La transición en Radio Televisión Española bajo el influjo de Adolfo Suárez

Periodista, escritor y profesor. Nació en Madrid en 1963. Es Doctor y Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad ejerce como profesor de Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Como investigador, es autor de varios libros y documentales sobre actualidad política, comunicación y cultura.


RESUMEN
La historia de Radio Televisión Española no se entendería sin la figura de Adolfo Suárez, tras su paso por el ente como director general durante cuatro años, entre 1969 y 1973, y por la presidencia del Gobierno a partir de 1976, desde la que influyó decisivamente en su funcionamiento, coincidiendo con los años inmediatamente anteriores y posteriores a la instauración de la democracia en nuestro país, y en un periodo durante el cual constituyó, junto a los hermanos Ansón, uno de los lobbies más singulares del negocio televisivo y del mundo de la comunicación.
ABSTRACT
The history of Radio Spanish Television not entendería without Adolfo Suárez's figure, after his step along the entity like general manager for four years, between 1969 and 1973, and for the presidency of the Government from 1976, from which it influenced decisively his functioning, coinciding with the years immediately previous and later to the restoration of the democracy with our country, and with a period during which he constituted, together with the brothers Ansón, one of the most singular lobbies of the television business and of the world of the communication.

La perspectiva que hemos elegido arrojará algunas claves sobre la utilización política, los abusos y las desviaciones económicas que ha provocado el modelo de televisión que ha funcionado hasta ahora en España y que se consolidó desde mediados de los años sesenta hasta la llegada de los socialistas al poder.

Este periodo se caracterizó por el desbarajuste y el caos en la gestión. Una situación que RTVE ha tenido que arrastrar a lo largo de los años, multiplicando su deuda, tras experimentar un crecimiento desordenado de su nómina de trabajadores y descubrirse los primeros escándalos tras la conmemoración de su veinte aniversario.

La figura de Suárez, más allá de los mimbres que dieron lugar al nacimiento de la Televisión en España, pone de manifiesto como ninguna los vicios en los que ha venido incurriendo TVE durante la democracia, al usar su influencia para lograr sus objetivos políticos y conocer allí a quienes gestionaron su patrimonio personal durante su trayectoria profesional como abogado en ejercicio y al servicio de personajes como Mario Conde.

Suárez pertenecía al organigrama del Movimiento, al que accedió de la mano de Fernando Herrero Tejedor, quien sacó al futuro presidente del Gobierno de la oficina de Beneficencia de Ávila para convertirlo en su secretario tras su nombramiento como gobernador civil de la ciudad amurallada[1]
. Herrero Tejedor fue también gobernador de Logroño antes de convertirse en delegado de Provincias del Movimiento, que era uno de los cargos más codiciados de la Secretaría General del Movimiento. Este puesto tenía como función controlar y orientar el trabajo de los gobernadores civiles de toda España. Herrero Tejedor accedió al cargo el 13 de abril de 1957. Tan sólo unos meses después Suárez le acompañó en sus tareas como secretario.

En 1958 Suárez contaba 26 años. Había nacido en el mes de septiembre de 1932 y desde muy joven ya manifestó una clara vocación política. Su primera preocupación fue consolidarse en la Administración y para conseguirlo pensó en presentarse a alguna de las oposiciones que por entonces se convocaban para nutrir los cuadros medios de los ministerios. El problema era que Suárez nunca había sido un gran estudiante. Uno de sus lastres históricos fueron los idiomas. De hecho,  sentía pánico a la hora de enfrentarse a cualquier prueba que entrañara el conocimiento de un idioma distinto del español. Por ello, decidió esperar su oportunidad lejos de los exámenes. Desde su puesto como secretario de Herrero Tejedor analizó la estructura política española hasta que se dio cuenta de que el centro del poder del Régimen se encontraba en la Presidencia del Gobierno, donde Laureano López Rodó desplegaba todas sus habilidades a la sombra del entonces todopoderoso ministro de la Presidencia, Luis Carrero Blanco. A Suárez sólo le faltaba entonces un último empujón para meter la cabeza en ese círculo de privilegiados administradores.

El joven secretario se comportaba ya  de un modo servicial y discreto, hasta que Herrero Tejedor, su gran benefactor, le tendió el puente que necesitaba al introducirlo en la sede de Presidencia de Gobierno a través de uno de sus mejores contactos allí. Herrero era supernumerario del Opus Dei. Laureano López Rodó era numerario. Sorprendentemente, no se entendían bien en materia política. En cambio, Herrero era amigo de otro alto cargo y miembro del Opus Dei, José María Sampelayo, quien, como don Laureano, tenía acceso directo a Carrero Blanco.

La ayuda de Sampelayo fue inestimable para Suárez, puesto que poco después se vio sentado en un despacho de Presidencia bajo el mando de Rafael Ansón Oliart, figura clave en la vida de Suárez para comprender su papel en el mundo de la televisión primero y sus relaciones personales y financieras durante los años posteriores de la transición democrática.

Rafael Ansón era por entonces jefe de Relaciones Públicas de Presidencia. Suárez empezó a trabajar para él a partir de 1962, compaginando su actividad allí con la secretaría de Herrero Tejedor, a la que seguía acudiendo por las mañanas. En este periodo Suárez estrechó su vinculación al Opus Dei, una organización religiosa a la que era difícil sustraerse, debido a la presión que ejercía el clan de Laureano López Rodó y José María Sampelayo en el seno de la Administración.

Suárez siguió fervientemente el camino de monseñor Escrivá de Balaguer. Y nótese que decimos Camino, pues quienes aspiraban a posicionarse en la cúpula de la Secretaría General del Movimiento con esperanzas de no ser inmolado hacían bien en demostrar que conocían y citaban el libro del fundador del Opus Dei.

El joven abogado empleó los años siguientes en colaborar con Ansón y Sampelayo en la organización de talleres obreros, y en la preparación de las oposiciones al Instituto Social de la Marina, las únicas que ganó en su vida, con la ayuda inestimable del director del Instituto, Vicente Rodríguez Casado. Éste era conocido por su estrecha vinculación al Opus Dei y por ser el responsable casi ubicuo de cuantas oposiciones organizaba el Movimiento para captar técnicos brillantes y afines a la causa desde el punto de vista ideológico y religioso.

Corría el mes de junio de 1963, y Suárez ya acumulaba cuatro empleos distintos con remuneraciones igualmente distintas. Por las mañanas, continuaba acudiendo a su puesto como jefe del Gabinete Técnico del vicesecretario Fernando Herrero Tejedor, de donde se escapaba de vez en cuando para dejarse ver por el Instituto Social de la Marina, donde a partir de 1964 fue destinado en el Departamento de Información y Publicaciones. Todo ello lo compaginaba con la jefatura del Servicio Jurídico del Frente de Juventudes que le proporcionó el jefe de la Juventud, Eugenio Casimiro López y López. Por las tardes se ocupaba de su trabajo como adjunto de Relaciones Públicas en Presidencia de Gobierno.

Este fue el contexto en el que Suárez comenzó su acercamiento paulatino al mundo de la información y en concreto al de Radio Televisión Española. En 1964 otra ayuda conjunta de amistades propició su salto a RTVE. Los amigos que se pusieron de acuerdo entonces para dar otro empujón a la meteórica carrera de Suárez fueron dos murcianos ­­–Mariano Nicolás y Jaime Pascual– y un hombre también cercano a esa tierra, Jesús Sancho Rof, cuyo padre ejerció de catedrático en Murcia[2].

Mariano Nicolás era vecino de Adolfo. Los dos vivían en el mismo edificio de la calle Comandante Fortea de Madrid. Nicolás había sido también amigo y estrecho colaborador de Jesús Aparicio Bernal durante su etapa como jefe nacional del SEU. Aparicio Bernal fue nombrado director general de Televisión en 1964 y esta  circunstancia permitió a Nicolás recomendar a su amigo Adolfo para el cargo de  secretario de las Comisiones Asesoras de RTVE[3]. Suárez accedió al puesto el 19 de noviembre en sustitución de Juan José Rosón, que fue nombrado secretario general de Televisión.

Las Comisiones Asesoras eran un organismo consultivo de la Jefatura de Televisión en el que estaban integrados los gurús político culturales de la época. Sus obligaciones se limitaban a acudir una vez a la semana a discutir sobre la programación de la televisión. Había seis comisiones asesoras. De sus discusiones se tomaba nota y por ello hacía falta un secretario. El trabajo de Suárez consistía en convocar las reuniones y en levantar acta de las mismas, labor que compaginó con sus otras ocupaciones.

Su llegada a Televisión marcó un antes y un después en el desarrollo de la casa, no tanto por su labor personal cuanto por el momento que se produjo. La historia de RTVE había cubierto ya un par de etapas importantes y se disponía a protagonizar un periodo de apertura aparente de la mano de Manuel Fraga como ministro de Información y Turismo. Televisión Española nació el 28 de octubre de 1956, coincidiendo con el aniversario de la fundación de Falange y la fiesta de Cristo Rey y funcionó de forma absolutamente centralista hasta 1959, año en que se abrieron los estudios de Miramar en Barcelona.

Entre 1962 y 1964 arrancó la llamada “época Fraga”, cuya primera fase culminó con el nombramiento de Jesús Aparicio Bernal como director general de Televisión y la inauguración de los estudios de Prado del Rey[4].  Suárez fue de los primeros en pisar aquellas instalaciones aisladas en medio del campo y fuera del cinturón de la ciudad[5]. Su sueldo ascendía a 21.000 pesetas y su nombre pertenecía ya al elenco de quienes iban a gobernar el ente en los próximos años.

La etapa que comienza en 1964, con Aparicio Bernal, procedente de los sectores más liberales del SEU, emplea un ramillete de personalidades para consolidar la trayectoria de TVE bajo la atenta vigilancia de Manuel Fraga, uno de los pocos personajes que era consciente ya entonces de la extraordinaria capacidad persuasiva de la televisión.

Tres de los cuatro directores generales que dentro del franquismo sucedieron a Bernal (Adolfo Suárez, Juan José Rosón y Jesús Sancho Rof) desempeñaron cargos directivos de responsabilidad a lo largo de esta fase.

El propio Suárez sustituyó en los primeros meses de 1965 a José Luis Colinas y Enrique de las Casas en la jefatura de programas que ambos compartían. En este periodo Adolfo sufrió ciertas tensiones con Juan José Rosón, el hombre de Fraga en Televisión. Suárez pertenecía al equipo de Laureano López Rodó, inmerso en el mundo del Opus, y a pesar de que trató de acercarse a Rosón, éste tomó siempre sus precauciones ante las maniobras de Suárez. Curiosamente, los dos nacieron el 25 de septiembre de 1932. Suárez incluso trasladó su residencia a la misma calle –Rodríguez Sampedro— en la que vivía Rosón, para estrechar lazos personales. Esta fue una táctica que Suárez empleó a lo largo de toda su vida para entrar en los ambientes políticos que le interesaban. Sin embargo, esta vez la cosa no cuajó y Rosón se resistió a sus encantos. Los dos años que pasó Suárez en la Jefatura de Programas no entrañaron demasiados problemas políticos para él, aunque le pitaban los oídos cada vez que cometía algún “error”[6].

En 1967 pasó dirigir la Primera Cadena, cargo que aprovechó para hacer campaña en favor de Avila, que a la postre era la ciudad por la que aspiraba a ser elegido como procurador durante las elecciones de ese mismo año.

El Diario de Avila del 26 de julio da idea del comportamiento de Suárez al frente de la Primera. Bajo el título “Prado del Rey en Avila”, el texto decía: “Bien puede afirmarse que Prado del Rey ha venido a constituirse en algo integral y consustancial con Avila. Nuestra bonita ciudad ha pasado a convertirse en una especie de plató de Prado del Rey… Avila, estos días, ha sido noticia en Televisión. Y lo ha sido de forma reiterada, sin concesiones. No existe la menor hipérbole si afirmamos que Televisión Española se ha volcado sobre nuestra capital”.

Televisión Española cubrió fiestas y eventos de toda naturaleza. Avila estaba hasta en la sopa. Pero Suárez perdió, a pesar de contar con los servicios de Rafael Ansón, experto en elecciones y otras artes culinarias. Sólo el apoyo incondicional del Movimiento, los Sindicatos y las Hermandades del Campo convirtieron su derrota en victoria, trastornando la realidad electoral. Radio Nacional anunció la victoria del joven Suárez el 10 de octubre de 1967, dejando a sus competidores –Antonio Sánchez González y José Antonio Vaca de Osma– sin posibilidad de recurso[7]. Sin embargo, su paso por las Cortes apenas dejó rastro.

Su punto de mira estaba puesto en el gobierno de una provincia, lo que le obligó a maniobrar de nuevo para acercarse al ministro de la Gobernación Camilo Alonso Vega. Para ello entró en contacto con la sociedad Bernal Pareja, constructora de la urbanización Dehesa de Campoamor, en Alicante, donde veraneaba Alonso Vega. Suárez hizo amistad con José María Soler, encargado de las relaciones públicas de esa empresa, quien le proporcionó el apartamento contiguo al que ocupaba Alonso Vega durante sus vacaciones. Después de tres años de asedio, Adolfo logró su objetivo al ser nombrado gobernador de Segovia en 1969.

Lo curioso de esta historia es el hecho de que Suárez acabó recomendando a Soler para su ingreso en Televisión como jefe de Contratación de Programas en 1971, cargo que dejó en 1974 a petición propia y con Rosón en la dirección general de RTVE, tras llevarse Soler de viaje al Festival de Montecarlo a seis miembros de la familia Suárez y descubrirse irregularidades en determinadas cuentas dedicadas a realizar ingresos personales.

Suárez fue uno de los primeros españoles que comenzó su carrera política a la luz del franquismo y de RTVE. Sus mentores vieron cómo se convertía en gobernador de Segovia para alzarse inmediatamente después hasta la Dirección General de RTVE. Eso ocurrió el 22 de julio de 1969, cuando se constituyó el decimocuarto gobierno de Franco, y poco después, el 6 de noviembre, empezaron a tomar posesión los nuevos altos cargos del Ministerio de Información y Turismo. Entre ellos estaba Adolfo Suárez González, como director general de RTVE. El ministro de turno, Alfredo Sánchez Bella, calificó a su nuevo equipo de “evolución dentro de la continuidad” y de “fidelidad al pasado, al presente y al futuro”, no se sabe si como elogio que los interesados pudieran agradecer o como losa que todos ellos deberían llevar consigo durante el ejercicio de sus cargos. En cualquier caso, no cabían dudas acerca del talante de los nuevos altos cargos que empezaron a pulular por Prado del Rey.

La estructura financiera que adoptó entonces el ente se basó en los importantes  ingresos publicitarios que obtenía la casa. Esto constituyó un recurso atípico en el marco de un servicio público en régimen de monopolio como el que disfrutaba TVE. Por entonces, en otros países europeos imperaba un modelo distinto, basado en el pago de un canon por tenencia de aparatos y en la prohibición de la publicidad o en la obtención de una pequeñísima cantidad por publicidad.

En España, en cambio, se suprime el llamado “impuesto de lujo” por tenencia de aparatos[8] y se crean las redes nacionales de teleclubes. Estas dos medidas contribuyen a fomentar el uso de la televisión aparentemente sin coste por parte de los ciudadanos en unos tiempos en que parecía oportuno contentar a los ciudadanos por medios como el fútbol y otros espectáculos masivos.

Los analistas destacan la supresión del impuesto como una decisión especialmente trascendental, en la medida en que consagra en España un modelo de televisión pública dependiente por completo de los ingresos publicitarios[9].

Desde su nacimiento en 1956, por tanto, la televisión pública española se separó del modelo de financiación generalizado entre las restantes televisiones europeas que, con excepción de la BBC británica, aparecieron entre 1949 y 1960. En todas ellas la financiación se basaba en el establecimiento de tasas a pagar por los usuarios, complementada en algunos casos con ingresos derivados de la emisión de publicidad (Francia, Holanda, Italia y Alemania). El modelo español se diferenció desde el principio al depender su financiación de la publicidad, complementada con subvenciones con cargo a los Presupuestos Generales del Estado.

De esta forma, ya en el año 1958 se obtuvieron en concepto de publicidad 4,5 millones de pesetas. Faltaba un tiempo aún para que el negocio publicitario estallara en toda su dimensión. A partir de 1964, con la llegada de Manuel Fraga al Ministerio de Información y Turismo, se replanteó la estructura publicitaria de TVE. Pedro Macía apunta que “se prohibieron los espacios patrocinados, recabando para sí la emisora la titularidad de todos los gastos por emisiones y estableciendo bloques publicitarios fijos distribuidos a lo largo de la programación general y con una duración determinada”[10].

En aquella época TVE utilizaba una fórmula singular, sacando a subasta los diferentes bloques de programación hasta completar el presupuesto que previamente sus responsables habían calculado. De esta manera, en 1964, TVE recaudó ya 900 millones de pesetas por publicidad.

El modelo se consolidó y funcionó mientras se ejecutó en régimen de monopolio. A su llegada, Suárez confió la gestión económica de Televisión a un personaje que se iba a convertir en alguien fundamental tanto para las finanzas de TVE como para las cuentas profesionales y personales del propio Suárez.

Se trata de José Luis Graullera Micó, el mismo hombre que acompañaría a Suárez después de abandonar la Presidencia del Gobierno para recalar en su bufete primero y convertirse, después, en administrador de sus compras inmobiliarias[11].

Suárez lo había conocido dos años antes de dejar la Dirección General de RTVE, donde Graullera trabajaba como interventor económico, designado por el entonces interventor general del Ministerio de Información y Turismo, Joaquín Velasco. Graullera fue quien llevó el peso económico de la gestión de Suárez al frente de la Televisión. Era su hombre de confianza para todo. En lo profesional y en lo personal, hasta el punto de preocuparse directamente de la situación económica de Suárez.

El padre de Graullera era propietario de la empresa Confecciones Valencia, que se había hecho de oro fabricando ropa para el Ejército y las Fuerzas de Orden Público españoles, para los ejércitos de Marruecos y del Irán del Sha.

El periodista y escritor Gregorio Morán, experto conocedor de este periodo de la vida de Suárez, puso de manifiesto el carácter sospechoso de Graullera en su libro Adolfo Suárez, historia de una ambición[12]. Morán relató su paso por la intervención económica de RTVE para dar cuenta de uno de los episodios más oscuros de RTVE bajo la dirección de Suárez. Un contrato como “productor nacional”, firmado con José María Maldonado Nausía, ponía a este hombre en condiciones de ganar todos los contratos que quisiera con Televisión. Maldonado, a través de su empresa Nortrom, fue quien se encargó de fabricar en 1972 prácticamente todos los componentes de la red de UHF, frecuencias moduladas y ondas medias que necesitaba el Estado para dotar sus instalaciones de los correspondientes emisores, repetidores, antenas, registros y mesas de mezcla. Nortrom, situada en la carretera de El Plantío a Majadahonda, a quince kilómetros de Madrid, carecía de capacidad suficiente para llevar a cabo el encargo con garantías, a pesar de lo cual llegó a facturar al menos cuatrocientos millones de pesetas de la época.

Graullera se convirtió en el “hombre de los secretos” de Suárez, según expresión de Morán que hoy corroboramos, al observar las inversiones que ha gestionado para el ex  presidente hasta hoy. Puede decirse que fue uno de sus ángeles guardianes en Moncloa y que, tras la caída política de Suárez, continuó prestándole sus servicios de una forma discreta y eficaz.

Durante el mandato de Suárez en TVE, su suerte, no obstante, estaba ligada al Opus Dei, que le permitió multiplicar sus contactos políticos y personales. Laureano López Rodó y su entorno religioso seguían con devoción sus pasos desde la poderosa Secretaría General del Movimiento. Su carrera continuó en ascenso al ser nombrado vocal de libre designación de la Comisión Interministerial de Planes Provinciales, donde se empezó a codear con personajes como Emilio Sánchez Pintado, uno de los hombres fuertes del entramado del Opus Dei en la Administración, que en los años noventa aparecería al frente de uno de los despachos más activos de los últimos años en el ámbito de las telecomunicaciones[13].

Sin embargo, Suárez se encontró con un problema cuya resolución acabó, paradójicamente, situándole a las puertas de la Presidencia del Gobierno. Ese problema se llamaba Alfredo Sánchez Bella, el hombre que lo había nombrado director general de RTVE, pero con el que mantenía un pulso basado en las ambiciones políticas de ambos.

Suárez tendía a saltar por encima de Sánchez Bella a la hora de relacionarse tanto con el ministro de la Presidencia, Carrero Blanco, como con el recién nombrado sucesor de Franco, el entonces Príncipe Juan Carlos. Con ellos mantenía una excelente relación, al margen de Sánchez Bella, que prefirió cultivar sus contactos en El Pardo.

Con todo, esto no fue un obstáculo para que Suárez estableciera una estrecha amistad con una de las personas pertenecientes al equipo de Sánchez Bella en el Ministerio que se tradujo en una buena fuente de ingresos para el futuro presidente del Gobierno.

Durante su estancia como director general de RTVE, Suárez conoció a Víctor María Tarruella de Lacour, un abogado catalán casado con una hija de Lucas María Oriol, conocido por el sobrenombre de Totor, que llegó al Ministerio de Información y Turismo en tiempos de Sánchez Bella.

Suárez y Tarruella aparecieron vinculados entre sí por primera vez a través de una productora cinematográfica cuando Suárez aún era director general de RTVE. La empresa facturaba del orden de veinte millones de pesetas anuales de la época. El futuro presidente del Gobierno andaba por entonces preocupado por acumular una buena cantidad de dinero, ante lo que pudiera depararle el futuro. Esta preocupación provocó que Alberto Monreal Luque, ministro de Hacienda entonces y futuro hombre de negocios vinculado a distintos grupos financieros españoles, le prometiera un puesto en el consejo de administración de alguna de las empresas petroleras del Estado que luego no se concretó.

La colaboración financiera más fructífera entre Suárez y Tarruella comenzó en la primavera de 1973, poco antes del cese de Suárez como director general de RTVE, en el verano de ese mismo año[14].

A su llegada a TVE, Suárez encontró un escollo en la figura de Juan José Rosón, que aún ejercía como secretario general de RTVE, aunque éste abandonó pronto la pelea al trasladarse en mayo de 1970 al Sindicato Nacional del Espectáculo.

Para Suárez, la figura del entonces príncipe Juan Carlos, una vez nombrado sucesor de Franco, estaba entre sus prioridades. Además de facilitar la aparición en pantalla de ministros y altos cargos del Régimen, su gestión se caracterizó por dotar al Príncipe de un tratamiento propio de un rey en ejercicio.

Los hermanos Ansón

Otro grupo de amigos que vio con agrado el ascenso de Suárez a la Dirección General de RTVE fue el de los hermanos Ansón, que empezaron a actuar en el ente de forma combinada.

El más desconocido del clan era Francisco Ansón, hermano de Luis María y Rafael. Su trayectoria resulta relevante por su adscripción entusiasta al Opus Dei y por el papel que jugó en las cercanías de Suárez durante sus cuatro años como director general de RTVE. Hizo el bachillerato en el colegio de El Pilar, donde recaló una buena parte del entramado político y financiero de España. Pasó tres meses en la Universidad de Lovaina e ingresó en el Opus Dei[15].

Su entusiasmo religioso rayaba la pasión, y en estas condiciones comenzó a trabajar en RTVE. Corría el año 1969 y aún estaba al frente de la institución Jesús Aparicio Bernal. Ansón ingresó en el ente como psicólogo del departamento de gerencia de publicidad. Su proximidad al Opus le hizo la vida imposible. Incluso estuvo a punto de ser despedido cuando Aparicio Bernal se enteró de que dirigía un despacho situado en la calle Alberto Aguilera de Madrid dedicado a controlar la información que produjo el estallido del caso Matesa, el escándalo que afectó de lleno a los tecnócratas vinculados más o menos estrechamente al Opus Dei.

Ansón pasó una temporada sin brillo, que compaginó con su condición de profesor en Alcalá de Henares, hasta que Adolfo Suárez se hizo cargo del ente ese mismo año de 1969, sustituyendo a Aparicio Bernal, y le rescató para dirigir un nuevo Departamento de Estudios e Investigación de Audiencia. Este importante cambio coincidió con el periodo que pasó Suárez profundamente entregado a sus convicciones religiosas, ya que por entonces iba a misa diariamente, después de trabajar rodeado de simpatizantes de la Obra. Ansón debía dedicarse a analizar las audiencias que cosechaban los distintos programas, pero no se limitó a eso, sino que actuó como asesor oficioso de Suárez a caballo entre sus creencias coincidentes y los intereses políticos y familiares de Ansón.

Francisco Ansón fue relegado de su cargo como director del Departamento de Estudios e Investigación de Audiencia en 1970, a petición de sus propios compañeros por adulterar los estudios para agradar a su amigo Adolfo. De todos modos, Francisco Ansón desarrolló su faceta como consejero hasta el extremo de permitirse recomendar a su hermano Rafael para que estuviera presente en algunos programas de TVE. Entonces convenía dar salida a los jóvenes pero brillantes políticos que empezaban a despuntar en la sociedad del momento junto al propio Adolfo Suárez.

La siguiente carta que dirige Francisco Ansón a Suárez el 10 de octubre de 1970 da idea de la promiscuidad a la que llegaron sus relaciones profesionales y el ambiente en el que funcionaba la televisión de entonces:

Los temas que quería tratar contigo son los siguientes:

1º Estuve hablando con Emilio Sánchez Pintado, que me advirtió del programa de corte político del que te había hablado López Rodó para la Televisión, así como otros temas, entre ellos el de la subida de los precios, de los que él mismo te hablará sobre lo que he pensado al respecto, por si te puede servir, dado que a él le pareció bien.

2º Asimismo, el indicarte que cada vez me parece más conveniente que en la programación aparezca el tema Debate o Contraste de pareceres, porque si bien te agradezco que te ocupes de mi hermano Rafa en el sentido de que no se desgaste, lo cierto es que apareciendo una vez a la semana durante dos meses y pico en Televisión en un programa como el de Debate no creo que se desgaste lo más mínimo y en cambio sí puede realizar una labor muy interesante. Me refiero a que, aparte de la promoción e integración de hombres del sector privado en la vida pública , está la promoción de los políticos de tu generación a través de este programa, aunque sólo sea con vista a las próximas elecciones de procuradores.

3º En este sentido, Emilio estaría dispuesto y me imagino que otros también, a dedicar, por ejemplo, media hora a la semana y familiarizarse con la Televisión para conseguir una imagen en la pantalla de madurez emocional y madurez intelectual y política, que es lo que aparecería en el programa Debate y que de alguna manera contribuiría a favorecer uno de los objetivos que has marcado para TVE: la posibilidad de una estabilidad dentro de una continuidad evolutiva garantizada frente al país por una serie de políticos jóvenes, pero maduros, que puedan recoger el relevo en un clima de confianza y seguridad para los españoles.

4º Pedirte también, que pienses, si es posible nombrar a Joaquin de Entrambasaguas como un nuevo director adjunto de Televisión o cargo similar. Quizás esta petición tan expeditiva te sorprenda, pero realmente creo que le hace mucha falta a Televisión un hombre tan organizado y conocedor de los supuestos administrativos, económicos y de personal como Joaquin., quien por otro lado, ya está ilusionado con ir a Televisión con este nuevo equipo, por lo que me imagino que ante un ofrecimiento de un puesto tan elevado puede garantizarse su incorporación a TVE[16].

5º Respecto del concurso En equipo, que estoy siguiendo muy de cerca, me parecería conveniente que se produjera en Prado del Rey, entre otras razones porque todas las personas que lo van a llevar directa o indirectamente se encuentran localizadas en Madrid.

6º El próximo martes empezarás a recibir ya las fichas que verifican objetivamente los contenidos de los programas de la Primera Cadena. La ficha y su resumen se entienden perfectamente y únicamente el indicarte que las únicas abreviaturas que existen responden a las expresiones Muy de Acuerdo (M.A.), De Acuerdo (D.A.), Ni de Acuerdo Ni en Desacuerdo (Ni A ni D.), Desacuerdo (D.), Muy en Desacuerdo (M. D.) de la escala de Likert, que nos permitirá proporcionarte un baremo cuantitativo del cumplimiento de los objetivos y de otros extremos también interesantes, por parte de TVE.

7º El indicarte que el día 14 tengo la oportunidad de seguir otro curso de formación, igual al que ya te hablé y al que no pude ir por razones de trabajo frente a esta nueva programación que empieza el día 12. En este sentido si te parece y si puedo arreglar mi trabajo aquí en el despacho, me iría a realizarlo hasta el día 20 por la mañana en que me incorporaría de nuevo al trabajo.

8º Finalmente, ¿te gustó el diseño de programa que le dimos a Miguel Martín sobre el espacio Leyes fundamentales? ¿Te parecen adecuadas las orientaciones dadas a los spots de compensación de contenidos y a la campaña de orientación cívica?[17].

Ansón aconsejaba a Suárez sobre los más diversos asuntos, pero el de su hermano destacó especialmente por el control de la situación que empezó a ejercer la trama familiar. Lo cierto es que Rafael tampoco necesitaba que le ayudasen demasiado, puesto que él mismo se había encargado de la imagen de Suárez desde la elección a procuradores en Cortes de la IX Legislatura. Junto a su hermano Francisco, Rafael encabezaba ese grupo que se dedicó durante años a asesorar en relaciones públicas y marketing político a los distintos candidatos que se perfilaban de cara a una probable Transición.

Rafael empleaba los contactos que le proporcionaba su pertenencia a uno de los despachos de influencias que más se han beneficiado del poder de la televisión. Era conocido por el nombre de Ageurop Ibérica, S.A., una sociedad dedicada a las relaciones públicas y la promoción de imagen que integraba el clan de los directores generales de RTVE que ya habían pasado por el Ente o lo iban a hacer en el futuro.

La empresa comenzó a funcionar en 1973. Su fundador y presidente fue el propio Jesús Aparicio Bernal Sánchez, director general de RTVE entre 1964 y 1969. Le acompañaron en la aventura Juan José Rosón Pérez, que sería director general de enero a noviembre de 1974; Jesús Sancho Rof, que le sucedió en el cargo apenas durante dos meses, entre noviembre de 1974 y enero de 1975; y el propio Rafael Ansón Oliart, que sería director general de RTVE entre 1976 y 1977. A todos ellos había que añadir el nombre de Salvador Pons, otro experto conocedor del medio televisivo que llegó a ser director de la primera cadena. De modo que el equipo que empezó a funcionar en TVE tras el nombramiento de Aparicio Bernal prolongó sus actividades y su influencia más allá de sus labores en TVE.

Se trataba de un grupo más o menos homogéneo, bien anclado en los pilares del régimen franquista, que se dio cuenta de las posibilidades que les brindaba la televisión si la utilizaban como escaparate para sus clientes. Para ellos era fácil gestionar la aparición de marcas en determinados espacios o incluir algún personaje en cuantos programas funcionaban bajo su control o el de personas vinculadas a su mundo empresarial. De hecho, Ageurop se convirtió en el germen de un prolífico negocio que se multiplicó a través de diversas agencias de comunicación y relaciones públicas en las que hicieron sus primeras armas nombres conocidos de la televisión, el periodismo y la publicidad de entonces.

Entre los colaboradores que se fueron sucediendo en Ageurop destacaban periodistas como el director de la revista Época, ya fallecido, Jaime Campmany, y jóvenes expertos en relaciones públicas y negocios afines como Rafael Lozano o César Vacchiano. Allí aprendieron todo lo que pudieron de sus maestros para desarrollar sus habilidades en distintas aventuras paralelas a las de los Ansón, y en colaboración con otro de los profesionales de este tipo de despachos: el asesor político e intermediario en mil negocios, Fernando Muniesa[18].

A pesar de los diversos caminos emprendidos posteriormente por estos personajes, hay que decir que todos bebieron de la misma fuente durante el franquismo, y que todos incorporaron parecidos usos y costumbres a las empresas que fundaron después. Ganaron mucho dinero junto a algunos de los prohombres del negocio de la imagen y la intermediación política de España[19].

En este contexto, el caso de Adolfo Suárez no iba a ser menos, siempre entendido en el ámbito estricto de su carrera política. Aunque evidentemente habría que tener en cuenta multitud de vicisitudes para explicar por qué llegó a la presidencia del Gobierno el 8 de julio de 1976, lo cierto es que hay que dedicar unas líneas al clan de los Ansón. Enseñaron tanto a otros profesionales, que sólo partiendo de este hecho se pueden entender algunas de las claves que les llevaron hasta tan altas metas. A partir de esta situación, también es posible comprender algunos detalles sobre el estilo y las razones que han mantenido a los Ansón en candelero hasta nuestros días, a caballo entre el tráfico de influencias y el mundo de la comunicación.

Suárez dejó la Dirección General de RTVE en junio de 1973 y en su lugar fue nombrado Rafael Orbe Cano, que sucumbió durante la crisis que sucedió al atentado de Carrero Blanco.

Con Arias Navarro en el Gobierno y Pío Cabanillas en el Ministerio de Información y Turismo, Juan José Rosón accedió a la Dirección General de RTVE. La intención del nuevo Gobierno fue la de ofrecer un cambio en el marco de una ficticia “apertura” política, social y hasta moral que derivó en una frustrada operación de maquillaje que a la postre duró sólo unos meses.

En este periodo actuó Juan Luis Cebrián como jefe de informativos. El futuro director de El País ejercía entonces como hombre de control de los grupos más izquierdistas de RTVE, cercano como estaba a la formación de un posible gobierno de continuidad franquista.

Pedro Muñoz, autor de RTVE: la sombra del escándalo[20], lo describe así: “Por aquellos días las intimidades de Juan Luis Cebrián estaban totalmente con el Gobierno  que se estaba formando en la incertidumbre del franquismo tardío: un gobierno franquista-reformista cuyos diseñadores no tenían en cuenta el desenlace futurista de un Suárez designado por el nuevo Rey, y con guión y promoción, desde la sombra, de Torcuato Fernández Miranda. Para Cebrián, pasaban por rojos profesionales de TVE nombres como José Luis R. Puértolas, Francisco y Jorge Robó, José Luis Balbín… y un largo etcétera”.

El enfrentamiento entre Suárez y Rosón se agudizó, al descubrir este último que el futuro presidente del Gobierno seguía cobrando de Televisión sin trabajar.

El nombramiento de Sancho Rof, durante el que sería último año de la televisión franquista, provocó un significativo movimiento de involución, regresando a los orígenes políticos de la casa ante las ejecuciones de los militantes de ETA y FRAP o en la manifestación del 1 de octubre de 1975, cuando el dictador disfrutó de su último baño de masas.

Hasta entonces, TVE había funcionado en la alegalidad, sin un marco jurídico estable que estableciese unas normas precisas de inversiones y contratación profesionales. El escenario de la transición política se impuso también en esos meses de zozobra en los que Suárez sucedió a Arias Navarro al frente de la Presidencia del Gobierno, sin que se produjesen cambios estructurales en el funcionamiento del ente.

La indeterminación del marco jurídico de TVE se mantendría en la transición hasta 1980, cuando los partidos políticos hegemónicos (UCD y PSOE) consensuaron la aprobación de un Estatuto de RTVE que a pesar de sus evidentes limitaciones y defectos hoy sigue vigente sin tener en cuenta los enormes cambios que se han producido en el paisaje audiovisual español e internacional.

En este tiempo hay que resaltar el trabajo que realizaron los hermanos Ansón para lanzar la figura de Suárez al estrellato. Luis María era el encargado de conectar a Suárez con la sociedad más relevante de la época, mediante una serie de cenas que reunían a lo más granado de la derecha española en combinación con las fuerzas vivas del país que sirvieron para presentar a Suárez en sociedad.

El propio Luis María organizaba las cenas, y a ellas acudían tecnócratas vinculados de una forma u otra al Opus Dei: Meilán Gil, Álvarez Rendueles y Rafael Orbe Cano; miembros de la democracia cristiana: Eduardo Carriles y Fernando Bau; monárquicos: Álvaro Domecq y José Joaquín Puig de la Bellacasa; y elementos integrantes del Movimiento: José Miguel Ortí Bordás y Eduardo Navarro.

Las reuniones se celebraban en distintos domicilios, como el de Manuel Prado y Colón de Carvajal, y en las que se insinuaba el nombre de Adolfo Suárez como el más adecuado para alcanzar la presidencia en sustitución de Arias Navarro. De vez en cuando acudían invitados de excepción, como el entonces ministro de la Presidencia, Alfonso Osorio, a quien se le podía plantear la conveniencia de que dejara un mayor protagonismo a Suárez en sesiones como la que le llevó a las Cortes para leer su discurso sobre Asociación Política.

Estos eran los momentos en que aparecía Rafael Ansón, quien se encargaba de todo lo relacionado con la imagen y las apariciones públicas de Suárez antes de ser nombrado presidente del Gobierno. Fue Rafael quien dio los últimos toques a ese discurso sobre asociación política que Suárez pronunció el 9 de junio de 1976 en el Pleno de las Cortes. En su redacción habían intervenido antes Manuel Ortíz y Fernando Ónega, otros dos hombres de confianza de Suárez. Lo había retocado Eduardo Navarro, que más tarde se convirtió en socio del bufete de Suárez. Los últimos toques los dio Ansón, a quien se deben frases como ésta:

“Pensar, a la altura de 1976, que la eficacia transformadora del Sistema no ha sido capaz de fundar sólidas bases para acceder a las libertades públicas, es, señorías, tanto como menospreciar la gigantesca obra de ese español irrepetible al que siempre deberemos homenajes de gratitud y que se llamaba Francisco Franco”[21].

El equipo funcionaba a la perfección. Luis María actuaba como anfitrión en esas cenas preparatorias de lo que iba a ser la figura de Suárez durante la transición. Las reuniones se prolongaron hasta los albores de UCD. Eran quincenales, y como la mayor parte de sus asistentes eran personajes colocados en distintas escalas de la Administración, el resultado de sus tertulias constituía un verdadero termómetro del ambiente que se respiraba en el Estado sobre la sucesión de Arias Navarro al frente del Gobierno.

Luis María Ansón también contribuía a ensalzar la figura de Suárez desde sus diversas atalayas periodísticas. Como director de la revista Blanco y Negro, el dominical de ABC, destacó a Suárez como político del mes y hombre clave de la transición el 2 de julio de 1975. Como director de Gaceta Ilustrada, una publicación de fin de semana de la época, el 15 de mayo de 1976 publicó un editorial sobre Suárez en el que destacaba el hecho de que con su actuación no «está liquidando la Secretaría General (del Movimiento), sino adaptando con inteligencia y paciencia toda aquella compleja estructura a las necesidades de un tiempo nuevo»[22].

El trabajo del clan dio sus frutos y ese mismo año de 1976, Suárez se convirtió en presidente del Gobierno. Faltaba que las urnas confirmasen el liderazgo del joven político que se ponía al frente de la transición política española. Con la ayuda de Rafael Ansón, tanto como responsable de su campaña política como al frente de RTVE, no tuvo el menor problema.

El cambio democrático en el ámbito de la comunicación y en TVE fue gestionado así por los incondicionales de Suárez. El 24 de julio de 1976 aterrizó como nuevo director general de RTVE Rafael Ansón. Su hermano Luis María se hizo cargo de la agencia EFE, mientras Francisco Ansón fue nombrado “por necesidades del servicio, jefe de los Servicios de Estudio de Contenido de RTVE (censura), con derecho a percibir los emolumentos correspondientes al nivel D (dirección)”[23].

Cada uno de ellos tenía encomendada una misión en la España que empezó a funcionar en 1976. TVE trabajaba en régimen de monopolio, de modo que contaba con buenos ingresos de publicidad. “Creo que no podíamos pasar de 12 a 14.000 millones”, contaba Rafael Ansón a Lorenzo Díaz en su historia de la televisión[24].

En esta etapa se consolidó en TVE el modelo que con el paso de los años conoció el colapso, el llamado a partir de 1976 “Servicio Público Centralizado”. Tal y como lo expresa Baget Herms, “desde el punto de vista laboral se fomentó el corporativismo a ultranza y no se plantearon métodos racionales de contratación de personal, lo que llevó, con el paso de los años, a una plantilla sobredimensionada –más de 10.000 trabajadores en 1976– y muy poco cualificada profesionalmente, sin que hasta aquel momento se hubieran efectuado cursos de reciclaje o de actualización de conocimientos de nuevas tecnologías”[25].

TVE dio entrada en su plantilla a la gente que había trabajado para la casa como personal externo. Este crecimiento coincidió con una disminución de los espacios de producción propia, al tiempo que proliferaron las producciones externas o en régimen de coproducción con empresas audiovisuales y productoras cinematográficas del sector privado. La infrautilización del personal de TVE sentó así las bases del desastre económico que hoy conoce RTVE tras años de desidia y de negocio para un grupo de productores avispados.

A Rafael Ansón hay que reconocerle que revolucionó los informativos de TVE. Introdujo las cuatro ediciones que han perdurado hasta hoy. Con él llegaron Miguel Angel Gozalo, Clara Isabel Francia, Eduardo Sotillos, Pedro Macía y el jovencísimo Lalo Azcona. Entre los corresponsales en el extranjero se encontraban Miguel Veyrat (París), Juan Roldán (Londres), Paloma Gómez Borrero (Roma) y Manuel Piedrahita (Bonn).

La historia de la televisión reconoce a Ansón el valor de introducir esos telediarios presentados por caras nuevas en el adocenado escenario de RTVE. Pero el  pequeño de los Ansón saltó por los aires del cargo poco después, en noviembre de 1977, tras la emisión de un concierto del cantautor Luis Pastor, que apareció en pantalla rodeado de banderas republicanas.

Le sucedió el diplomático Fernando Arias Salgado. En octubre de 1978, el BOE consagraba el nacimiento de RTVE como organismo autónomo. Sin embargo, en el nuevo ente no había dinero ni para pagar la nómina del mes.

 


Notas

[1] El magistrado Mariano Gómez de Liaño, profesor de Derecho de Adolfo Suárez, y padre de los hermanos Gómez de Liaño, Javier y Mariano, magistrado y abogado, respectivamente, fue la persona que recomendó al joven abogado a Herrero Tejedor.

[2] Morán, Gregorio: Adolfo Suárez, historia de una ambición. Planeta. Barcelona, 1979.

[3] Junto a Bernal, en el escalafón de Televisión aparecía como subdirector Luis Ezcurra, llamado “el icombustible” porque permaneció en el ente desde su fundación hasta la llegada de los socialistas, sobreviviendo a todos los cambios habidos y por haber.

[4] Los nuevos estudios de Prado del Rey se inauguraron el 18 de julio de 1964 como parte de la campaña de propaganda que conmemoraba los “XXV Años de Paz”.

[5] Los nuevos estudios de Prado del Rey se inauguraron el 18 de julio de 1964 dentro de la campaña propagandística de los “XXV Años de Paz”. En noviembre de 1966 se puso en marcha la Segunda Cadena, después de un año de emisión en pruebas.

[6] En una ocasión Suárez programó la película Morocco, el célebre film protagonizado por Marlene Dietrich y Gary Cooper, que provocó una protesta diplomática de los marroquíes. En otra, permitió la emisión de una escena burlona de una boda árabe que también molestó a los marroquíes y a Manuel Fraga.

[7] Las elecciones de 1967 a procuradores en Cortes por el tercio familiar eran el resultado de una elección directa entre candidatos admitidos por la Secretaría General del Movimiento, en la que actuaban como votantes sólo los padres de familia inscritos como tales.
[8] BOE del 23 de diciembre de 1965.

[8] Los teleclubes estaban destinados sobre todo a cubrir los ámbitos rurales. Estaban dirigidos por las “fuerzas vivas” de los pueblos (alcaldes, maestros o curas). No llegarán, sin embargo, a tener la eficacia propagandística esperada por falta de medios y de preparación de monitores especializados.

[9] Macía Gómez, Pedro: Televisión, hora cero. Erisa. Madrid, 1981.

[10] Sobre las inversiones inmobiliarias realizadas por Adolfo Suárez en los últimos años, por un importe superior a los 500 millones de pesetas, a pesar de difundirse la idea de que llegó a pasar dificultades económicas, ver mi libro Lobbies (Plaza & Janés, Madrid, 2000).

[11] Morán, Gregorio. Adolfo Suárez, historia de una ambición. Planeta. 1979.

[12]cEmilio Sánchez Pintado, importante pieza política en el engranaje religioso que funcionó en RTVE a mediados de los setenta en España, fundó en 1994 el despacho de abogados López Lozano, Cremades & Sánchez Pintado, junto a los abogados Miguel Ángel López Lozano y Javier Cremades, especializado en Derecho de las Telecomunicaciones. Su éxito se ha traducido en una excelente cartera de clientes internacionales interesados en invertir grandes sumas de dinero en el negocio de la telefonía y los medios de comunicación españoles. Sin embargo, lo que más llama la atención es la vinculación a la Obra que conecta a sus integrantes. Entre ellos, destaca el caso de Miguel Ángel López Lozano, ex administrador del IESE, una de las escuelas de negocios vinculadas a la Obra, quien después de pasar unos años en compañía de Sánchez Pintado y Cremades, se integró en el bufete de abogados de Laureano López Rodó, antiguo y estrecho colaborador de Sánchez Pintado en las tareas de Gobierno que compartieron durante los últimos años de vida del Régimen.

[13] Esta colaboración se tradujo inmediatamente en el alquiler del chalé La Chavea de La Granja, equipado con piscina, donde Suárez comenzó a celebrar sus propias cenas a partir del verano de 1973 como fórmula de acercamiento a los próceres del Régimen.

[14] Morán. Op. Cit.

[15] Joaquin Entrambasaguas era el sobrino del profesor de la Universidad de Madrid del mismo nombre que en los años sesenta destacó por sus posiciones ultras y ejerció de censor como subdirector general de Empresas Editoriales de la Dirección General de Cultura Popular.

[16] Miguel Martín fue después director de TVE. Fundó la agencia de reportajes Q-Press, que vendía material a la revista Tele- Radio, que el propio Martín dirigió durante unos años.

[18] Este grupo de profesionales se ha distinguido después por ejercer como lobistas de peso en muchas operaciones económicas –incluida la compraventa de armas—y en el entorno del Congreso de los Diputados, ya que sus servicios han sido requeridos con frecuencia por partidos políticos y grupos parlamentarios de todo tipo y condición.

[19] Entre estos prohombres del negocio de la imagen y la intermediación destacan tres que tuvieron en los Ansón y el grupo de Ageurop uno de sus primeros puntos de referencia profesionales. Se trata del trío formado por Fernando Muniesa, Rafael Lozano y César Vacchiano, vinculados a Ageurop en un tiempo, y asociados más tarde entre sí al ritmo de sus filias y fobias personales.

Fernando Muniesa Peña, experto conocedor de la trastienda política, se dio a conocer como asesor del ex ministro de Defensa, Alberto Oliart, así como del ex ministro del Interior, Juan José Rosón, y del general jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, Antonio Rodríguez Toquero durante los distintos gobiernos de Adolfo Suárez. Fue profesor de la Escuela Oficial de Publicidad, pero donde se ha hecho fuerte en los últimos años ha sido como consultor de empresas y empresarios. Ha trabajado para la McDonnel Douglas, fabricantes de los F18; para la compañía alemana Krauss Mafei, fabricante del carro alemán de combate Leopard; para la empresa italiana Contraves y Selenia, fabricante de los misiles de baja cota comprados por las Fuerzas Armadas españolas, así como para el consorcio europeo Air Bus. Igualmente, no le ha importado trabajar para empresarios como Giancarlo Parretti y otros de similar catadura. Desde su despacho, situado a espaldas del Congreso de los Diputados, asesora al Gobierno canario y al Partido Regionalista Aragonés, cuando no dedica su tiempo a escribir ensayos como el titulado Espías de madera, en el que recientemente ha plasmado sus conocimientos sobre la cara oculta del espionaje militar español.

Rafael Lozano, un avispado promotor conocido por su vinculación a escándalos como el de Visa-España en el programa ¿Y usted que opina?, de Francisco Caparrós, en TVE, fue socio de Muniesa antes de dedicarse a la representación de estrellas de la canción, el toreo o la moda. El escándalo Visa-España llenó las páginas de los periódicos cuando se descubrió que los responsables del programa cobraban por invitar a determinadas personas. Lozano ha llevado también la carrera de Rocío Jurado y Palomo Linares, entre otros famosos, y ha sido el principal promotor de los concursos de Miss España.

César Vacchiano, un ingeniero industrial convertido en asesor empresarial bajo los auspicios de Ageurop, ha hecho carrera como asesor del Forum Atómico Español, una de las entidades que ha conseguido controlar mejor las críticas mediante la difusión de uno de los confidenciales más efectivos en el mundo de los gabinetes de imagen y las relaciones públicas.

Todos ellos han coincidido alguna vez en empresas comunes bajo la etiqueta de Imagen Pública. Pusieron en marcha sociedades como Intergroup, S.A., MVA (Muniesa y Vacchiano Asociados), RL Producciones (Rafael Lozano Producciones) o Imagen Médica, una sociedad que ha llegado a editar más de 30 revistas dedicadas al mundo de la medicina, entre ellas Tribuna Médica, y que convirtió al grupo en uno de los más activos en el asesoramiento de laboratorios farmacéuticos, así como de organizaciones médicas sindicales.

[20] Muñoz, Pedro: RTVE: la sombra del escándalo. Ediciones Temas de Hoy. Madrid. 1990.

[21] Morán. Op. Cit.

[22] Antes, ya en 1969, Luis María Ansón alabó la figura de Suárez como gobernador de Segovia también desde las páginas de Blanco y Negro.

[23] EL PAIS, 28 de noviembre de 1976. El nombramiento llevaba fecha del 1 de octubre, pero ha comenzó a tener efecto a principios de noviembre.

[24] La televisión en España (1949-1995). Alianza Editorial. Madrid, 1994.

[25] Baget Herms, Josep María: El legado de la televisión franquista, en Formats, Revista de comunicació Audiovisual. Universitat Pompeu Fabra.

BIBLIOGRAFÍA

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