietario Antonio Asensio.

La información insinuaba cosas pero aparecía incompleta. Quienes conocían bien el entramado de productoras de Asensio y su equipo y sus relaciones con la batalla del fútbol leían el periódico de Prisa con sorpresa al observar que amagaba pero no daba. La reacción de Gil llegó cuando el fiscal Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, inició una delicada investigación sobre sus negocios en Marbella. Gil empezó a denunciar innumerables tramas de comisionistas que habían funcionado bajo el mandato socialista en Marbella, con el vicepresidente de la Junta de Andalucía, José Miguel Salinas, también socialista, a la cabeza.
La intención de Gil era acallar las informaciones de El país, afín a los socialistas, contra él. El caso es que Polanco, a partir de ese momento, no utilizó toda su artillería contra Gil. También cesaron las informaciones relativas a empresas de Asensio, quien, sin embargo, sí había organizado un entramado de empresas digno de mención.

El imperio paralelo de Antonio Asensio

A finales de 1995 Antonio Asensio confió el desarollo de sus productoras y rastreadoras de derechos de fútbol y televisión al vicepresidente de Antena 3 TV, Manuel Campo Vidal. El sociólogo y periodista que un día apareció en Televisión Española como entrevistador de confianza de Alfonso Guerra fue fichado por Asensio después de haber librado su propia batalla por la adjudicación de la Televisión Autonómica de Aragón y de haber obtenido numerosas licencias de FM que luego revendió.

Su condición de ex marido de la entonces abogada del Grupo Zeta, Francesca Canelles, ayudó a Campo para que Asensio le confiara la expansión de la cadena en España y América. De esta manera, Rozzaro Promotions, S.L. y Promociones Audiovisuales Reunidas, S.A. fueron las primeras de estas sociedades que fundó el equipo de Asensio. La primera tenía como objeto social “la organización de eventos deportivos, su promoción y la búsqueda de patrocinadores para su financiación”. Sus escrituras también consignaban que la empresa se podía dedicar a “la fabricación, comercialización y exportación de artículos deportivos y cualquiera elementos”. La segunda de esas sociedades declaraba como fin “la actividad cinematográfica y audiovisual en sus más amplios términos: producción, distribución y exhibición”.

En Rozzaro Promotions, S.L. aparecía como administradfora única María Isabel Zsaplana Labarga. Su nombre se repètía en otras muchas sociedades vinculadas a Asensio. Todas ellas estaban participadas por la empresa matriz del grupo, Promociones Audiovisuales Reunidas, S.A., en cuyo accionariado figuraba como presidente Antonio Asensio y como consejeros Manuel Campo Vidal, Francisco Javier Gimeno de Priede, Francisco Javier López López, José Manuel Lorenzo Torres y el abogado César Albiñana Cilveti. Este último era cuñado de Mario Conde y hacía las veces de secretario de la sociedad[8].

Rozzaro Promotions, S.L. y Promociones Audiovisuales Reunidas, S.A. eran las sociedades de las que colgaban las productoras Atlántico Producciones, S.L., Digimedia, S.A. y Guadiana Producciones, S.A., esta última propietaria a su vez de Aurum Producciones, S.A. Líder Films, S.A. era otra de las productoras ligadas a Antena 3 en la que figuraba Francico Javier López López.

Tanto López como César Albiñana, dos de los principales ejecutivos de las empresas audiovisuales de Asensio, habían intervenido junto a Mario Conde en la negociación con el conde de Godó y el abogado Ramón Hermosilla para que Banesto se hiciera con el control de La Vanguardia, primero, y de Antena 3 después, tal y como veremos más adelante. Se puede decir por tanto que Conde y Asensio compartían intereses a través de las personas que gestionaban sus empresas.

El abanico que de actividades que abarcaban estas sociedades era amplio: desde la contratación de artistas para radio y televisión hasta el doblaje y montaje de películas. Atlántico Producciones, S.L. tenía previsto incluso dedicarse a la organización de festejos taurinos para su retransmisión televisiva, a la explotación de una terraza de verano en el centro de Madrid y a la organización de partidos de fútbol entre equipos de Primera División. La sociedad declaraba además como objeto social en el Registro Mercantil de Madrid “la promoción, organización y realización de actividades artísticas y culturales de toda índole, tales como festivales, certámenes, convenciones y conferencias; la actividades de relaciopnes públicas o asesoría de imagen para sí o para terceros; la representación de servicios de profesionales y empresas actuando como intermediario de los mismos; participación en el diseño y organización de ferias y congresos; presentación de servicios para otras empresas, tales como decoración, ambientación, atrezzo y azafatas, aportación de artistas y público para la producción de programas de televisión y radio”.

Asensio gestionó la compra de derechos del fútbol a través de la empresa Gestora de Medios Audiovisuales, S.A., que tenía por objeto “la actividad cinematográfica y audiovisual en sus más amplios términos”, y de Promociones Audiovisuales Reunidas, S.A.

Estas empresas estarán presentes a lo largo de la guerra digital que se desató poco después por el control de las plataformas en poder Telefónica y Prisa, ya que el productor José Frade, propietario del 5 por ciento de Antena 3 TV, las puso sobre la mesa, al denunciar que Asensio las utilizaba para hacer negocio con Antena 3 a espaldas de sus accionistas y fijando precios desorbitados

Frade contra Asensio

El productor José Frade, con el 5 por ciento de las acciones de Antena 3 TV en su poder, se cansó en febrero de 1997 de las oscuras maniobras que Asensio estaba realizando con sus empresas paralelas alrededor de Antena 3. Y para aclarar tales movimientos pidió la convocatoria de una junta extraordinaria de la cadena de televisión a la que acudió acompañado de tres abogados.

Frade sospechaba que Asensio podía haber cometido alguna infracción penal con esa red de sociedades que además estaba siendo investigada también por la Fiscalía Anticorrupción en relación con la trama de sociedades vinculadas a Jesús Gil.

Uno de los abogados que acompañaron a Frade a aquella junta de Antena 3 era el ex juez de delitos monetarios, Luis Lerga, con lo cual se podían leer claramente sus intenciones.

Frade pidió explicaciones a Asensio sobre tres aspectos concretos. Por un lado, pretendía saber de quién son los derechos del fútbol que se suponía en manos de Antena 3 y que en realidad parecían estar en manos de las empresas de Asensio, ya que los contratos con los clubes de fútbol fueron firmados por la sociedad Gestora de Medios Audiovisuales, propiedad de Antonio Asensio. Esa empresa, a su vez, había vendido a la cadena algunos partidos y el productor pretendía saber cuál había sido el precio.

En segundo lugar, Frade preguntó por Cableantena, ya que la cadena presidida por Asensio admitió a finales del mes de enero anterior que se disponía a vender esta empresa a la sociedad digital del grupo Prisa, y diez días después, la plataforma de Jesús Polanco anunció que emitiría dos de los canales de televisión digital que venía distribuyendo Cableantena: Discovery y Cine de siempre.

En tercer lugar, Frade requerió una relación de las empresas integrantes del denominado Grupo Audiovisual de Antena 3, ya que, en la mayoría de los casos, en ese entramado no aparecía la cadena como accionista sino que en su lugar aparecían administradores únicos relacionados con Antonio Asensio o con el vicepresidente de la cadena, Manuel Campo Vidal.

El entramado de empresas de Asensio resultó que se dedicó durante meses a hacer negocio con la cadena en todas las áreas de actividad imaginables. Atlántico Producciones, S.L. actuaba como intermediaria en todas las contrataciones artísticas que requerían los programas de Antena 3. La empresa utilizaba personal y medios de la cadena, pero cargaba con un 25 por ciento el importe de todas sus facturaciones

La productora de cine y televisión Aurum asumió todos los derechos de películas producidas por Antena 3 antes de 1994. A partir de dicha fecha empezó a producir y a participar en las series de Antena 3, actuando además como coproductora de las películas cuyos derechos adquiría la cadena.

Con Cable Total y Cableantena Asensio gestionaba todas las actividades relacionadas con el cable y el satélite de Antena 3. La cadena no poseía en este caso ni una sola acción de estas empresas, aunque utilizaba, sin contraprestación alguna conocida, no sólo el logotipo, los fondos de programas, el personal, el material y los locales de Antena 3, sino el transponder del satélite Hispasat que pagaba la cadena.

Digimedia tenía la exclusiva de todos los desarrollos de realidad virtual que utilizaba Antena 3, pagados a precios que algunos consideraban que estaban fuera del mercado.

La empresa Duero facilitaba a Antena 3 presentadores, artistas y profesionales de primer nivel. Llevaba la representación de artistas y presentadores como Chiquito de la Calzada, Paula Vázquez o Diana Lázaro. Cualquier productor o director de un programa de Antena 3 tenía que recurrir a Duero para cinfigurar el elenco de artistas que iban a actuar en galas o series, pagando importantes comisiones por la cesión de dichos artistas.

Empleo 2000 era la empresa de trabajo temporal que tenía la exclusiva de Antena 3 para la contratación de personal: ayudantes de producción, cámaras, secretarias o conductores.

Gestora de Medios Audiovisuales, además de dedicarse a comprar los derechos de los clubes de fútbol, se utilizó para la compra de un paquete de películas de la Fox, que después se vendió a la cadena. La compra de derechos generó tales necesidades económicas que Gestora de Medios tuvo que solicitar importantes créditos que luego transmitió a la cadena.

La productora de programas de televisión Guadiana tenía como objetivo convertirse en la única productora externa que trabajara para Antena 3. Había llevado a cabo muchos proyectos. Entre ellos, la segunda parte de El juego de la Oca, que constituyeron fracasos económicos para Antena 3, pero que reportaron importantes ingresos a la productora.

La distribuidora de películas y series de televisión Líder Film, cuyo 50 por ciento era propiedad de Aurum, se hizo con la exclusiva de distribución de los derechos de antena de la cadena de televisión. Esta sociedad tenía la exclusiva de distribución de todas las películas y series en las que participaba Antena 3. También realizó operaciones de compra en el mercado internacional y venta simultánea a Antena 3, que fueron financiadas desde el principio por la tesorería de la cadena.

Proarsa, antigua Prozeta, era la productora del Grupo Zeta, que se dedicaba a comprar películas que inmediatamente revendía a Antena 3. También participaba en coproducciones cinematográficas en las que la cadena tenía los derechos.

Todas estas empresas utilizaban locales alquilados por Antena 3 y personal que pagaba en su integridad la cadena, pero recibían importantes anticipos de tesorería procedentes de Antena 3 para el desarrollo de sus actividades, que en la mayoría de los casos era de simple intermediación.


Notas

[1] El capital de Antena 3 TV estaba distribuido entonces de la siguiente manera: un 25 por ciento pertenecía a La Vanguardia y Antena 3 de Radio. Un 10 por ciento era propiedad de trabajadores de estas empresas. Prensa Española, editora del diario Abc, participaba en Antena 3 de Radio. Un 10 por ciento más se repartía entre 16 publicaciones diarias y semanales y un 35 por ciento, entre industrias españolas, entre ellas, Lladró, Zara y Unipapel. El 20 por ciento de capital extranjero estaba en manos de firmas financieras internacionales, como Rotschild (Francia) o Fidelity International (EE UU).

[2] Entre los profesionales afectados se encontraban el propio Manuel Martín Ferrand, a quien Godó juró destituir si lograba recuperar el control de la empresa, Antonio Herrero, Luis Herrero y José María García, que abandonaron el grupo con destino a la cadena Cope para continuar con sus emisiones.

[3] El Pais, 23 de julio de 1992.

[4] Esta operación de concentración fue invalidada por el Tribunal Supremo en junio de 2000 y, en la actualidad, el Gobierno estudia las alegaciones de Prisa sobre la manera de cumplir el fallo.

[5] Euskaltel estaba entonces constituida por el Gobierno autonómico, que participaba con un 40 por ciento, y las tres Cajas de Ahorros de Euskadi, con un 60 por ciento. Cable TV Cataluña estaba formado por US West, Time Warner y Catalana d’Iniciatives.

[6] Estos presidentes fueron los del Logroñés, Zaragoza, Real Sociedad, Tenerife, Celta, Racing, Oviedo, Rayo, Osasuna, Las Palmas y Athletic.

[7] El país, 19 de abril de 1992.

[8] César Albiñana había sido una de las piezas clave en Banesto y, como secretario general de la corporación industrial del banco, había participado en la mayor parte de los desaguisados por los que Mario Conde y Arturo Romaní tuvieron que responder en la Audiencia Nacional.

BIBLIOGRAFÍA

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Bustamante, E. y Villafañe, J.  La televisión en España mañana. Modelos televisivos y opciones ideológicas. Siglo XXI. Madrid, 1986.

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Esparza, J.J. Informe sobre la televisión: El invento del Maligno. Criterio libros. Madrid, 2001.

Macía, Pedro. Televisión hora cero.  Erisa. Madrid, 1981.

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Rico, Lolo. TV, fábrica de mentiras. Espasa Hoy, 1992.

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