Periodismo de Investigación en España (1975 – 2015)

Periodista, escritor y profesor. Nació en Madrid en 1963. Es Doctor y Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad ejerce como profesor de Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Como investigador, es autor de varios libros y documentales sobre actualidad política, comunicación y cultura.


RESUMEN
Tras la muerte de Franco, el periodismo de investigación en España ha pasado por varias etapas a lo largo del periodo democrático. A continuación se ofrece un repaso a la transición que sufrió el periodismo que indagaba en los derechos humanos de los ciudadanos —alrededor del terrorismo etarra y en la trastienda de los abusos policiales—, hacia el periodismo de denuncia de la llamada cultura del pelotazo y en torno a la financiación de los partidos, hasta desembocar en el periodismo actual, basado en la crónica judicial, que sobrevive condicionado por los despidos masivos, la fragmentación de los medios, la digitalización de la profesión y el papel que juegan las tertulias televisivas como altavoces de la nueva situación.
ABSTRACT
After Franco's death, the investigative journalism in Spain has happened for several stages along the democratic period. Later a revision offers to the transition that suffered the journalism that was investigating in the human rights of the citizens —about that of the terrorism ETA member and in the back-room of the police abuses—, towards the journalism of denunciation of the so called cultura del pelotazo and concerning the financing of the political parties, up to ending in the current journalism, based on the judicial chronicle, which survives determined by the massive dismissals, the fragmentation of the media, the digitalization of the journalisme and the paper that the television gatherings play as loudspeakers of the new situation.

El periodismo de investigación en la España democrática ha sufrido una transformación que se puede explicar a partir de cuatro grandes periodos  perfectamente definidos en función del contexto en que se han desenvuelto los distintos profesionales, sus objetivos y las consecuencias o el alcance que su trabajo ha encontrado en la sociedad española de los últimos cuarenta años.

Estos cuatro periodos se podrían identificar con los siguientes epígrafes, de acuerdo con el carácter de las investigaciones, sus temáticas y el contexto político y social que se ha vivido en cada momento:

1.- Defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos (1975 -1986).

2.- Terrorismo de Estado, cultura del pelotazo y financiación de partidos (1986 – 2000).

3.- Crisis y revolución digital (2000 – 2015).

Cada una de estas etapas han coincidido con el auge de determinados medios y cada una de ellas ha tenido un impacto diferente en la política y en la sociedad españolas. Su estudio explica cómo se han llevado a cabo en España los cambios legislativos y políticos que han dado lugar a una nueva generación de políticos cuyo lema principal es la regeneración democrática del país y la reconstrucción moral de la sociedad. Sin el trabajo desarrollado por cuatro décadas de periodismo de investigación, estos cambios habrían sido imposibles y la sociedad española aún estaría sumida en un letargo atenazado por la dictadura y la falta de libertad.

1.- Defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos (1975 -1986)

El periodismo de investigación en la España moderna surgió tras el impacto que causó en todo el mundo la investigación norteamericana sobre el Watergate. Coincidió en el tiempo con la dimisión del presidente Nixon en agosto de 1974 y la muerte de Franco en España en noviembre de 1975. Se trata de un periodo en el que surgieron nuevos medios como Cambio 16, Interviú, El País o Diario 16, entre otras publicaciones, que marcaron el pulso de la sociedad y la política de entonces.

En este contexto, la falta de libertades será uno de los ejes fundamentales de las primeras investigaciones periodísticas que se llevarán a cabo. Tanto Luis Díaz Güell como Montserrat Quesada coinciden en identificar el arranque del periodismo de investigación en España con este periodo de lucha por las libertades, en connivencia con los políticos de la época que llevaron a cabo la transición.

Las circunstancias políticas de este cambio, que precisó de un consenso importante entre las fuerzas políticas afines al viejo régimen y las que volvían a actuar en el nuevo panorama, como el Psoe, limitó el alcance de las primeras investigaciones, que no se centraron en los desmanes cometidos durante la dictadura sino a consolidar las libertades que la sociedad fue conquistando paulatinamente.

Tal y como lo explica Díaz Güell, “los periodistas en general, participan del pacto de no escarbar en demasía en las entrañas de quienes, durante cuarenta años, han regido los destinos de un país”.

Sin embargo, hubo excepciones que confirmaron la regla. Las experiencias de los periodistas José María Huertas, José Antonio Martínez Soler y Xavier Vinader, que se dedicaron a investigar algunas de las extensiones del viejo régimen durante los primeros años de la democracia, indican que una de las primeras tareas del periodismo consistió en delimitar las fronteras entre el viejo estado militar y la nueva primavera democrática que alumbraba en España.

José María Huertas fue condenado en agosto de 1975 por la justicia militar a dos años de reclusión menor por un artículo sobre mujeres de militares que regentaban casas de citas en la Ciudad Condal.

Poco después, en marzo de 1976, José Antonio Martínez Soler, director entonces de la revista Doblón, fue secuestrado durante unas horas y golpeado por un grupo de desconocidos como consecuencia de las denuncias realizadas en la revista sobre el comportamiento antidemocrático de determinados grupúsculos dentro de las fuerzas armadas y la Guardia Civil.

Mientras tanto, Vinader, especializado en desenmascarar las tramas negras de las bandas fascistas que operaban tras la muerte de Franco, llegó a infiltrarse en la organización ultraderechista Fuerza Nueva para asistir a sus mítines e investigar sus movimientos desde dentro. El resultado fue una serie de reportajes publicados en la revista Interviú en 1979 sobre las actuaciones de la extrema derecha en el País Vasco que tuvo como consecuencia, meses después, el asesinato a manos de ETA de uno de los denunciados en su investigación. Vinader fue procesado por inducción al asesinato y condenado finalmente a siete años de prisión mayor por un delito de imprudencia temeraria.

En líneas generales, los primeros años de la transición se caracterizaron por la investigación de asuntos de carácter social como el divorcio o el aborto, siempre con la connivencia de ministros como Francisco Fernández Ordóñez, que alentaba a los periodistas a contar historias sobre las miles de mujeres que cada año acudían a abortar a Londres porque no podían hacerlo en España, o como el entonces ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, que mostraba también su complicidad con los periodistas de la época al facilitarles información sobre el comportamiento irregular de muchos policías a quienes él, como ministro, no podía sancionar sin que se rebelaran las fuerzas de seguridad a las que dirigía.

Este fue el ambiente en el que se desenvolvieron las primeras investigaciones de la democracia a cargo de periodistas como Gregorio Morán, Pío Moa, José Luis Morales y José Luis del Campo, entre otros, que dieron lugar también a la creación de los primeros equipos de investigación periodística españoles.

En este sentido, cabe destacar el carácter pionero del equipo de investigación que puso en marcha Juan Tomás de Salas como editor de Cambio 16, compuesto en una primera fase por Rafael Cid y José Díaz Herrera. Muchos de sus trabajos se centraron en la actividad de los militares golpistas que continuaban su actividad tras la intentona del 23 de Febrero de 1981 y en los abusos policiales que se producían en las cloacas de las fuerzas de seguridad del estado.

Fruto de este trabajo fue la investigación sobre la mafia policial con la que el equipo de Cambio 16 –compuesto por Rafael Cid, José Díaz Herrera y Miguel Angel Liso– consiguió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo en 1986. Esta serie de reportajes se centró en “El Nani”, un ladrón gitano de 29 años que recibe una paliza al ingresar en dependencias policiales por no decir dónde se encuentra el oro procedente de un atraco a una joyería, que luego desaparece, y que pone de manifiesto la connivencia entre policías y bandas de gitanos que atracaban joyerías para quedarse con las ganancias. El “caso Nani” se convirtió en el caso de la “mafia policial” cuando los periodistas descubrieron la trama de policías corruptos, joyeros delincuentes y pequeños ladrones dedicados al robo y a la extorsión.

Con la investigación sobre la mafia policial se puede decir que concluyó una época y empezó la siguiente fase del periodismo de investigación en España, tras la victoria del Partido Socialista Obrero Español en 1982, con los diez millones de votos que consiguió Felipe González y la inauguración de la llamada cultura del pelotazo.

2.- Terrorismo de Estado, cultura del pelotazo y financiación de partidos (1986 – 2000)

La llegada del Partido Socialista al poder en 1982 estuvo llena de luces y sombras relacionadas con las dos lacras que el periodismo descubrió acerca de su gestión y que ha condicionado la política española hasta nuestros días. Estas dos lacras fueron los GAL y la corrupción.

Tras un periodo en el que los medios se distinguieron por su marcado carácter ideológico –Cuadernos para el Diálogo, Triunfo, El Alcázar…– y tras la consolidación de los nuevos medios democráticos –El País, Diario 16, Cambio 16, Tiempo…– el periodismo inició una nueva etapa basada en la defensa de las libertades públicas, la denuncia de los delincuentes de guante blanco y los abusos del poder.

El Psoe ciertamente se reveló como un partido moderado que no emprendió ninguna espiral nacionalizadora –excepto en el caso de Rumasa, que se justificó por la opacidad de sus cuentas–, ni por su enfrentamiento al establishment militar, ya que España ingresó en la OTAN con el Psoe al frente. Las intentonas golpistas se superaron y por fin los profesionales y los editores se volcaron expresamente en la defensa de las libertades y la condena de cualquier abuso o exceso de autoridad.

Fue en este periodo cuando nacieron los equipos de investigación más activos del periodismo español. Pudieron hacerlo a imagen y semejanza de los equipos de investigación norteamericanos, aunque sin sus medios y sin el amparo legal de que gozaban estos en Estados Unidos.

Muy al contrario, se trata de un periodo en el que los profesionales de la información se ganan el derecho a informar a pesar de las limitaciones legales con que se encontraron a la hora de realizar su trabajo. De hecho, la propia práctica del periodismo y los descubrimientos que realizaron estos profesionales contra viento y marea fueron los que forzaron cambios legislativos fundamentales a lo largo de dos décadas que permitieron el reconocimiento de nuevas figuras delictivas que han ido configurando el marco de la lucha contra la corrupción, el fraude fiscal y el terrorismo de Estado en la España democrática.

Este periodo es importante porque consolida dos aspectos decisivos de la profesión. Por un lado, el hecho de que las nuevas investigaciones que se realizan van siempre por delante de los jueces. Es decir, son los periodistas quienes levantan la liebre e inician las pesquisas para descubrir grandes escándalos como el de los GAL o Juan Guerra que luego acaban en los juzgados. Por otro, es la actividad periodística la que pone de manifiesto las lagunas existentes en el ordenamiento jurídico tanto para luchar contra los abusos políticos y económicos en el entorno del poder como para su castigo. Esto es, son los periodistas los que impulsan la creación de leyes y reglamentos para la consulta de archivos y registros mercantiles, en un momento en el que sus responsables no están acostumbrados a proporcionar información y por tanto se resisten a facilitar el acceso de los periodistas a la misma. De esta manera, son estos trabajos periodísticos los que provocan el endurecimiento de las penas y la creación de nuevas sanciones para los nuevos criminales que van apareciendo en las cercanías del poder.

En primer lugar, este periodo destaca por el descubrimiento y seguimiento de la trama de los GAL que lleva a cabo el equipo de investigación de Diario 16. Es un ejemplo de lo que los nuevos tiempos piden a un gobierno democrático, más allá de lo que ya reveló el caso de la mafia policial en 1986.

En esta ocasión, Ricardo Arqués y Melchor Miralles destaparon en 1989 la guerra sucia que llevó a cabo el gobierno del Psoe contra ETA durante los años ochenta, tras una escalada de muerte y violencia que finalmente llevó a la cárcel al subcomisario José Amedo, al inspector de Policía Michel Domínguez y altos cargos de los gobiernos de Felipe González como el ex ministro del Interior, José Barrionuevo y el ex secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera.

Al mismo tiempo, tal y como explica Díaz Güell “son años donde los editores y propietarios de medios de comunicación tienen que demostrar que están ahí para hacer palpable cuál es el papel desempeñado por la prensa en el nuevo sistema político y que, para ello, deben consolidar sus estructuras empresariales, todavía débiles, que han demostrado la fuerza de la letra impresa para contribuir a traer la democracia a España, pero que ahora deben demostrar la fuerza de sus cuentas de resultados si quieren ser uno más del establishment”.

Esas nuevas estructuras empresariales tienen que ver con los nuevos negocios que pusieron en marcha los grandes empresarios y financieros que acabaron en la cárcel en los años noventa, después de llevar a cabo numerosos negocios a la sombra del poder y con las nuevas estructuras que pusieron en marcha los partidos políticos en busca de financiación paralela.

En el primer grupo aparecieron nombres como los de Mario Conde, los Albertos y Javier de la Rosa en combinación con entidades en busca de grandes pelotazos como KIO y políticos como Jordi Pujol, al que ya se vinculaba entonces con escándalos como el de Banca Catalana, o el rey Juan Carlos, de la mano de su testaferro Manuel Prado y Colón de Carvajal.

Las nuevas investigaciones en torno a los nuevos ricos que se encaramaron a puestos de poder en los años ochenta provocaron el despido de varios periodistas dedicados a desentrañar las claves de los grandes grupos empresariales en connivencia con los propietarios de los grandes grupos de comunicación.

En concreto, los periodistas José Antonio Navas y Fernando Nadal fueron despedidos de El País por escribir en 1990 El secreto de Torre Picasso, en el que contaban la batalla que enfrentó a las hermanas Koplowitz y a sus maridos, los Albertos,

En relación con la financiación de los partidos estalló el caso Juan Guerra, hermano del entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, cuyas ramificaciones llevaron a los periodistas José Díaz Herrera y Ramón Tijeras a escribir el libro El dinero del poder: la trama económica en la España socialista, en el que pusieron de manifiesto la existencia de una estructura organizada de financiación en torno al Partido Socialista y al Partido Popular, basada en negocios de tráfico de armas, comisiones procedentes de la compra de petróleo o el cobro de créditos FAD de ayuda al desarrollo.

El libro vio la luz en 1991 tras las dificultades que los dos periodistas encontraron para publicar el material en la revista Tiempo, perteneciente al Grupo Zeta, donde trabajaban. De hecho, fueron los periodistas que descubrieron el caso Juan Guerra, que elaboraron el primer dossier que no pudieron publicar en Tiempo y que acabó en manos de la revista Época después de una rocambolesca historia, y que a partir de ahí empezaron a indagar en los negocios de Estado que pusieron en marcha empresarios próximos al Partido Socialista durante la década de los ochenta.

También fueron despedidos del Grupo Zeta al relacionar a su presidente, Antonio Asensio, con un casino ilegal en Sevilla del que eran socios Juan Guerra y miembros del antiguo Batallón Vasco Español, germen del GAL, en Sevilla, y tras desvelar las relaciones del empresario con Javier de la Rosa.

El libro también contaba los negocios de Jesús Polanco, el zar de la prensa española, que además de editar El País, se dedicaba a exportar libros a América Latina y a construir hospitales en países como Cuba o Vietnam con créditos FAD de ayuda al desarrollo, para lo que era imprescindible contar con el apoyo del consejo de ministros, que además garantizaba las operaciones con créditos ICO (Instituto de Crédito Oficial).

El fenómeno de los periodistas convertidos en escritores de libros se generalizó a partir de ese momento, igual que la implicación de los grandes editores en negocios ajenos al de la publicación de periódicos.

En este sentido hay que recordar también que Jesús Cacho fue despedido de El País después de publicar que KIO quería romper con Cartera Central y los Albertos y que otro periodista de El País, Javier Cuartas, sufrió los rigores de la censura al ver cómo su Biografía de El Corte Inglés, otro de los emporios intocables de la nueva democracia española, desaparecía antes de llegar a las librerías.

Tal vez el único editor de relieve entonces que no tenía negocios paralelos era Juan Tomás de Salas, editor del Grupo 16, aunque mantenía un contacto estrecho con la llamada beautiful people que a la postre estaba presente en gran parte de los escándalos de la época.

Esta situación provocó la firma del llamado pacto de los editores, por el cual los editores mencionados arriba encabezaron un acuerdo que impediría en el futuro albergar en las redacciones a periodistas díscolos dispuestos a contar cómo funcionaba la trastienda del poder. Esto provocó que dichos periodistas no tuvieran redacciones donde escribir y que muchos de ellos se dedicaran a escribir libros de investigación como medio de vida o escribir en forma de libro lo que no podían publicar en sus respectivos medios.

El periodismo aparece  a partir de este momento como víctima de las luchas que tienen lugar en España por la configuración del nuevo mapa del poder, en el que están en juego los primeros grandes negocios de la democracia y de la comunicación. De hecho, gran parte de esos negocios tocaban de lleno a los grandes editores. Por una parte, empresarios como los Albertos o Mario Conde empezaron a invertir en medios de comunicación como un modo de controlar el entorno financiero y político que les tocó vivir. Por otro, empresarios de la comunicación como Asensio, Polanco y De Salas optaron al reparto de las televisiones privadas, que se resolvió con fortuna dispar para cada uno de ellos.

Asensio ordenó a sus periodistas investigar a testaferros de la ONCE integrados en el proyecto de Telecinco mientras impedía la publicación de los primeros reportajes sobre Juan Guerra a cambio de entregárselos al Gobierno, que inmediatamente cerró la oficina de Sevilla desde la que hacía sus negocios el hermano del vicepresidente Guerra, a la espera de que se le adjudicara uno de los canales previstos de televisión.

Por su parte, Juan Tomás de Salas fue excluido del reparto tras impulsar la publicación en Diario 16 de todos los pormenores de los GAL. El castigo fue que el Grupo 16 se convirtió en el único gran grupo de prensa que no contó con un canal de televisión para completar el gran multimedia que todos deseaban. El Grupo 16 ya tenía una radio, un periódico y un semanario. Le faltaba la televisión y la historia de los Gal se lo impidió.

“No hay cojones para no darme a mí una televisión”, espetó Jesús Polanco a sus allegados. El País era por entonces el periódico afín a los socialistas. Durante años, sus equipos directivos se nutrieron de antiguos miembros de los gobiernos de Felipe González, como el ex ministro de Economía Carlos Solchaga o el ex secretario del Portavoz del Gobierno, Miguel Gil. Y aunque la fórmula de una televisión de pago como la de Canal Plus no estaba contemplada en el concurso para adjudicación de las televisiones privadas, una de las licencias fue a parar al zar de la prensa, que a partir de entonces se consolidó como el editor más poderoso de habla hispana. Un negocio que empezó su decadencia también tras la caída del Partido Socialista y la acumulación de una deuda millonaria que aún hoy, después de vender gran parte de sus activos, ni siquiera los actuales gestores norteamericanos de Prisa han resuelto.

Las investigaciones periodísticas que se desarrollaron en esta época empezaron a destapar detalles sobre todos esos movimientos y en especial sobre la financiación de los partidos. Ya en El dinero del poder se ofrecían datos relacionados con los negocios que coordinaba la contable del Psoe, Aida Alvarez, que luego se conocieron bajo la etiqueta de caso Filesa, una trama de sociedades construida por miembros del partido para obtener financiación mediante la elaboración de informes inexistentes y el cobro de facturas falsas.

Las investigaciones sobre los fondos reservados, los papeles del CESID, Ibercorp y el Banco de España acabaron por desentrañar una España sumida en la corrupción, que no sólo afectaba al Psoe sino que apuntaba al PP, de la mano de empresarios de la construcción como Méndez Pozo, que desde Burgos permitió a Aznar erigirse como líder sin discusión y con dinero para pagar las facturas de la calle Génova, y al frente de un partido en el que ya operaban contables como Rosendo Naseiro y Ángel Sanchís, los predecesores de Luis Bárcenas, que ya entonces veían sus nombres en los periódicos sin que ocurriera nada relevante.

El resultado de esta situación es que pasados unos años, a finales de los años noventa, ningún gran grupo de comunicación mantenía equipos de investigación en sus filas.

El equipo formado por Eduardo Martín de Pozuelo y Jordi Bordas, integrantes del equipo de investigación de La Vanguardia, otra de las entidades integradas en Antena 3 junto a Antonio Asensio y Mario Conde, dejó de funcionar. El equipo integrado por Manuel Cerdán y Antonio Rubio en El Mundo se desintegró poco antes de que la crisis y el corte de la publicidad institucional hicieran mella en las cuentas de resultados del grupo italiano Rizzoli, propietario de Unidad Editorial.

Tal vez el único periodista de investigación que sigue en activo aparentemente en El País es José María Irujo, autor de los reportajes que descubrieron la cara oculta y multimillonaria del ex director de la Guardia Civil, Luis Roldán, en Diario 16. Aunque sólo se dedica al análisis del yihadismo internacional y sus historias sólo aparecen en el periódico muy de tarde en tarde.

Esta desactivación de los equipos de investigación en la prensa española tuvo que ver con la creciente dependencia de los medios de las grandes corporaciones financieras del país, lo que configuró un nuevo escenario para el periodismo del siglo XXI.

3.- Crisis y revolución digital (2000 – 2015)

El periodismo de combate que se desarrolló en el último cuarto del siglo XX fue posible porque la democracia en España aún estaba en construcción y las grandes corporaciones financieras aún no habían diseñado mecanismos suficientes para controlar sus espacios de poder y por tanto el negocio de la comunicación.

A comienzos del siglo XXI, sin embargo, la crisis proporcionó el escenario habitual en el que se iban a mover la profesión y los medios desde entonces. La aparición de las nuevas tecnologías auguraban un nuevo periodo de reconversión de los medios que, sin embargo, no cogió ritmo hasta bien avanzada la primera década del siglo.

Entretanto, todos los grandes grupos sufrieron importantes expedientes de regulación de empleo, que a partir de 2008 supuso un goteo de despidos constante que alcanzó a más de 11.000 periodistas y redujo la facturación publicitaria en un 50 por ciento mientras las ventas de ejemplares descendían otro tanto. Todo ello con El País ya en manos de sus acreedores bancarios (Telefónica, Santander…) y bajo la dirección del fondo de inversiones norteamericano Liberty, y cuando El Mundo ha despedido a su histórico director Pedro Jota Ramírez por los problemas que causaba su gestión a la hora de contratar publicidad institucional por la publicación de informaciones relacionadas con la trama Gurtel.

La crisis económica que ya arrastraban las publicaciones tradicionales se acrecentó con la caída del negocio tradicional y el auge de internet. El problema ya no era mantener los viejos o inexistentes equipos de investigación, sino sobrevivir a base de contratar mano de obra barata en forma de estudiantes en prácticas, con un perfil multimedia que se pudiera adaptar a los nuevos tiempos pero sin haber llevado a cabo la reconversión necesaria.

Poco a poco los medios tuvieron que iniciar su particular proceso de reconversión tecnológica desdoblando sus ediciones en papel y en formato digital y asistiendo a un nuevo fenómeno: el nacimiento de numerosas publicaciones digitales sin las cargas económicas que suponía el mantenimiento de las ediciones tradicionales en papel.

El 11 de marzo de 2004 es la fecha que anotan muchos de los profesionales que han impulsado esta transformación tecnológica como el momento en que se produce un importante cambio de actitud en el público que se mantiene ávido de noticias pero que no encuentra lo que busca en los medios tradicionales.

Tanto Nacho Escolar como Javier Artero, fundadores de eldiario.es y elconfidencial.com, respectivamente, dos de los formatos digitales más exitosos en la actualidad, señalan esa fecha como el momento en que los lectores buscaron respuestas independientes en los medios de papel al uso sin encontrar lo que buscaban. “En 2004 —explica Escolar— estaba trabajando en Tele5 y precisamente con el 11M tuve el primer gran salto de tráfico en mi blog Escolar.net, que tenía solo un año. Con los atentados y las falsas versiones que circulaban, multipliqué por diez el tráfico y después ese tráfico nuevo se quedó. Haciendo un poco de mezcla de reporterismo de calle por Madrid con análisis de fuentes de todo tipo y mezcla de revista de prensa internacional, en un momento en que la prensa de Madrid estaba contando lo que decía el Gobierno, que era falso. Fue el primer salto que me permitió consolidar el blog”.

Por su parte, Artero cuenta que “esa transformación se vive en la medida que ocurre un acontecimiento que requiere un seguimiento inmediato y por ello, el 11M se convirtió en un catalizador para que mucha gente pensara que no podía esperar hasta el día siguiente para saber qué estaba pasando. Yo creo que, coincidiendo con lo que ocurrió en los meses sucesivos, en El Confidencial se produce un cambio sustancial de lo que debería hacer como medio. Siendo heredero de una marca con una serie de connotaciones, El Confidencial decidió convertirse en el menos confidencial de los confidenciales y ofrecer respuestas serias”.

El fenómeno estalla por tanto en 2004, coincidiendo con el nacimiento de Facebook ese mismo año y poco antes de que surjan otros potentes difusores de información viral como Twitter (2006) y Youtube (nace en 2005 y Google lo compra en 2006), redes sociales que contribuirán decisivamente a que las informaciones que ofrecen los nuevos medios empiecen a contar con audiencias cada vez más grandes con la participación directa del público.

Por otra parte, hay que señalar como parte fundamental del cambio el papel que juegan en el nuevo mapa digital de la información los propios ciudadanos armados con un Smartphone y con instrumentos a su alcance como Twitter o Facebook capaces de transmitir información, protestas, valoraciones y datos personales, locales, regionales, políticos, económicos y de cualquier índole, en competencia directa con los grandes medios de información.

La intermediación clásica de los medios empezó a sucumbir con el auge de las redes sociales, que en conflictos como el de Siria, donde el régimen de Bachar El Asad ahogaba la voz de los medios, ha dado paso al llamado periodismo ciudadano difundido a través de Twitter y de las demás nuevas tecnologías que han ido surgiendo a lo largo de estos años.

En España el impacto de la nueva tendencia se refuerza el 13 de marzo de 2004, cuando miles de manifestantes se concentran frente a la sede nacional del Partido Popular durante la jornada de reflexión previa a las elecciones generales, convocados a través de SMS para reclamar al Gobierno la verdad sobre el 11-M:

¿Aznar de rositas? ¿Lo llaman jornada de reflexión y Urdaci trabajando? Hoy 13M, a las 18h. Sede PP, C/ Génova 13. Sin partidos. Silencio por la verdad. ¡Pásalo!

El mensaje y su impacto anticipaban el fenómeno de los 140 caracteres cuando ni siquiera existía Twitter. Pero el cambio iba ha tener un calado mayor. Los nuevos medios ya no basarán su éxito en la oferta de informaciones exclusivas sino en la valoración de la actualidad y en la selección del material que reciben a través de la televisión e internet. Un ejemplo claro es El Huffington Post, que apuesta por destacar lo que pide el público, esto es, un enfoque llamativo de la información, un asunto candente en las redes sociales, etc.

Explota así el fenómeno de los newsreaders que aparecieron en 2003, igual que los agregadores de información de Google News, Flipboard, Circa o el nuevo Facebook Paper, cuyos usuarios podían acceder a diferentes fuentes de información y componer sus propias portadas de acuerdo con sus intereses particulares.

La tecnología impuso cambios importantes en las formas de transmitir y difundir información. La inmediatez se convirtió en el paradigma del nuevo modelo y la acumulación en una de las claves para reorganizar los contenedores de información que hasta entonces funcionaban en forma de periódicos con una jerarquización empaquetada de la información que poco a poco ha ido desapareciendo.

The Huffington Post fue lanzado en 2005 como un colector de comentarios y una alternativa liberal y progresista como alternativa al conservadurismo de esos primitivos agregadores de noticias estadounidenses. Optó por reunir bajo su cabecera los blogs más exitosos del momento, penetrando en un mundo desconocido hasta entonces por la prensa tradicional.

La versión española, participada en un 50 por ciento por Prisa Noticias, desembarcó en España en 2012 siguiendo el mismo modelo, que cada vez se apoya más  en la analítica web y en los hábitos de consumo de los internautas, a través de la información que proporciona el Big Data, y ofreciendo información enriquecida con entornos multimedia y videos.

La revolución digital ha tenido un impacto fundamental en la organización de las redacciones y en la forma en que se presenta la información, con la inmediatez como bandera. El impacto ha sido tal que todos los esfuerzos se han concentrado en la concepción de nuevos modelos de negocio y en la adaptación de los nuevos instrumentos al negocio de la comunicación. Pero en el camino se ha quedado una de las características fundamentales del periodismo: la obtención de información a través de la investigación.

Los periódicos tradicionales que empezaron a desdoblar sus redacciones de papel para atender la demanda digital, observaron cómo tras el 11-M se dispararon sus audiencias en internet y cómo los internautas buscaban versiones alternativas en foros de debate y en medios internacionales. Esos usuarios buscaban puntos de vista y valoraciones alternativas a las del Gobierno.

Aún no existían los smartphones, ni las tabletas, ni Twitter o Whats-App. Tampoco se había generalizado el uso de Facebook ni existía Meneame.net, el agregador de noticias que valora y clasifica la información de diferentes medios de acuerdo con las preferencias de sus lectores. Pero los ciudadanos detectaron que los medios tradicionales atendían a consignas oficiales y que la información tardaba en llegar.

En este proceso de transformación el periodismo de investigación dejó de funcionar, primero porque la evolución de los medios complicó su existencia. Y en segundo lugar, porque se entregó a la guerra de trincheras, desde las que cada grupo empezó a defender sus intereses políticos y corporativos. En palabras del periodista y profesor universitario, Borja Ventura: “Los periódicos dejaron ser cosa de periodistas, y pasaron a ser cosa también de empresarios. Y de políticos, que soñaban con crear entes gigantescos de determinada ideología para luchar contra el ente de enfrente. Así se infló otra de nuestras burbujas, con compras tan catastróficas como Sogecable para PRISA, Recoletos para Unidad Editorial o Qué para Vocento”.

En este contexto el periodismo de investigación dejó de tener sentido porque los pocos que todavía se dedicaban a esa actividad sabían que lo primero que había que investigar era a la propiedad del medio para el que se trabajaba, que ahora eran empresarios enfrascados en negocios cada vez más complejos y dependientes de las concesiones gubernamentales.

La revolución digital enmascaró por otra parte esta fractura. Los cambios tecnológicos se produjeron tan deprisa y la nueva información corría tan rápido que no quedaba tiempo para esos equipos de investigación que necesitaban semanas para tirar de un hilo propio y que además resultaban demasiado caros.

Los cambios tecnológicos impusieron su ritmo y los responsables tanto de los viejos negocios en su empeño de adaptarse a los nuevos tiempos como los nuevos modelos de negocio, centrados en hacer un uso rentables de las nuevas tecnologías, olvidaron la máxima fundamental del periodismo, que es otra que producir información propia e independiente como forma de controlar al poder.

El Observatorio de la Asociación de la Prensa de Madrid para el seguimiento de la crisis ofrece datos escalofriantes sobre este periodo de transición. Sólo en la capital se produjeron 118 cierres, 39 expedientes de regulación de empleo (ERE) y otros 107 procesos de despidos. En su informe “Informe Anual de la Profesión Periodística 2013”,  la APM cifraba en más de 300 los nuevos medios y proyectos informativos lanzados por periodistas entre 2008 y 2014, alcanzando los  376 en marzo de 2014.

Cabe señalar aquí la aparición de cabeceras como los mencionados eldiario.es y elconfidencial.com junto a otras como vozpopuli.com, elconfidencialdigital.es, larepublica.es, alumbradas por periodistas veteranos como Jesús Cacho, Pablo Sebastián o Pepe Oneto, y otras derivadas de la descomposición de medios como Público, El Mundo o El País, cuyos periodistas despedidos pusieron en marcha nuevos medios digitales o híbridos, con versiones mensuales en papel y el desarrollo fundamental de su negocio a través de internet, como Mongolia, Info Libre o La Marea.

La gran novedad del nuevo modelo es que una parte significativa del tráfico de los nuevos medios digitales llegaba ya de las redes sociales, de los buscadores, de los agregadores de información y de las recomendaciones de los usuarios, tal y como explica el fundador de meneame.net, Roberto Galli, quien señala además que sólo dos de los cinco medios más enlazados en internet pertenecen a diarios tradicionales integrados en la AEDE (Asociación de Editores de Diarios Españoles), un dato que pone de manifiesto la magnitud y las características del cambio que se ha operado en el mundo de la comunicación en España.

La consecuencia fundamental que se extrae de todo este proceso en relación con el periodismo de investigación en España es que los cambios que se han producido han sido tan grandes y vertiginosos que por el momento han impedido la aparición de una nueva forma de investigar adaptada a los nuevos tiempos.

Puede afirmarse en este sentido que el periodismo de investigación ha cedido en favor de lo que podríamos denominar una suerte de periodismo de trincheras, vinculado a opciones políticas determinadas, que ha convertido a los periodistas en opinadores profesionales que asisten habitualmente a las tertulias de televisión para exponer sus puntos de vista en defensa de partidos políticos concretos.

Esta circunstancia ha desvirtuado la función propia del periodista, que debería basarse en la obtención de la información que tratan de ocultar los poderes al uso. Lejos de descubrir nuevas informaciones y liderar por tanto el contenido de la agenda informativa con sus aportaciones originales, los nuevos medios y los periodistas pertenecientes a estas nuevas fórmulas digitales, que han conseguido notoriedad a través de las tertulias televisivas, han sucumbido al proceso de banalización de la información que se ha impuesto en los últimos años en España.

Este periodismo de trincheras basa su existencia en el seguimiento de la crónica judicial, sirviendo simplemente como analistas y portavoces de las pesquisas que ahora sí lideran los jueces.

Durante los años descritos arriba los periodistas clásicos de investigación iban por delante de los jueces. Sus informaciones entonces no tenían la repercusión mediática que tienen ahora las intervenciones de los opinadores en las televisiones que ofrecen tertulias políticas con gran éxito de audiencia. Y por ello, en la actualidad puede afirmarse que los periodistas actúan como meros corresponsales judiciales arrastrados por la explosión de casos que los jueces investigan sin pudor tras el estallido del movimiento 15-M (por la concentración de indignados y la acampada espontánea que se produjo en la Puerta del Sol de Madrid el 15 de mayo de 2011) y la aparición de Podemos en el panorama político español.

Los jueces encontraron a partir de esta manifestación de indignación ciudadana que tenían legitimidad suficiente para iniciar o reforzar investigaciones que hasta ahora habían sido sistemáticamente frenadas por el Gobierno del Partido Popular.

Como consecuencia de este movimiento ciudadano, cayó en desgracia una institución indiscutida hasta entonces como la monarquía, que tras el estallido del caso Nóos y los deslices de don Juan Carlos, se vio inmersa en un proceso de desmitificación creciente que ha arrastrado consigo a cientos de políticos envueltos en casos de corrupción.

Este proceso desmitificador sienta sus bases en el trabajo de los periodistas de investigación que denunciaron en su día tramas relacionadas con los contables del PP —Rosendo Naseiro y Angel Sanchís, ahora actualizadas en la figura de Luis Bárcenas— o el clan Pujol, a quien un viejo conocido de la prensa española como Javier de la Rosa ha decidido desenmascarar en combinación con las denuncias de la ex pareja de Jordi Pujol Jr.

Muchos de esos casos que ahora los jueces han decidido investigar son los que difunden con profusión los nuevos medios digitales que además han encontrado en programas de televisión como Al rojo vivo o La sexta noche una importante conexión.

Estos programas han sido inteligentes a la hora de adaptar sus contenidos a los nuevos tiempos. Ejercen también como agregadores de información. No cuentan con información propia. Sirven las crónicas de sus colaboradores, que son representantes de nuevos medios digitales como eldiario.es, vozpopuli.com, okdiario.es, InfoLibre.com o elconfidencial.com, todos ellos destacados en las inmediaciones de los juzgados de Madrid, Valencia, Mallorca o Sevilla, que actúan habitualmente en programas como Al rojo vivo para trasladar a la opinión pública el contenido de los sumarios judiciales, no el resultado de sus propias investigaciones.

Curiosamente, los nuevos medios que no han encontrado una ventana a través de la televisión, como elespañol.es no acaban de arrancar. Por tanto, también es un fenómeno a estudiar la simbiosis que se ha producido entre los nuevos medios, los nuevos partidos políticos, cuyos representantes también actúan como colaboradores habituales de esos programas de televisión, y los programas mencionados.

Paradójicamente, parece que en la actualidad han aumentado exponencialmente los casos de corrupción en España. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, lo que se ha producido es una inversión de los papeles. Por fin, los jueces han decidido continuar con sus investigaciones, afecten a quien afecten, siempre con la seguridad de que la revolución de los indignados ampara sus indagaciones.

El gran cambio que se ha producido en estos años es que la transición digital y el avance de internet han sobrepasado la capacidad de los periodistas para llevar a cabo investigaciones genuinas, todo ello en un contexto de reorganización de los medios que ha afectado decisivamente a su trabajo en beneficio de una suerte de redifusión constante de las informaciones procedentes de los juzgados, que ya de por sí son numerosas y sustanciales, pero que han banalizado los contenidos periodísticos, sucumbiendo al espectáculo de la televisión y al modelo heredado de los formatos típicos de los programas del corazón.

La gran estafa de algunos presentadores de televisión es llamar a eso periodismo de investigación y presentar las crónicas judiciales de sus colaboradores, siempre teñidas de opinión, como muestras inefables de un periodismo heroico que en realidad no es más que la dinamización de un viejo formato televisivo inventado antes por los activos programas del entretenimiento y el corazón.

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