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	<title>Comunicación 21</title>
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	<description>Revista científica de estudios sobre cultura y medios / ISSN 2174-7253</description>
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		<title>Curso de Verano en la Universidad Rey Juan Carlos sobre Propiedad Intelectual</title>
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		<pubDate>Tue, 14 May 2013 13:27:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ramón Tijeras</dc:creator>
				<category><![CDATA[Convocatorias]]></category>
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		<description><![CDATA[Entre los días 1 y 5 de julio de 2013 se celebrará en Aranjuez el Curso de Verano de la Universidad Rey Juan Carlo titulado &#8220;La propiedad intelectual: abierto por reformas&#8220;, en el que se expondrán y debatirán las principales novedades que incorpora la Ley de Propiedad Intelectual recientemente reformada por el Gobierno. Toda la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Entre los días 1 y 5 de julio de 2013 se celebrará en Aranjuez el Curso de Verano de la Universidad Rey Juan Carlo titulado &#8220;<a href="http://www.fundacionurjc.es/cursos_verano/programacion2013/semana1/la-propiedad-intelectual.pdf">La propiedad intelectual: abierto por reformas</a>&#8220;, en el que se expondrán y debatirán las principales novedades que incorpora la Ley de Propiedad Intelectual recientemente reformada por el Gobierno.</p>
<p>Toda la información sobre <a href="http://www.fundacionurjc.es/cursos_verano/">matriculación, tarifas y pagos</span></a> se puede consultar <a href="http://www.fundacionurjc.es/cursos_verano/">aquí</span></a>. También se puede descargar este <a href="http://ftp.ramontijeras.wordpresshosting.es/public_html/wp-content/themes/branfordmagazine/PDF/Curso_Propiedad_Intelectual.pdf">PDF</a> con toda la información necesaria sobre <a href="http://ftp.ramontijeras.wordpresshosting.es/public_html/wp-content/themes/branfordmagazine/PDF/Curso_Propiedad_Intelectual.pdf">programa e inscripciones</a>.</p>
<p>El curso tiene como secretario a Rafael Sánchez Aristi, que es un reconocido experto en propiedad intelectual y que resume así su justificación y contenido del curso:</p>
<p>&#8220;A lo largo de la última década, los estudiosos y prácticos de la propiedad intelectual han estado ocupados y preocupados por un elenco de importantes desafíos. Desde la necesaria adaptación de las industrias y operadores culturales a los nuevos paradigmas de explotación de las obras en las redes digitales de comunicación a distancia, pasando por las dificultades con que se encuentran los titulares de derechos para combatir la masiva piratería de obras en la red, hasta llegar al papel que deben cumplir en la preservación de la propiedad intelectual quienes prestan servicios de intermediación de la sociedad de la información, o el cuestionamiento –social y judicial– del canon o compensación equitativa por copia privada.</p>
<p>En el curso de los dos últimos años, tanto a nivel comunitario como –sobre todo– a nivel interno español, el sector de la propiedad intelectual ha asistido a la aprobación o la proyección de una serie de novedades legislativas que están contribuyendo a modificar la fisonomía de la propiedad intelectual, tal y como la conocíamos. Estas novedades tratan de dar respuesta, en uno u otro sentido, a los desafíos que afrontaba el sector, si bien la bondad de todas esas medidas dista mucho de ser pacífica.</p>
<p>Entre esos cambios normativos, cabe mencionar en primer lugar la conocida como «Ley Sinde» (o «Ley Sinde-Wert»), que no es otra cosa que la disposición final 43ª de la Ley 2/2011, de 4 de marzo, de Economía Sostenible, la cual reformaba a su vez varias leyes (la Ley de Propiedad Intelectual, la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y Comercio Electrónico y la Ley de la Jurisdicción Contencioso-administrativa). En desarrollo de esta Ley fue dictado el Real Decreto 1889/2011, de 30 de diciembre, por el que se regula el funcionamiento de la Comisión de Propiedad Intelectual, órgano al que la Ley Sinde asignaba nuevas funciones, singularmente la de salvaguarda de los derechos de propiedad intelectual frente a su vulneración por prestadores de servicios de la sociedad de la información. Para ello instauró un procedimiento administrativo seguido ante su Sección Segunda, que puede culminar en la interrupción del servicio de la sociedad de la información o en la retirada de los contenidos infractores.</p>
<p>El mismo día 30 de diciembre de 2011 fue aprobado el Real Decreto-ley 20/2011, cuya disposición adicional 10ª suprime la compensación equitativa por copia privada regulada en el artículo 25 de la Ley de Propiedad Intelectual, aunque no llega a derogar formalmente este precepto. La principal novedad introducida por ese Real Decreto-ley (titulado “de medidas urgentes en materia presupuestaria, tributaria y financiera para la corrección del déficit público”) es que dicha compensación equitativa pasará a satisfacerse, a partir de 2012, con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, en lugar de –como sucedía hasta ahora– por parte de los sujetos que comercializan equipos, aparatos y soportes de reproducción.</p>
<p>En la Ley 2/2012, de 29 de junio, de Presupuestos Generales del Estado para el año 2012, se ha previsto una asignación de cinco millones de euros para sufragar el pago de la compensación equitativa por copia privada. Posteriormente, por virtud del Real Decreto 1657/2012, de 7 diciembre, se ha regulado el procedimiento de pago de la compensación equitativa por copia privada con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, dando así cumplimiento al mandato contenido en la citada disposición adicional 10ª del Real Decreto-Ley 20/2011, ya que ésta remite para la determinación de ese procedimiento al desarrollo reglamentario posterior.</p>
<p>Entre tanto, desde julio de 2012 han circulado extraoficialmente una serie de borradores de Anteproyecto de Ley de modificación de la Ley de Propiedad Intelectual, que finalmente han culminado con la aprobación del Anteproyecto de Ley de modificación del Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual y de la Ley de Enjuiciamiento Civil, aprobado por el Consejo de Ministros en primera vuelta en su reunión de 22 de marzo de 2013.</p>
<p>Conforme a dicho Borrador, el prelegislador baraja reformar de forma significativa los siguientes aspectos: (i) el régimen de copia privada, por lo que se refiere tanto a la definición del límite como a la compensación a él anudada; (ii) el límite relativo a la ilustración de la enseñanza, principalmente para las obras impresas en forma de libros y publicaciones asimiladas; (iii) las normas sobre cesión de los derechos del artista al productor de fonogramas y duración de los derechos sobre los fonogramas y las interpretaciones artísticas grabadas en ellos; (iv) el régimen legal de las entidades de gestión de derechos, y en particular todo lo relacionado con el control administrativo de las mismas; (v) las funciones de la Comisión de propiedad Intelectual, reforzando las competencias tanto de su Sección Primera como de su Sección Segunda; (vi) las acciones civiles de defensa de la propiedad intelectual, reformando a tal efecto la Ley de Enjuiciamiento Civil.</p>
<p>En el ámbito europeo, también estos dos años han estado plagados de nuevos hitos normativos y proyectos en ciernes. De un lado tuvo lugar la aprobación de la Directiva 2011/77/UE, de 27 de septiembre de 2011, que modifica una Directiva anterior relativa al plazo de duración del derecho de autor y de determinados derechos afines. Esta Directiva tiene como principal objetivo la ampliación del plazo de duración de los derechos de los artistas musicales y de los productores de fonogramas, que pasa de cincuenta a setenta años contados desde la lícita publicación o comunicación del fonograma.</p>
<p>En segundo lugar debe mencionarse la Directiva 2012/28/UE, de 25 de octubre, sobre ciertos usos autorizados de las obras huérfanas, la cual establece un marco jurídico para facilitar la digitalización y divulgación de obras y otras prestaciones protegidas por derechos de propiedad intelectual, cuyo titular no esté identificado o, aunque lo esté, se encuentre en paradero desconocido. Con ello, se trata de favorecer la labor de las bibliotecas, centros de enseñanza, museos y otros establecimientos análogos, de cara a la digitalización de sus colecciones o archivos con el objeto de crear bibliotecas digitales accesibles en línea. La Directiva aborda la determinación jurídica de la condición de obra huérfana y sus consecuencias en términos de los usuarios y usos autorizados de las obras así consideradas.</p>
<p>En tercer lugar, con fecha 11 de julio de 2012, se aprobó una Propuesta de Directiva sobre la gestión colectiva de los derechos de autor y derechos afines y a la concesión de licencias multiterritoriales de derechos sobre obras musicales para su utilización en línea en el mercado interior. Su principal objetivo es instaurar un marco jurídico adecuado para la gestión colectiva de los derechos que son administrados por entidades de gestión colectiva en nombre de los titulares de derechos, estableciendo normas que garanticen una mejor gobernanza y una mayor transparencia de todas estas entidades, y fomentando al mismo tiempo la concesión de licencias multiterritoriales de los derechos de los autores sobre sus obras musicales por las entidades de gestión colectiva que los representan.</p>
<p>Finalmente debe mencionarse la Comunicación de la Comisión “Un mercado único de los derechos de propiedad intelectual”, presentada el 24 de mayo de 2011. En ella se señalaba –entre otras cosas– que el correcto funcionamiento del mercado interior exige conciliar el canon por copia privada con la libre circulación de bienes, en aras de un comercio transfronterizo fluido de bienes sujetos a cánones por copia privada. Dicha Comunicación preveía nombrar, en ese mismo año 2011, a un mediador independiente de alto nivel que tendría por misión explorar la posibilidad de armonizar la metodología empleada para imponer los cánones y mejorar su administración, concretamente la determinación del tipo de equipos sujetos a los mismos, la fijación de tarifas, y la interoperabilidad de los distintos sistemas nacionales. El nombramiento recayó en el Sr. Antonio Vitorino, ex Comisario europeo, quien en abril de 2012 hizo una declaración informando del inicio del proceso de mediación y de las líneas maestras en las que el mismo se sustentaría. El 13 de enero de 2013 el Sr. Vitorino presentó sus Recomendaciones sobre el canon de copia privada y el canon reprográfico.</p>
<p>La abundancia y naturaleza de estas reformas es tal que puede dudarse si, en realidad, no nos hallamos ante un cambio sistémico del modelo que ha venido estando vigente en España y en Europa durante las últimas dos décadas. Al menos cabe decir que este modelo se encuentra en estos momentos “abierto” a unas intervenciones normativas cuyas consecuencias son difíciles de determinar y cuyos objetivos o metas distan de ser nítidos.</p>
<p>El Curso pretende analizar y debatir algunos –los más importantes– de esos cambios, con el propósito –entre otros– de discernir ese extremo: si deben considerarse meros ajustes del actual modelo o piezas de un nuevo modelo que está por construirse, y en este caso cuáles serían las supuestas bondades de ese nuevo modelo al que nos dirigimos, y cuáles las pretendidas maldades del modelo actual que se tratarían de superar con los cambios.</p>
<p>Tras una jornada inicial en la que se trazará una descripción general del marco legal de la propiedad intelectual y su evolución, tanto a nivel nacional como comunitario, en las siguientes jornadas se abordarán sucesivamente la regulación de la compensación equitativa por copia privada, el régimen de control de las entidades de gestión, los límites o excepciones a los derechos y, finalmente, las acciones de defensa de la propiedad intelectual, prestando especial atención al papel que con respecto a estas infracciones desempeñan los prestadores de servicios de intermediación de la sociedad de la información&#8221;.</p>
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		<title>¿Quién está detrás de Mark Twain?</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 17:09:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustin Velloso Santisteban</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El único reportero con el que contaba el Morning Call de San Francisco a mediados del siglo XIX se llamaba Samuel Langhorne Clemens. Desde las nueve de la mañana recorría las comisarías de policía de la ciudad en busca de sucesos. Como apenas había nada de interés para Mark Twain fuera de las peleas habituales [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El único reportero con el que contaba el <em>Morning Call</em> de San Francisco a mediados del siglo XIX se llamaba Samuel Langhorne Clemens. Desde las nueve de la mañana recorría las comisarías de policía de la ciudad en busca de sucesos. Como apenas había nada de interés para Mark Twain fuera de las peleas habituales entre bandas de irlandeses, Clemens se iba a continuación a las salas de los tribunales para asistir a los juicios por las peleas entre bandas de chinos.</p>
<p style="text-align: justify;">En ellos había un intérprete de nacionalidad inglesa capaz de traducir al juez cincuenta y seis dialectos del chino, lo cual dejaba atónito a Clemens pero hacía dormir a Twain a la segunda o tercera declaración, así que tenía que regresar a las calles en busca de algún suceso digno de ser reflejado en negro sobre blanco. Si no había nada de interés, Twain pegaba fuego a algún almacén y así Clemens volvía a la redacción con algo para rellenar su columna. Por las noches Clemens “visitaba los seis teatros de la ciudad, siete días a la semana, trescientos sesenta y cinco días al año&#8230; cinco minutos en cada uno&#8230; torturándose el alma para escribir algo que no hubiera escrito Twain doscientas veces anteriormente”.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando por fin un día Clemens sorprendió a una banda de irlandeses a la caza de un chino al que apedrearon ante la mirada impasible de un policía, Twain “escribió con indignación sobre el linchamiento” consentido, porque “pensaba que había fuego y literatura en su columna”. Esta pieza no se publicó. Barnes, el propietario y director del periódico, se lo explicó con pocas palabras: los irlandeses son los que compran el periódico y odian a los chinos, sin ellos no duraríamos ni un mes. Twain, “por tanto, se tragó su humillación” y Clemens “perdió cada vez más interés en su trabajo”.</p>
<p style="text-align: justify;">Twain repetía una y otra vez que no le gustaba trabajar, que “había nacido vago”. Sin embargo Clemens dejó la escuela para ganarse el pan y tuvo que hacerlo sin descanso hasta el final de sus días. Esto era debido a que sus ingeniosas ideas se truncaban pronto, sus relaciones sociales y familiares le arruinaban y sus proyectos se torcían a menudo. El destino concedió a Twain una vida larga, setenta y cinco años, repleta de experiencias, pero a Clemens se las cobró muy caras.</p>
<p style="text-align: justify;">El mayor dolor de Clemens fue vivir para sufrir la muerte de su mujer –“el desastre de mi vida”- y de varios hijos y amigos. Quería mucho a su familia y a sus amigos y elegidos. Tenía éxito en sus relaciones sociales y estaba dotado de un verbo fácil y un carácter afable y hasta cariñoso.</p>
<p style="text-align: justify;">Consideraba la amistad verdadera como un regalo del mayor valor. Sin embargo, fuera de ese círculo de allegados, Twain no tenía buen concepto de la mayoría de los seres humanos. Veía faltas y abusos en la familia y las amistades, en las empresas editoriales, en los negocios de cualquier tipo, sobre todo en la política, tanto en Estados Unidos como el ámbito internacional.</p>
<p style="text-align: justify;">Twain se mortificó por no haber recibido todos los honores literarios que creía merecer. Al final de sus días la alegría de un doctorado concedido por la Universidad de Oxford no consiguió borrar el recuerdo de que “año tras año ha sido duro para mí que autores de mínimo valor y olvidados al cabo de una década han sido públicamente reconocidos y ¡se han concedido diez mil títulos universitarios honoríficos ninguno de los cuales ha sido para mí!”. Sin embargo Clemens llegó a la literatura porque no le seducía el arduo trabajo de las minas y porque no encontró un barco que le llevasehasta una nueva vida en Sudamérica.</p>
<p style="text-align: justify;">La bancarrota persiguió a Twain durante toda su vida dentro y fuera de su país. Las ganancias de sus éxitos editoriales y de sus concurridas y celebradas conferencias por muchos países del mundo eran dilapidadas en inversiones fallidas o incluso estaban comprometidas antes de cobradas.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando no le timaban las editoriales, sus amigos le daban sablazos a diestro y siniestro, los sobrinos le chupaban la sangre y su hermano Orión le dejaba deudas por ser tan manazas como había sido su padre y como era él mismo para los negocios.</p>
<p style="text-align: justify;">El dinero es una constante en su vida, pero por necesidad, no porque fuera ruin. Tan harto estaba Clemens de la ineptitud familiar para enriquecerse, que un día aciago de 1877 echó a la calle a la fortuna después de que ésta llamó a su puerta tres veces. En lugar de aceptar una oferta preferente de acciones en el negocio de Graham Bell, se conformó con “poner el primer teléfono que se usó en el mundo en un domicilio particular”, el suyo. Su vida está cuajada de anécdotas semejantes.</p>
<p style="text-align: justify;">Twain es mundialmente conocido por sus obras joviales y se le ha considerado un autor humorístico, aunque esta consideración le desagradaba. Desde luego no es el primer ni el único autor cuya tristezaíntima y cuya a margura vital se ocultan tras la frescura de las aventuras de sus personajes novelísticos y tras las palabras amables y alegres de sus relatos.</p>
<p style="text-align: justify;">Al mismo tiempo es poco conocido que hace un siglo, durante los últimos diez años de su vida, se le consideraba el escritor anti-imperialista más influyente y más crítico con el gobierno de Estados Unidos. Al referirse a las políticas imperialistas de europeos y estadounidenses, Clemens escribió que eran “unos ladrones, unos salteadores de caminos, unos piratas y encima estaban orgullosos de ello”. Por tanto no cabe esperar que con el auge del imperialismo actual, el público lector no se acuerde de Clemens y los gobernantes y los editores acomodados solamente mencionen y publiquen a Twain.</p>
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		<title>La escultura antigua de un virrey en Sevilla (1571)</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 17:08:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Vicente Quirante Rives</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Cartuja de Santa María de las Cuevas]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Luca Giordano]]></category>
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		<description><![CDATA[Vuelvo a Sevilla, una de las pocas ciudades a las que siempre merece la pena volver, y nada más dejar el equipaje en el hotel Colón, cobijo de toreros, me dirijo al cercano Museo de Bellas Artes. Contemplando los tres cuadros de Zurbarán para la sacristía de la Cartuja de Santa María de las Cuevas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Vuelvo a Sevilla, una de las pocas ciudades a las que siempre merece la pena volver, y nada más dejar el equipaje en el hotel Colón, cobijo de toreros, me dirijo al cercano Museo de Bellas Artes. Contemplando los tres cuadros de Zurbarán para la sacristía de la Cartuja de Santa María de las Cuevas o las obras de Murillo para la iglesia del convento de Capuchinos, la gracia de sus santas Justa y Rufina por ejemplo, me sé en el corazón de Sevilla. Calles con encalado de oro y blanco, la declinación de la luz que nos habla inmediatamente del sur, recoletos patios de naranjos y palmeras, desafiantes altares, todo está dentro de ese barroco sevillano entendido como el momento culminante de una civilización, la destilación más perfecta en la que desembocaron siglos de acumulación en la frontera con el Nuevo Mundo. Porque Sevilla sin América habría sido otra Córdoba o Granada, cofre y sueño de un paraíso perdido. Con América fue más allá en todo, hasta llegar a los gusanos de la vanitas, pues en ese viaje plus ultra llegó a las postrimerías, dando un giro completo a la vida y a la muerte.</p>
<p style="text-align: justify;">El riesgo en Sevilla es esa flojera del espíritu que puede provocar la frecuentación del límite sensorial. Resulta demasiado fácil perderse en ese cafarnaúm que aturde al recién llegado y le exige una nueva reglamentación de los sentidos. Pero yo he venido con una misión que me sirve de hilo de Ariadna y me arranca de la contemplación boba de su plenitud. Busco a Nápoles también en Sevilla, esas dos capitales del sur que se miran celosamente a distancia.</p>
<p style="text-align: justify;">Sierpes, Laraña, Imagen, Cristo de Burgos, Descalzos y Caballerizas son las calles por las que llego a la Casa de Pilatos, el palacio mudéjar que levantó el poderoso y linajudo matrimonio de Pedro Enríquez y Catalina de Ribera, síntesis originalísima de sensibilidad andaluza y romanità clásica en palabras exactas de Vicente Lleó. Fadrique Enríquez de Ribera, el hijo de Pedro y Catalina, visitó los Santos Lugares después de atravesar Italia. Fruto de ese viaje nos recibe la portada renacentista de mármol labrado en Génova, con tres pedestales en su parte superior con la cruz de Jerusalén y la declaración del peregrino, por tres veces, de haber entrado en Jerusalén el 4 de agosto de 1519.</p>
<p style="text-align: justify;">Fadrique murió sin descendencia y sus títulos y bienes pasaron a su sobrino Per Afán de Ribera, al que Felipe II nombraría Duque de Alcalá de los Gazules. Fue virrey de Cataluña primero, y de Nápoles después y hasta su muerte el 2 de abril de 1571, poco antes de que zarpara del puerto partenopeo la flota que venció al turco en Lepanto. En la ciudad del golfo se impregnó de la cultura humanística y reunió una notable colección de escultura antigua. El Papa Pío V le regaló varias piezas y tuvo diversos agentes y anticuarios, como Adrian Spadafora, que buscaron para él las mejores obras. Nunca olvidó su palacio sevillano, y envió desde Nápoles al arquitecto Benvenuto Tortello y al escultor Giuliano Menichini para realizar las reformas que permitieran albergar dignamente su colección, que viajó por mar a Cartagena, y desde allí a Sevilla, entre 1568 y 1571.</p>
<p style="text-align: justify;">En el patio principal hay una representación de Faustina Minor, la esposa del emperador Marco Aurelio, con los atributos de la diosa Ceres, y también una danzarina vinculada a una poesía atribuida a Virgilio. Y las dos estatuas sobresalientes de la colección, Pallas Belligera, con escudo, casco y lanza, y Pallas Pacifera, adornada con la égida. Atenea en tiempos de paz y guerra, la cara y la cruz de toda vida que observa vigilante la diosa doble desde este patio sevillano. El mismo donde las admiró Antonio Ponz, que juzgó excelentes sus paños y dejó escrito que el conjunto todo ofrece grandioso carácter. Los italianos abrieron veinticuatro tondos en los muros para albergar otros tantos bustos de emperadores y personajes ilustres de la historia de Roma. La serie se cierra con un busto de Carlos V, que no en vano había sido emperador del Sacro Imperio. Paso al Jardín Grande, donde galerías y cenadores se suceden decorados con lánguidas Venus y estoicos togados que me llevan al mundo antiguo, a la herencia griega reelaborada por Roma. El legado del Mare Nostrum que llegó a Sevilla cuando esta ya miraba hacia el oeste, hacia el Nuevo Mundo. Mundo antiguo y mundo nuevo se encuentran aquí, gozne donde lo viejo informa a lo que está por llegar. Per Afán de Ribera tuvo que viajar a Nápoles para encontrar su cifra. No fue Itálica la que le animó, sino las ruinas de los Campos Flegreos: Baya, Cumas y Puzol. Fueron Nápoles y su humanismo de raíz virgiliana los que despertaron a este sevillano al que Parrino describió como principe d&#8217;incorrotta giustizia, alieno dall&#8217;interesse e sommamente religioso, sin olvidar su pasión: era curiosissimo della scultura, e fece un cumulo prezioso di statue e simulacri antichi. Paseo por el jardín y pienso en ese destino cumplido y en sus obras.</p>
<p style="text-align: justify;">No acabó con Per Afán la relación de esta casa con Nápoles, puesto que su sobrino Fernando Enríquez de Ribera, III duque de Alcalá, también fue virrey en Nápoles entre 1629 y 1631, cuando protegió y encargó obras a Ribera como La mujer barbuda, ahora en el museo del Prado.</p>
<p style="text-align: justify;">En la planta alta del palacio se suceden las salas donde no falta la pintura napolitana, como el hermoso bodegón con un criado negro que pintó ese Giuseppe Recco que murió recién llegado al puerto de Alicante en 1695. También una Adoración de los magos junto a otras obras de Luca Giordano, y las vistas de Nápoles y sus alrededores que el IX duque de Medinaceli encargó a Gaspar van Wittel. Pero no es la pintura lo que recordaremos de esta casa, sino la estatuaria clásica que llegó desde Nápoles. El testigo que Grecia pasó a Roma y que descansa aquí entre arcos mudéjares.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p style="text-align: justify;">El cuerpo de Per Afán fue trasladado desde Nápoles a Sevilla en 1573 para ser enterrado junto a sus antepasados en la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Encuentro colgada de una pared, en un pequeño y armonioso claustro nazarí del siglo XV, la lauda de bronce que cubría su sepultura. Sobre ella se dibuja la figura de cuerpo entero de Per Afán con armadura y espada, y yelmo en las manos. A los lados de su cabeza una pareja de escudos de armas de los Enríquez y los Ribera, mientras que una inscripción en español recorre su perímetro:</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Aquí iaze el exmo señor don Per Afan de Ribera duque de Alcalá, marqués de Tarifa, conde de los Molares, adelantado maior del Andaluzia, visorei de Nápoles, fallescio a 2 de abril de 1571 anos.</em></p>
<p style="text-align: justify;">En la parte inferior leo los siguientes dísticos latinos:</p>
<p style="text-align: center;">Hoc iacet in tumulo quem virtus vexit ad astra<br />
Quem canet ad summum debita fama diem.<br />
Tempore diverso duo regna amplissima rexit<br />
Barchinoem iuvenis, parthenopenque senex<br />
Dum fuit eois fulsit quasi sidus eoum<br />
Dum fuit hesperiis hesperus alter erat<br />
Flere nefas illum qui foelix vixit ubique<br />
Ante homines vivus mortuus ante deos</p>
<p style="text-align: justify;">Nada más se puede pedir después de haber sido feliz en lugares diversos, Barcelona de joven, Nápoles hasta la última hora, y descansar en esta cartuja silenciosa, reconvertida en centro de arte contemporáneo. Recorro sus salas sin visitantes, repletas de caprichos de nuestra modernidad. En la que fue sacristía adivino la yesería barroca que un día enmarcó los lienzos sublimes de Zurbarán y ahora delimita el espacio donde se proyectan vídeos. Salgo de la cartuja inundada de sol invernal y vuelvo con otra tesela de Nápoles al centro de Sevilla. Paseo junto al río al atardecer, desde la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería hasta la Torre del Oro. Es sábado y los jóvenes sevillanos se agolpan pujantes en los bares.</p>
<p style="text-align: justify;">A punto de esconderse el sol me acerco al Hospital de la Caridad para recordar a su fundador, Miguel Mañara, y ver de nuevo los jeroglíficos de Valdés Leal, In ictu oculi y Finis gloriae mundi, lecciones barrocas de la vanidad de todo; el mismísimo toisón de oro rinde su soberbia ante la muerte mientras los gusanos recorren el cuerpo marchito del otrora todopoderoso, para enseñar que solo nos trascendemos a través de las buenas obras. Mensajes de la Contrarreforma y del desengaño en la ciudad de Don Juan (Aunque es lugar Nápoles tan excelente, por Sevilla solamente se puede, amigo, dejar). A él me confío para, de su mano, ir de Sevilla a Nápoles y de Nápoles a Sevilla, en un viaje de ida y vuelta sin final.</p>
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		<title>Sobre &#8220;El periodismo después del periodismo&#8221;. Reflexiones telegráficas sobre el oficio en la actualidad</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 16:58:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ramón Luque</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En este trabajo relacionaré teorías o afirmaciones de periodistas y teóricos recogidas en el trabajo de Josep Lluis Gómez Mompar titulado &#8220;El periodismo después del fin del periodismo&#8221; con mi experiencia profesional en los medios de comunicación. La visión o enfoque no será muy teórica ni académica sino profundamente personal. Con ello pretendo llegar a algunas conclusiones en modo alguno definitivas, más bien lo contrario, es decir susceptibles de discusión y debate.</p>
<p style="text-align: justify;">l) VOCES APOCALÍPTICAS</p>
<p style="text-align: justify;">Gómez Mompart lo explica: “cada vez que aparece un nuevo medio de comunicación y se desarrolla una tecnología comunicativa surgen voces apocalípticas” y recuerda que ya Platón temió que la escritura diera traste con la memoria. Y se ha hablado mucho del fin de la novela, del fin de la radio, del fin del teatro, del fin del cine&#8230;etc</p>
<p style="text-align: justify;">En un contexto de crisis y cambio continuo, distintos teóricos y profesionales de la comunicación señalaron la muerte del periodismo, al entender que la función relevante que el mismo- en particular el de calidad, el serio, el útil socialmente- había cumplido en la historia contemporánea estaba mortecina.</p>
<p style="text-align: justify;">Se citan varios autores:</p>
<p style="text-align: justify;">-James D. Squires. Periodista del Chicago Tribune: “El periodismo está en vías de extinción. En cuanto se ve obligado a entretener o a ser planificado para alcanzar un determinado objetivo comercial, deja de existir”</p>
<p style="text-align: justify;">-Ignacio Ramonet. Profesor de la Sorbona: “Si nos preguntamos acerca de los periodistas y de su papel en la actual concepción dominante del trabajo informativo, podemos concluir que están en vías de extinción”.</p>
<p style="text-align: justify;">-Ferdinando Adornato y Furio Colombo. Periodistas: “La información hoy es sobre todo un negocio.”</p>
<p style="text-align: justify;">-Indro Montanelli. Periodista: “El periodismo de calidad, la narración honesta de los hechos, el análisis y la interpretación, va en camino de ser aplastado por el periodismo de lentejuelas, el nuevo discurso narrativo, hijo de la televisión, que sustituye las ideas por las emociones&#8230;estamos ante una crisis estructural del periodismo y del lenguaje periodístico.”</p>
<p style="text-align: justify;">-Jean Marie Colombani. Periodista: “La gran batalla de los próximos años está en la diferencia entre información y comunicación.</p>
<p style="text-align: justify;">Gómez Mompart nos habla de una crisis sobre el rol del periodista y sobre el sentido y función del periodismo. Se refiere a un triple paso:</p>
<p style="text-align: justify;">1) De periodista a comunicador.</p>
<p style="text-align: justify;">2) De informador a entretenedor.</p>
<p style="text-align: justify;">3) De intermediario a mediador.</p>
<p style="text-align: justify;">Predomina la emoción sobre la razón, asistimos a un voyeurismo televisivo: se quiere enseñar, y enseñar sin apenas explicar. Los medios sufren una obsesión con la audiencia. Se transmite trivialidad con criterios comerciales.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi experiencia como periodista parece confirmar estas teorías. Pondré algún ejemplo:</p>
<p style="text-align: justify;">Realizo dos reportajes en televisión: Uno sobre acoso sexual en el trabajo. Intento darle un tratamiento serio, entrevistando a mujeres acosadas, poniéndome en contacto con asociaciones, con contactos en tribunales, refiriendo hechos del pasado&#8230;etc Pero una vez visto el reportaje, mi jefe me reprocha “no haber sacado más falditas al aire, no haber sacado más culos y piernas, no haber narrado las cosas en clave dramática, con una mano masculina tocando una pierna&#8230;etc”</p>
<p style="text-align: justify;">Realizo otro reportaje sobre relaciones sexuales entre enfermos mentales. Hablo con dos disminuidos psíquicos que son novios, interrogo a sus padres, su familia, establezco contactos con asociaciones, instituciones&#8230;etc Pero mi jefe va por otro lado: quiere más novios, que aparezcan en cámara besándose y tocándose, que cuenten cuántas veces hacen el amor, que se digan “te quiero”&#8230;etc</p>
<p style="text-align: justify;">Desde el punto de vista periodístico no creo que mi jefe tenga razón. Yo aporto datos y declaraciones. Se sacan conclusiones y se intenta concienciar al público del problema. Pero desde el punto de vista “televisivo” ¿Acaso no la tiene? Mi jefe quería espectáculo. ¿Acaso no es más atractivo el reportaje tal y como lo plantea mi jefe? Con los criterios de mi jefe se gana en espectáculo, igual a más audiencia, igual a más ingresos económicos para el medio de comunicación. De hecho la elección de los temas: (acoso sexual, relaciones sexuales entre enfermos mentales&#8230;) se ha realizado en función de lo que vende. Y el sexo vende mucho.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi jefe me dice: “El periodista no es un intelectual. El periodista es un vendedor”. En mi opinión el periodista no es un vendedor aunque es cierto que presta un servicio a la sociedad por el que es remunerado económicamente. Sin embargo prefiero ver al periodista como intelectual comprometido con su sociedad y su cultura, con auténtica y honesta vocación por informar.</p>
<p style="text-align: justify;">2) ELEMENTOS POSITIVOS</p>
<p style="text-align: justify;">Gómez Mompart nos da algunas pistas halagüeñas a pesar de todo. En varios aspectos:</p>
<p style="text-align: justify;">-Tecnologías: se rompen fronteras y se amplían sistemas, gracias a Internet&#8230;etc</p>
<p style="text-align: justify;">-Política: Sana desconfianza, escepticismo y rechazo de planteamientos maniqueos.</p>
<p style="text-align: justify;">-Sociología: Surgen nuevas sensibilidades como el pacifismo, el ecologismo y los movimientos antiglobalización.</p>
<p style="text-align: justify;">-Profesión periodística: Concienciación de que el periodista no es más que otro trabajador asalariado.</p>
<p style="text-align: justify;">-Noticias: democratización de los canales y flujos informativos. Prima lo espectacular y divertido, rompiéndose así el monopolio de los medios elitistas.</p>
<p style="text-align: justify;">-El campo periodístico sufre un big-bang. Las consecuencias pueden ser positivas: nuevo orden.</p>
<p style="text-align: justify;">Y surgen numerosas crisis que Mompart enumera: periodismo de indagación, como servicio público, de comprobación&#8230;etc</p>
<p style="text-align: justify;">En cuanto a mi experiencia personal, podría hacer algunas aportaciones:</p>
<p style="text-align: justify;">-Tecnologías: Mi experiencia en la página de Internet de Antena 3 fue la de sacar “como sea” una página de información en la red que nos permitiera estar ahí. Era una búsqueda de prestigio sobre todo. Años después, como responsable de la radio de la Universidad de Salamanca, me encuentro con el mismo fenómeno. Internet es una herramienta de prestigio e imagen. Hemos conseguido que la radio se pueda escuchar en todo el planeta, pero ¿ésas eran las prioridades reales? ¿no habremos empezado a construir la casa por el tejado?</p>
<p style="text-align: justify;">-Queda claro que soy un asalariado. Un periodista consciente de su pequeñez, sobre todo cuando recorría Andalucía de arriba abajo en busca del reportaje que mi jefe me mandaba hacer a cualquier hora del día o de la noche.</p>
<p style="text-align: justify;">-Sobre el resultado del big-bang: En mi opinión, todo será cada vez más caótico. Pero hay una esperanza. La última palabra la tendrá siempre “el individuo que desempeña la profesión periodística.” Luego desarrollaré esto.</p>
<p style="text-align: justify;">3) EL PERIODISMO CÍVICO. PROPUESTAS PARA EL PERIODISMO DEL SIGLO XXI Y PRINCIPIOS PARA UN PERIODISMO DE CALIDAD</p>
<p style="text-align: justify;">Llúcia Oliva y Xavier Sitjà nos hablan del periodismo cívico: “Se trabaja en proyectos que pueden durar meses. Comienza dando información continuada sobre una problemática en contacto con los que la viven: droga, violencia, maternidad juvenil, enseñanza, paro&#8230;etc Pregunta también a los responsables políticos. Se publican investigaciones periodísticas sobre el tema, hace encuestas, análisis y finalmente pone cara a cara a ciudadanos y políticos para buscar alternativas”.</p>
<p style="text-align: justify;">Por su parte, Mompart recupera sorprendentemente las tesis de Berthold Brecht sobre el teatro épico frente al dramático. Recuerda que, en esencia, el teatro épico se opone al tradicional, rechaza la identificación del espectador con el héroe y la del actor con su personaje. Se promueve una actitud crítica y distante, que se limita a mostrar.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente Mompart se requiere una información más clarificadora y provechosa para la ciudadanía. En cuatro ámbitos: cuestiones éticas y deontológicas,fuentes y documentación, tratamiento y desarrollo de las noticias y relación con la opinión pública.</p>
<p style="text-align: justify;">Mompart concluye volviendo a Brecht y diciendo que las virtudes del periodista han de ser: coraje, inteligencia, arte, juicio y astucia.</p>
<p style="text-align: justify;">4) OTRAS APORTACIONES Y CONCLUSIONES MÍNIMAS</p>
<p style="text-align: justify;">Me referiré ahora al artículo de Juan Luis Cebrián publicado en EL PAÍS el 17 de Junio de 2002 titulado El oficio del periodista. Cebrián cita a dos expertos en comunicación, Bill Kovach y Tom Rosenstiel, que se refieren a los principios básicos del periodismo. Establecen nueve puntos:</p>
<p style="text-align: justify;">-1. La primera obligación del periodismo es la verdad.<br />
-2. Su primera lealtad es hacia los ciudadanos.<br />
-3. Su esencia es la disciplina de la verificación.<br />
-4. Sus profesionales deben ser independientes de los hechos y<br />
personas sobre las que informan.<br />
-5. Debe servir como un vigilante independiente del poder.<br />
-6. Debe otorgar tribuna a las críticas públicas y al compromiso.<br />
-7. Ha de esforzarse en hacer de lo importante algo interesante y<br />
oportuno.<br />
-8. Debe seguir las noticias de forma a la vez exhaustiva y<br />
proporcionada.<br />
-9. Sus profesionales deben tener derecho a ejercer lo que les dicta su conciencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Cebrián resume los nueve puntos en uno:</p>
<p style="text-align: justify;">El periodismo debe ser veraz e independiente.</p>
<p style="text-align: justify;">Y añade que esa frase resume la esencia del oficio de periodista. Este artículo puede ser un buen complemento al trabajo de Mompart.</p>
<p style="text-align: justify;">En mi opinión Mompart peca de idealista, pero no sé si eso es una virtud o un defecto. Creo que sus propuestas son utópicas en un mundo disgregado, caótico y obsesionado con el dinero, pero quizás su utopía sea más necesaria que nunca. La dirección parece adecuada. ¿Pero cuántos tendrán el valor de seguirla? ¿Cuántos reuniran sobre todo ese coraje que Brecht y Mompart exigían?</p>
<p style="text-align: justify;">Para concluir, algunas aportaciones personales:</p>
<p style="text-align: justify;">-Entiendo que el contexto en el que nos movemos es caótico. Y cada vez más. Me remito a Primera Plana, la película, quizás la mejor lección sobre el mundo del periodismo impartida por un periodista de origen austríaco que se convirtió en director de cine americano: Billy Wilder. Recomiendo encarecidamente su film del año 1974, una comedia cobre el descarnado y cínico mundo del periodismo, o quizás sobre el descarnado y cínico mundo a secas.</p>
<p style="text-align: justify;">-He vivido algunas situaciones absurdas. En televisión: un jefe de sección de Madrid nos pide imágenes de lluvia en Andalucía. Está lloviendo en Sevilla, pero están hartos de imágenes de Sevilla. Ellos quieren imágenes de Málaga. Nos enteramos de que en Málaga no llueve en ese momento. Pero como el pronóstico dice que lloverá, en Madrid se empeñan y nos vamos a Málaga. Tras dos horas y media de viaje, nos encontramos con un hermoso sol en un cielo completamente despejado.</p>
<p style="text-align: justify;">Conclusión: Quizá no sea positiva la obsesiva búsqueda de lo nuevo. Por otro lado, nosotros fuimos a Málaga porque se nos ordenó. Éramos simples asalariados. Me viene a la cabeza una frase: conseguir una noticia que la realidad no me estropee. Pero esta vez la realidad estropeó la noticia. La realidad no puede “crearse”aunque muchos periodistas lo intentan.</p>
<p style="text-align: justify;">-Pero hay esperanza. Hablé antes del “individuo que desempeña la profesión periodística”. Lo explicaré con una última anécdota.</p>
<p style="text-align: justify;">Trabajaba en la COPE, la radio de la Iglesia. Cubría una rueda de prensa de una asociación juvenil que presentaba una campaña a favor del preservativo. Mi jefe (otro jefe) de entonces había desarrollado una personalidad de tal carácter en aquella redacción que no había ningún problema para hablar del aborto o del preservativo en una emisora dependiente de la Conferencia Episcopal. Me encuentro con que el lema de la campaña es :”Sin preservativo, no jodas”. Informamos de la noticia en la radio sin ningún problema.</p>
<p style="text-align: justify;">Al salir del estudio, en la redacción, le comento a mi jefe:</p>
<p style="text-align: justify;">-Pues les iba a preguntar a esta gente si no les parecía un poco soez ese lema: “Sin preservativos, no jodas”.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y no se lo preguntaste?</p>
<p style="text-align: justify;">-No.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Por qué?</p>
<p style="text-align: justify;">-Pues porque iban a decir: “Ya está éste tocando las narices porque es de la COPE&#8230;”</p>
<p style="text-align: justify;">Mi jefe se enfadó conmigo. Empezó a chillarme brutalmente y me dijo que le había decepcionado como periodista. Me dijo que un periodista hacía las preguntas que él entendía que debía hacer, olvidándose del medio al que pertenecía. Y me dijo lo más importante, palabras que nunca olvidaré:</p>
<p style="text-align: justify;">-Ramón, tú no eres de la COPE. Tú eres de tu padre y de tu madre.</p>
<p style="text-align: justify;">Estaba enfadadísimo. No dejaba de gritar y de repetírmelo.</p>
<p style="text-align: justify;">-No se te olvide: tú eres de tu padre y de tu madre.</p>
<p style="text-align: justify;">Es decir, un periodista por muy pobre asalariado que sea, por muchas presiones que reciba, por muchas consignas, prisas, agobios e intereses que le rodeen, por mucha presión de un mundo obsesionado por lo comercial y por lo espectacular, un periodista siempre debe saber que él no pertenece a nadie, es decir “debe ejercer lo que le dicta su conciencia” tal y como sostenían Kovach y Rosenstiel .</p>
<p style="text-align: justify;">Yo confío en la persona que está detrás del periodista, en su autenticidad, en su honestidad y en su lucha utópica por construir un mundo mejor.</p>
<p style="text-align: justify;">Es cierto que el planteamiento es excesivamente individualista y que no deben despreciarse iniciativas muy válidas como el mencionado “periodismo cívico” o el impulso de códigos deontológicos que limiten ciertos abusos.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo de “un mundo mejor” suena ingenuo, pero me remito de nuevo al artículo de Cebrián cuando habla del caso Watergate:</p>
<p style="text-align: justify;">“Al fin y al cabo el éxito del Washington Post , su contribución a un cambio de rumbo en la historia política de la humanidad, se debe sobre todo a la perspicacia y la persistencia profesional de un reportero dedicado a la información local con buenos contactos con la comisaría de turno”.</p>
<p style="text-align: justify;">Puede por tanto que la solución esté en las personas y en su honestidad en el oficio del día a día.</p>
<p style="text-align: justify;">BIBLIOGRAFÍA</p>
<p style="text-align: justify;">-Cebrián, J.L. El oficio de periodista. Artículo publicado en EL PAÍS (17-6-02).</p>
<p style="text-align: justify;">-Colombo,F. (1998) Últimas noticias sobre el periodismo.</p>
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		<title>Una universidad con el rumbo torcido</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 16:57:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Luis Pulido Begines</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ El cometido de la universidad es formar de la mejor manera posible a la élite cultural y profesional del país. Sin embargo, son varias las razones que hacen que ese papel no se cumpla adecuadamente. El peor de todos los males que acucian a la universidad española quizás sea el disparate burocrático que lastra su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal; mso-pagination: none; mso-layout-grid-align: none; text-autospace: none;"> <span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-language: ES;" lang="ES">El cometido de la universidad es formar de la mejor manera posible a la élite cultural y profesional del país. Sin embargo, son varias las razones que hacen que ese papel no se cumpla adecuadamente. El peor de todos los males que acucian a la universidad española quizás sea el disparate burocrático que lastra su visión, su acción y hasta su misión como parte de la sociedad. Hay muchos factores de mejora posibles. Uno de ellos es el tratamiento adecuado del doble perfil científico y docente del profesor universitario. Pero, sobre todo, es preciso abandonar el “igualitarismo compasivo”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; line-height: normal;"><strong style="mso-bidi-font-weight: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; color: black;" lang="ES">1.- <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Igualitarismo en la universidad</em></span></strong><strong style="mso-bidi-font-weight: normal;"><em style="mso-bidi-font-style: normal;"></em></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES"><span style="mso-tab-count: 1;">            </span>La inadecuada comprensión del derecho constitucional a la igualdad repercute inicuamente sobre el conjunto de nuestro sistema educativo, pero es en la universidad donde causa los mayores estragos, o acaso mi cercanía profesional con este daño social me hace más sentidamente consciente de su ignominia.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES">Nadie se escandaliza por el hecho lógico y natural de que en la liga de fútbol profesional opere la más feroz de la meritocracias: se da por supuesto que para ser competitivos, los clubes de fútbol deben seleccionar y preparar a los mejores. Sin embargo, este mismo proceso selectivo resulta a algunos intolerablemente elitista cuando se trata de formar a las personas que van a tener en sus manos la salud de los demás, las carreteras, las centrales nucleares o la construcción de edificios.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES">Quienes rechazan la ambición elitista de la universidad van contra su propio fundamento. La universidad es elitista por naturaleza, porque su función principal es formar a la vanguardia intelectual de la sociedad, es decir, a los más capaces de cada generación, para que puedan asumir las tareas más complejas y de mayor responsabilidad<a style="mso-endnote-id: edn1;" title="" name="_ednref1" href="#_edn1"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[1]</span></span></span></span>. Es sencillo de entender que todos estamos abocados al fracaso si, como comunidad, no ponemos los medios para que las funciones más complicadas las realicen las personas con más talento. ¿Se ajusta nuestro actual sistema educativo a esta realidad y a las necesidades elementales que ella genera? No desde luego cuando este sistema impone, desde la base hasta la enseñanza superior, una igualación por abajo que obliga a los alumnos sobresalientes a adaptarse al ritmo y al horizonte de los menos dotados. ¿Cómo puede exigírsenos ser competitivos en un mundo globalizado si no estamos formando personas altamente cualificadas? ¿Acaso cabe un progreso estable y real relegando el esfuerzo y el merecimiento individual?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES">No cabe duda de que el poder público debe garantizar que nadie se quede fuera de la educación superior por falta de dinero. Un logro considerable de los años setenta y ochenta en España fue abrir a todas las capas de la sociedad lo que era hasta entonces una institución reservada a los pudientes. Se logró con ello que amplios sectores de la población accedieran, como nunca antes en nuestro país, a puestos directivos. Pero este ascenso, no se olvide, se basaba en la meritocracia; el solo hecho de acudir a la universidad en absoluto garantizaba la promoción social del alumno sin que éste demostrara antes su aptitud personal, aprobando todas las asignaturas (con enorme esfuerzo en muchas carreras). </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES">Hoy, por el contrario, es obligado reconocer que no todos los títulos acreditan la valía profesional pretendida. La manifiesta devaluación de algunos títulos es particularmente dramática en un mundo en el que la demanda de trabajos no cualificados o semi-cualificados disminuye progresivamente, debido a los adelantos tecnológicos y a la globalización. Como dice Tony Judt, “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">la única forma en que el mundo desarrollado puede responder de forma competitiva es mediante la explotación de su ventaja comparativa en las industrias avanzadas intensivas en capital, donde el conocimiento resulta decisivo”</em><a style="mso-endnote-id: edn2;" title="" name="_ednref2" href="#_edn2"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[2]</span></span></span></span>.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES">Soy consciente de que decir esto lo convierte a uno automáticamente en un peligroso reaccionario, en un insolidario conservador, pero es alentador que existan voces libres, inmunes a las presiones de las modas ideológicas, que comparten la inquietud por la situación actual de la universidad. Lean por ejemplo a Jordi Llovet en su reciente obra “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">Adiós a la universidad</em>”, o a Bermejo Barrera, Ruíz Paz, Cesar Antonio Molina<a style="mso-endnote-id: edn3;" title="" name="_ednref3" href="#_edn3"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[3]</span></span></span></span> o Vargas Llosa<a style="mso-endnote-id: edn4;" title="" name="_ednref4" href="#_edn4"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[4]</span></span></span></span>. Según el primero de ellos, el diagnóstico es claro y preocupante: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">Es consecuencia de este estado de cosas el que, en estos momentos, la transmisión del saber entre profesores y alumnos, también entre profesores y discípulos, haya perdido casi toda la eficacia que había tenido desde tiempos inmemoriales en el seno de la universidad</em>”<br />
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES">Desenmascaremos desde su raíz el “buenismo” compasivo que mina nuestra enseñanza. Negar las diferencias de capacidad es mera jerga, es hipocresía<a style="mso-endnote-id: edn5;" title="" name="_ednref5" href="#_edn5"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[5]</span></span></span></span>, igual que es pura propaganda fraudulenta utilizar la bandera de la democracia para defender un acceso indiscriminado al último tramo del saber académico<a style="mso-endnote-id: edn6;" title="" name="_ednref6" href="#_edn6"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[6]</span></span></span></span>. Dejemos de confundir igualdad de oportunidades con igualdad de resultados. En muchos campos de la existencia humana resulta repulsiva la distinción meritocrática y cualquier forma de aristocracia -etimológicamente “gobierno de los mejores”-. Sin embargo, cuando hablamos de formación, en el seno de una sociedad democrática que garantiza el acceso a la enseñanza sin discriminación, no veo qué tiene de malo establecer mecanismos que distingan y fomenten el mérito académico<a style="mso-endnote-id: edn7;" title="" name="_ednref7" href="#_edn7"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[7]</span></span></span></span>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES">Nuestros jóvenes observan en su etapa formativa que el esfuerzo y el estudio no es siempre recompensado ni reconocido socialmente. En el campo de los ingresos, vale más ser futbolista, guapo a dieta permanente o cotilla profesional que neurocirujano. Y respecto al ámbito del poder político, ya hemos comentado en otra parte que a él se llega por medio de criterios selectivos que manejan los partidos, bastante oscuros y antisociales. Nuestro imperfecto sistema democrático no está seleccionando ahora a los más capaces, sino a los más hábiles navegando en las procelosas aguas interiores de los partidos, donde más vale una puñalada a tiempo al “querido compañero”, que tres carreras y dos oposiciones. ¿Es ése el mensaje que queremos que reciban los jóvenes estudiantes a la hora de plantearse sus opciones de futuro?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES">El surgimiento de nuestro sistema político, esa democracia representativa que nos ha dado a lo largo de nuestra historia las mayores cotas de bienestar y libertad, estuvo basado en una “mesocracia meritocrática”<a style="mso-endnote-id: edn8;" title="" name="_ednref8" href="#_edn8"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[8]</span></span></span></span>. Para nuestros tatarabuelos empezó a ser intolerable que existieran derechos adquiridos por nacimiento, ajenos a cualquier mérito o capacidad de la persona, y fue esa convicción moral la que alentó los sacrificios humanos que consiguieron sustituir el feudalismo y la aristocracia de cuna por otras formas de promoción social más democráticas y al alcance de todos. Hoy, sin embargo, parece que olvidamos que esta fórmula funciona sólo si efectivamente se premia el mérito y el esfuerzo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES">La universidad debe cumplir su papel. Su cometido es formar a la élite cultural y profesional del país, sin pudor ni complejos, porque para eso está. Ello no es ni antidemocrático ni antisocial<a style="mso-endnote-id: edn9;" title="" name="_ednref9" href="#_edn9"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[9]</span></span></span></span>, siempre que se garantice que nadie se queda fuera de las aulas por falta de medios económicos y siempre que la alternativa para los estudiantes que no alcanzan el nivel superior tenga la calidad que igualmente merecen. Esta condición nos conduce al controvertido asunto del papel de la FP en España. Nadie ha dado con la fórmula para dignificar y promover esos estudios, debido a la estigmatización que sufre esta formación por un resabio antiguo y arraigado entre los españoles, que desdeña todo lo que huele a “trabajo manual”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES">Pero, retomando el problema en el ámbito superior de la enseñanza, tal vez habría que empezar por reconocer que la última reforma de nuestra educación superior, el “Plan Bolonia”, va justo en dirección contraria a la solución. Primero, porque hoy pueden quedarse fuera de los estudios superiores alumnos que, pese a su talento, no tienen capacidad para costearse un master. Y, segundo, porque premia con todo tipo de facilidades a los estudiantes que no superan los objetivos que sería razonablemente exigir, en detrimento de aquellos otros más brillantes o tenaces (haciendo además casi imposible, por ejemplo, estudiar y trabajar a la vez).<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>La perversión del vigente sistema radica en que da las mismas oportunidades a los que se esfuerzan que a los que no hacen nada, en lugar de ayudar a los que realmente trabajan<a style="mso-endnote-id: edn10;" title="" name="_ednref10" href="#_edn10"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[10]</span></span></span></span>. Como recientemente ha señalado García de Cortázar, ante una crisis de tan colosales dimensiones como la nuestra, quizás sea el momento para considerar una intervención enérgica: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">Será este el mejor momento para considerar si ya es hora de reemplazar un pacto desdichado entre quienes optaron por la ley del mínimo esfuerzo y quisieron convertirla en norma para todos los miembros de la comunidad educativa. Será el momento de preguntarnos por qué se ha colado la idea de que es más democrática una formación que no atiende a la diversidad de las capacidades individuales y por qué se ha defendido un modelo de enseñanza en el que requerir un esfuerzo se considera una agresión, y solicitar respeto, un atentado. Será el momento de pedir a la Administración que aclare qué entiende por excelencia del profesorado, por valoración de su trabajo y por dignificación de su esfuerzo, a no ser que prefiera seguir desalentando a los más capaces para satisfacer la rutina de los más acomodados. Medidas que no llegarán sin resistencia, pero cuya ejecución se refiere a un paciente en estado grave, cuyo organismo ya no tolera paños calientes”</em><a style="mso-endnote-id: edn11;" title="" name="_ednref11" href="#_edn11"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[11]</span></span></span></span><em style="mso-bidi-font-style: normal;">. </em></span></p>
<p class="MsoListParagraphCxSpFirst" style="margin: 0cm; margin-bottom: .0001pt; mso-add-space: auto; text-align: justify; line-height: normal;"><strong style="mso-bidi-font-weight: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> </span></strong></p>
<p class="MsoListParagraphCxSpLast" style="margin: 0cm; margin-bottom: .0001pt; mso-add-space: auto; text-align: justify; line-height: normal;"><strong style="mso-bidi-font-weight: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman';" lang="ES">2.- <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Delirio burocrático</em></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES">Visto desde dentro, el peor de todos los males que acucian a la universidad española quizás sea el disparate burocrático que lastra su visión,<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>su acción y hasta su misión como parte de la sociedad. A ello se refería recientemente Adela Cortina, reputada catedrática de filosofía moral de la Universidad de Valencia, en una entrevista publicada en la revista Unelibros<a style="mso-endnote-id: edn12;" title="" name="_ednref12" href="#_edn12"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[12]</span></span></span></span>; a la pregunta de si está la universidad española preparada para hacer frente a los nuevos retos, respondía: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">La universidad española necesita una profunda reforma para ponerse a la altura de lo que la sociedad necesita de ella. Claro que hay en ella gentes y grupos valiosos, pero no les ayuda a serlo esa estructura burocrática, hecha de un reglamentismo absurdo que no mejora la calidad…</em>”</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES"><span style="mso-tab-count: 1;">            </span>Los sucesivos órganos rectores de la Universidad española han sido cautivados en los últimos años por cantos de sirenas que hablan de calidad y competitividad, al son de las melodías políticas del momento. En poco tiempo, la enseñanza superior y la investigación se han resignado a condicionar su quehacer al ritmo paquidérmico que imponen burócratas que a estas alturas aún creen que más papeleo es sinónimo de eficiencia.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES"><span style="mso-tab-count: 1;">            </span>Es el delirio del mensurador loco para el que todo es medible, no importa si la medida vale para algo o no. Este proceso en el que la burocracia se justifica a sí misma, genera conforme se implanta nuevas necesidades absurdas, o de finalidad desconocida, siguiendo implacablemente la máxima “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio</em>”<a style="mso-endnote-id: edn13;" title="" name="_ednref13" href="#_edn13"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[13]</span></span></span></span>. Con buen tino, los alemanes –que andan de vuelta de esta calamidad que también padecieron- lo denominan “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">Paperkrieg</em>”, guerra de papel. Y no crean que exageran los tudescos, porque con la excusa burocrática, es una agresión en toda regla lo que sufrimos los que tratamos de dedicarnos a la enseñanza superior y a la investigación. Cuánto tiempo, energía y recursos perdidos en perjuicio de una y otra gracias al burocratismo de despacho.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">La moderna universidad española está sujeta a un poder etéreo. Es un poder que la domina a través del anonimato de oficinas que se alimentan a sí mismas con nuevos e incesantes mecanismos rutinarios de control; éstos, además, cambian constantemente y se suceden como experimentos huecos, mal pensados, inmaduros. El resultado de todo ello es una considerable pérdida de tiempo tributado a causas de resultado ignoto, pues muchos de estos obsesivos procesos burocráticos desembocan en nada, mientras la información obtenida se archiva en los oscuros recovecos de la más penosa inutilidad. ¿Es razonable que para organizar y evaluar la actividad académica se emplee a veces más tiempo que para ejecutar la propia actividad? Rotundamente no. Se ha hecho del control de la gestión de la actividad académica e investigadora no sólo un fin en sí mismo<a style="mso-endnote-id: edn14;" title="" name="_ednref14" href="#_edn14"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[14]</span></span></span></span>, sino un fin superior a todo lo demás. No puede sorprender así que cada vez sea mayor la proporción de profesores universitarios que deben ocupar cargos de gestión, en detrimento de su producción científica.<br />
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">El culmen de la espiral burocrática en la gestión de las universidades ha venido de la mano del Sistema de Bolonia, un cajón de sastre usado no pocas veces para justificar muchos de los excesos que desvían a la enseñanza y a la investigación de su sustancia. En el nuevo marco de la planificación docente, se convocan reuniones y más reuniones, que a su vez promueven comisiones, de las que surgen subcomisiones y demás fórmulas de escapismo del trabajo que realmente hay que hacer: enseñar, estudiar, investigar. Entretanto, la exigencia a los profesores se centra en menudencias elevadas a la categoría de objetivos obligados, expresados en un lenguaje pseudo-pedagógico vacío de contenido, como programar los cursos con muchos meses de adelanto y descendiendo al detalle de días y horas, sin atender al hecho evidente de que la realidad es cambiante y que en muchas disciplinas ese grado de anticipación es imposible. Parece que el logro de la planificación pedagógica universitaria haya sido importar los métodos de la enseñanza primaria o, peor aún, imitar el estilo de los planes quinquenales de la Unión Soviética. El camino tomado es justo el contrario del que conduce a una enseñanza comparativamente superior, tropieza abiertamente con la libertad de cátedra y quebranta el clima que debe darse en los centros universitarios para que la libertad de pensamiento fructifique<a style="mso-endnote-id: edn15;" title="" name="_ednref15" href="#_edn15"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[15]</span></span></span></span>.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">      Ante este deterioro, demasiados profesores universitarios se muestran dispuestos a seguir toda clase de normas, sumisa y acríticamente. La tolerancia mal entendida y la inacción han sido verdaderamente autodestructivas<a style="mso-endnote-id: edn16;" title="" name="_ednref16" href="#_edn16"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[16]</span></span></span></span>. Con su ironía característica, el profesor Bermejo Barrera describe así la situación: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">Los nuevos gestores y evaluadores consiguen hacer de la confusión virtud y parecen aplicar –seguramente sin saberlo- una estrategia militar básica, que se asienta en tres puntos: confundir al enemigo, desorientarlo y al final sorprenderlo, en este caso con una nueva normativa, una nueva convocatoria, o un nuevo formato digital, que a ser posible lleve consigo la descarga de algún nuevo software caracterizado por su natural tendencia a colgarse, seguramente porque fue diseñado de la forma más compleja posible (normal en una sociedad cortesana)”</em><a style="mso-endnote-id: edn17;" title="" name="_ednref17" href="#_edn17"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[17]</span></span></span></span>. Se diría que, en uno de esos movimientos pendulares tan españoles, hemos pasado de un sistema en el que el profesor universitario podía ejercer su oficio en la más absoluta arbitrariedad<a style="mso-endnote-id: edn18;" title="" name="_ednref18" href="#_edn18"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[18]</span></span></span></span>, a otro en el que se pretende reglar cada uno de sus movimientos, de manera poco o nada acorde con el derecho constitucional a la libertad de cátedra.<span style="mso-tab-count: 1;"><br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">¿Cómo hemos llegado a este sistema? Posiblemente la respuesta apunta a la colonización que en los últimos años ha sufrido la enseñanza universitaria por parte de “pedagogos” bien avenidos con el poder, que no cesan en su empeño por convertir las Facultades y Escuelas Superiores españolas en Institutos de FP. Pero no poca culpa corresponde también a sucesivas generaciones de gestores universitarios que parecen llevar a gala una completa falta de <em style="mso-bidi-font-style: normal;">pasión intelectual</em>, s</span><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES">egún la adecuada denominación empleada por Jordi Llovet<a style="mso-endnote-id: edn19;" title="" name="_ednref19" href="#_edn19"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-bidi-font-weight: bold;"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[19]</span></span></span></span></span>. A ellos debemos que<span style="mso-bidi-font-weight: bold;"> hoy los campus universitarios sean unos de los ecosistemas laborales más nocivos, dominados por la manipulación cortijera, las malas pulgas, el rencor, la envidia y el deshonor, hasta el punto de que, según palabras del mismo autor: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">las reuniones de los departamentos universitarios son lo que más se parece al campo de Agramante o a un trueque o un regateo de bagatelas en un bazar<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>oriental, y así casi todo: rara vez se encuentran en el mundo «civil» extrauniversitario formas de vida y actitudes tan cargadas de bajeza y ruindad. Mientras tanto, la universidad se degrada, los buenos proyectos no llegan a buen fin y todo entra en un estado de morbosidad indefinible, sin paliativos, ni solución, ni cura</em>”<a style="mso-endnote-id: edn20;" title="" name="_ednref20" href="#_edn20"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[20]</span></span></span></span>.</span></span><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; color: red; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES"><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">En definitiva, este estulto proceso de burocratización es completamente contrario al ideal universitario: contrario a su ingenio crítico, a su proyecto de saber y a su anhelo de avance. Su aceptación pasiva y sumisa por parte de muy buena parte del profesorado universitario ha producido, como resultado, que hoy día muy pocos académicos puedan ser considerados verdaderos intelectuales, en el sentido clásico de la palabra. Porque es sencillamente imposible, como señala Adela Cortina, ser, a la vez, intelectual, docente y gestor universitario. Sin embargo, eso es lo que se pretende que hoy sean los profesores universitarios. Y si muchos de ellos aceptan mansamente, año tras año, en progresión creciente, desempeñar tareas y cargos inútiles, es porque, en buena medida, es mucho más fácil ser un burócrata que un pensador, y más descansado, y menos comprometido. Así que a rellenar encuestas y formularios, en vez de entregarse a la duda constante del investigador, o a la disciplina analítica y creativa que requiere parir libros o artículos científicos. Sánchez Ferlosio piensa que no podemos ser optimistas: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">La burocratización de la enseñanza, en alguna medida inevitable si se trata de tener una enseñanza oficial, reglamentada, unificada y “homologadamente válida” –aunque no en el sentido de validez cognoscitiva, sino de mera validez jurídica, no ha podido por lo menos de producir grandes destrozos en los contenidos</em>”<a style="mso-endnote-id: edn21;" title="" name="_ednref21" href="#_edn21"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[21]</span></span></span></span>. Yo no sé hasta qué punto podemos parar esta deriva, pero acaso este discruso mío sea la prueba de que aún confío en su posibilidad</span><strong></strong></p>
<h3><strong><em>3.- La ciencia en la universidad</em></strong></h3>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">Vivimos una época que se ha dado en llamar de ciencia <em style="mso-bidi-font-style: normal;">postacadémica</em>, debido al hecho de que en una parte muy significativa del mundo la mayoría de la actividad científica se lleva a cabo en el ámbito de la empresa privada.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES"><span style="mso-tab-count: 1;">            </span>Sin embargo, no es así en España. En nuestro país se da la circunstancia de que la mayor parte de la investigación científica se desarrolla en la que tradicionalmente fue su hogar fundamental: la universidad. Mientras en los EE.UU. ocho de cada diez científicos trabajan en empresas, la media europea es de cinco de cada diez, y en España la cifra baja a tres de cada diez<a style="mso-endnote-id: edn22;" title="" name="_ednref22" href="#_edn22"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[22]</span></span></span></span>. De ahí la importancia de que nos preguntemos si la universidad española constituye actualmente un marco adecuado para el desarrollo de la tarea científica<strong>.</strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"><strong></strong><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">       Tanto la <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Ley de la Ciencia. la Tecnología y la Innovación</em> como la recientemente aprobada <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Reforma educativa</em> contienen algunas medidas esperanzadoras que van, a mi juicio, en buena dirección. Pero no tratan suficientemente un factor crucial para el desarrollo de la ciencia en España: me refiero, en particular, al doble perfil científico y docente del profesor universitario.<span style="mso-tab-count: 1;">         </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">Unamuno señala como mal de la Universidad de su época la falta de investigación y el hecho de que algunos profesores (<em style="mso-bidi-font-style: normal;">haraganes y cobardes intrigantes</em>, decía), se limitaran a impartir sus clases, empleando la cátedra como trampolín hacia puestos más lucrativos o socialmente más apetecibles<a style="mso-endnote-id: edn23;" title="" name="_ednref23" href="#_edn23"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[23]</span></span></span></span>. Afortunadamente, la innegable evolución de la Universidad y de la sociedad, a la que aquélla debe servir, han ampliado nuestro horizonte, y hoy la legislación establece sin concesiones al pasado la necesidad de que la figura del profesor universitario aúne tareas –y aptitudes- docentes e investigadoras<br />
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">La Universidad española, tras la maduración que representa la naturaleza híbrida de la función magistral, ha dado un salto cualitativo notable en los últimos treinta años, impulsada sobre todo gracias a la promoción de la investigación de calidad. Se han multiplicado las tesis, publicaciones, patentes, etc., algunas de excepcional mérito. Cuando al comienzo de mi carrera salía al extranjero, notaba la poca atención que nos prestaban a los españoles en los Institutos Científicos, pero soy testigo de cómo esa percepción ha ido cambiado con el pasar de los años, trocándose en respeto y, en algunos casos, hasta en admiración. En algunos campos punteros, la ciencia española comienza a ser tenida en cuenta fuera de nuestras fronteras y todos podemos participar de este orgullo. Pero este sentimiento grato que produce el avance no puede vivirse pasivamente; todo lo contrario, la ciencia y la investigación requieren su constante fomento en la Universidad, que es su medio natural. Y es quizás en la actividad de fomento donde conviene señalar algunas disfunciones que merecen un replanteamiento.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">En la práctica, las recientes reformas de nuestros planes de estudio y de la normativa universitaria en general parecen relegar el componente científico del profesor, primando desproporcionadamente la tarea docente, al amparo del proceso de Bolonia y en un marco de restricciones presupuestarias. Ello, unido al incremento de las tareas puramente burocráticas, supone que la casi totalidad de la dedicación horaria del profesor ha de emplearse en tareas no científicas, hasta el punto de que quien pretende mantener el esfuerzo investigador ha de sacrificar, cada vez más, su tiempo personal y familiar.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">Como media, un profesor español dedica a la docencia en el aula o laboratorio una media de siete u ocho horas a la semana, con clases que requieren a su vez una preparación y actualización constante. Sumemos a las horas de preparación e impartición las de tutoría, las reuniones del Departamento o la Facultad y, sobre todo, la increíble cantidad de tiempo que ha de emplearse en farragosos trámites burocráticos que se retroalimentan inútilmente ¿Cuándo se investiga? Margarita Salas lo ha expresado recientemente con claridad meridiana: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">los que hacen investigación son héroes porque prácticamente no tienen tiempo</em>. <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Eso hace que muchos tiren la toalla. Llega un momento en el que no pueden más</em>”<a style="mso-endnote-id: edn24;" title="" name="_ednref24" href="#_edn24"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[24]</span></span></span></span>. Debe tenerse en cuenta que el investigador lo es a tiempo completo, <em style="mso-bidi-font-style: normal;">pues debe estar casi siempre regurgitando sus pensamientos si pretende conseguir una obra original</em><a style="mso-endnote-id: edn25;" title="" name="_ednref25" href="#_edn25"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[25]</span></span></span></span>, por lo que el grado de dedicación que requiere la profesión académica es mucho mayor que en otro tipo de trabajos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES"><span style="mso-tab-count: 1;">            </span>Llegados a este punto, hemos de seguir preguntándonos en qué se diferencia una Universidad sin investigación de un Instituto de Enseñanza Media. En su momento, Ortega clamaba: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">La Universidad española se distingue del Instituto en que los libros de texto tienen cien páginas más… Por lo demás, tan Instituto y tan escuela es lo uno como lo otro</em>”. Ciento cuatro años más tarde, parece que su voz conserva parte de actualidad, en la medida en que aquella pregunta no termina de responderse con suficiente limpieza.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">El profesor universitario debe investigar porque es su obligación como miembro de una institución que, sin vanguardia en el conocimiento, pierde su razón de ser y, además,<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>porque ha de estar en posición de transmitir a los alumnos y discípulos una perspectiva crítica de los hechos y un espíritu científico que desaparece si le falta la tensión constante con la realidad y la atención a las nuevas aportaciones, sea cual sea el lugar del mundo donde se produzcan. Sin el propósito del descubrimiento o del avance intelectual se corre el riesgo, consumado muchas veces en la práctica, de transmitir a los alumnos contenidos pobres o estáticos y de convertir, en definitiva, a la Universidad en un trasunto de Enseñanza Media o, en el mejor de los casos, en una mera maquinaria de producción de títulos con valor más nominal que real.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES"><span style="mso-tab-count: 1;">            </span>El fomento de la investigación ha de premiar la excelencia científica, que no es sólo una compensación económica, sino un “aliento” en todos los sentidos, buscando efectivamente el equilibrio adecuado en el doble papel del profesorado. Es necesario un nuevo modelo de financiación universitaria que contemple con atención principal y no tangencial la creación de complementos de excelencia científica y de innovación. Pero, sobre todo, tiene que clarificarse el valor que respectivamente haya de reconocerse al componente docente y al investigador centro de la carrera y la actividad cotidiana del profesor universitario. En la actualidad, por ejemplo, la dirección de una tesis doctoral equivale en mi Universidad a una reducción de un crédito anual de la carga docente del profesor, es decir, ¡el equivalente a unas ocho horas de clase presencial! Cualquiera que haya sido doctorando sabe que es más, muchísimo más, el tiempo que esta labor requiere. Por eso no puede sorprender que sean cada vez más los profesores que se muestran reacios a dirigir tesis doctorales.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">       La visión de futuro de la ciencia y la tecnología requieren un sistema universitario que se alimente de ambos nutrientes y garantice su obtención de manera constante y en su justa proporción. Un profesor universitario español puede en la actualidad enfocar su profesión hacia la docencia exclusivamente, o puede además tratar de ampliar su magisterio con el fruto del esfuerzo investigador. Entre ambas opciones existe una diferencia cualitativa y cuantitativa que las separa en el orden académico y que merece un nuevo equilibrio, pero éste no puede consistir sólo en remunerar el esfuerzo investigador, sino, sobre todo, en valorarlo al repartir la carga docente, de manera que los profesores que no aporten producción científica vean incrementadas sus horas lectivas para compensar el desajuste.<span style="mso-spacerun: yes;">  </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">Es bueno y necesario que nuestra sociedad sepa que al profesorado de la Universidad española que sigue investigando no le mueve el dinero, como lo es también que pueda medir y valorar su dedicación, a menudo incomprendida por los propios compañeros y, peor aún, denostada por el recelo de los que simplemente no tienen vergüenza y utilizan la universidad para disfrutar cuotas de poder completamente antiacadémicas<a style="mso-endnote-id: edn26;" title="" name="_ednref26" href="#_edn26"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[26]</span></span></span></span>. Para que la Universidad siga siendo cuna de la ciencia debe hacerse lo posible para que pasen a ser mayoría los profesores-científicos, frente a los meros docentes, encargados de transmitir un conocimiento a cuya creación no contribuyen.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES"><span style="mso-tab-count: 1;">      </span>Pese a todo, la producción científica española crece de manera cuantitativamente muy relevante. El número de publicaciones es, a veces, hasta excesivo. Pero no siempre se hace ciencia de calidad. ¿Dónde está el origen del desfase? A mi juicio, ello radica claramente en que la producción científica en la universidad se ha burocratizado hasta extremos caricaturescos, de manera que, se haga ciencia de calidad o no, parece que a la universidad española eso no le resulta tan importante: lo que interesa es publicar como sea, más que aportar o innovar.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES"> Una vez más nos encontramos con un fenómeno que no es nuevo por estos lares. Volviendo a Unamuno, señalaba el rector de Salamanca que <em style="mso-bidi-font-style: normal;">acaso sea España el país en que, a igualdad de ignorancia, se publiquen más trabajos acerca de la cuadratura del círculo… del idioma paradisíaco, o de la inmortalidad del cangrejo… por muchos se cultiva de intento la ignorancia</em><a style="mso-endnote-id: edn27;" title="" name="_ednref27" href="#_edn27"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">[27]</span></span></span></span>.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; color: red; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES"> </span><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">En las universidades españolas, sobre todo en las cafeterías de sus diversas facultades, pululan todavía ejemplares de docentes que critican el esfuerzo investigador de sus colegas, considerándolo una tarea que va en detrimento de la calidad de su docencia. Pero estoy seguro de que en la mayoría de los casos, más que auténtica estupidez, que también, esta postura esconde frustración, culpa, puede que envidia. Es una especie universitaria dañina, más que por su capacidad para lastrar el progreso investigador ajeno, porque manda un mensaje equívoco a los alumnos: el de que los profesores que investigan responden a un modelo de profesor egocéntrico que se vuelca vanidosamente en la tarea de construcción de un curriculum, en detrimento de las clases que imparte a los alumnos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES">Quizás la única solución, si otro remedio no se encuentra, sea configurar una carrera científica como algo distinto y no necesariamente ligado a la docencia. A mí me parece una mala solución, que perjudica claramente la calidad de la enseñanza que reciben los alumnos, pero lo que no puede pedírsele al profesor universitario es que esté en misa y repicando.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-bidi-font-weight: bold;" lang="ES"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; line-height: normal;"><span lang="ES"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="mso-margin-top-alt: auto; mso-margin-bottom-alt: auto; text-align: justify; line-height: normal;"><span style="font-size: 12.0pt; font-family: Times; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-fareast-language: ES;"> </span></p>
<div style="mso-element: endnote-list;">
<p>&nbsp;</p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div id="edn1" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn1;" title="" name="_edn1" href="#_ednref1"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[1]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> JUDT, T<em style="mso-bidi-font-style: normal;">., El refugio de la memoria</em>, Madrid, 2011, p. 157.</span></p>
</div>
<div id="edn2" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn2;" title="" name="_edn2" href="#_ednref2"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[2]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES">JUDT, T., <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Algo va mal</em>, Madrid, 2010, p. 169. </span></p>
</div>
<div id="edn3" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText"><a style="mso-endnote-id: edn3;" title="" name="_edn3" href="#_ednref3"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[3]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES">“<em style="mso-bidi-font-style: normal;">Mohicanos y bárbaros en el gueto</em>”, en “El País” de 29 de mayo de 2012.</span></p>
</div>
<div id="edn4" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText"><a style="mso-endnote-id: edn4;" title="" name="_edn4" href="#_ednref4"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[4]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> VARGAS LLOSA, M., <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La civilización del espectáculo</em>, Madrid, 2012, p. 84.</span></p>
</div>
<div id="edn5" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn5;" title="" name="_edn5" href="#_ednref5"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[5]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> JUDT, T<em style="mso-bidi-font-style: normal;">., El refugio de la memoria</em>, cit., p. 157.</span></p>
</div>
<div id="edn6" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn6;" title="" name="_edn6" href="#_ednref6"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[6]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> “L<em style="mso-bidi-font-style: normal;">a defensa banal e indiscriminada de la democracia como garantía de acceso universal al saber una falacia”. Así, </em><span style="mso-spacerun: yes;"> </span>LLOVET, J., <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Adiós a la universidad</em>, Madrid, 2011, pp. 315 y 353. Según dicho autor: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">ninguna sociedad puede arrinconar esta aristocracia natural o de mérito, cosa que no tiene nada que ver con la clase aristocrática de cualquier tipo de </em>Ancien Régime<em style="mso-bidi-font-style: normal;">. Se trata, simplemente, de considerar que toda sociedad precisa de una élite, o, por decirlo en términos geométricos, una cúspide de la pirámide cultural constituida por los ciudadanos más preparados, siempre en el bien entendido de que esta punta de lanza de la pirámide…esparza su excelencia por todo el resto de la sociedad</em>”.</span></p>
</div>
<div id="edn7" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn7;" title="" name="_edn7" href="#_ednref7"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[7]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> Sobre este asunto reflexiona ampliamente Jordi LLOVET, en su obra, <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Adiós a la universidad</em>, cit., pp. 277 ss.</span></p>
</div>
<div id="edn8" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"><a style="mso-endnote-id: edn8;" title="" name="_edn8" href="#_ednref8"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 10.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[8]</span></span></span></span></span><span style="font-size: 10.0pt; font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;" lang="ES"> Resulta significativo lo que señala ARISTÓTELES, en su <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Política</em>: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">los buenos legisladores han salido de la clase media. Solón se encontraba en este caso, como lo atestiguan sus versos; Licurgo pertenecían a esta clase, puesto que no era rey; con Carondas y con otros muchos sucede lo mismo</em>” (Libro VI, cap. IX).</span></p>
</div>
<div id="edn9" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn9;" title="" name="_edn9" href="#_ednref9"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[9]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> En la misma línea, refiriéndose a la cultura en general, por ejemplo, Cesar Antonio Molina. Vid., “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">Mohicanos y bárbaros en el gueto</em>”, en “El País” de 29 de mayo de 2012.</span></p>
</div>
<div id="edn10" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn10;" title="" name="_edn10" href="#_ednref10"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[10]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> ADELA CORTINA, catedrática de filosofía moral, en una entrevista en la revista Unelibros, núm. 21, otoño 2010, p. 7.</span></p>
</div>
<div id="edn11" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn11;" title="" name="_edn11" href="#_ednref11"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[11]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">La imaginación sin poder</em>”. Publicado en <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La Tercera</em> de ABC del 18 de marzo de 2012.</span></p>
</div>
<div id="edn12" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn12;" title="" name="_edn12" href="#_ednref12"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[12]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> Núm. 21, otoño 2010, p. 7.</span></p>
</div>
<div id="edn13" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn13;" title="" name="_edn13" href="#_ednref13"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[13]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> SÁNCHEZ FERLOSIO, R., <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La hija de la guerra y la madre de la patria</em>, Barcelona, 2002, p. 33.</span></p>
</div>
<div id="edn14" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn14;" title="" name="_edn14" href="#_ednref14"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[14]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> En este sentido, entre otros, LLOVET, J., <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Adiós a la universidad</em>, cit., pp. 283-284 ; y BERMEJO BARRERA, J.C., <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La fábrica de la ignorancia. La universidad del “como si”</em>, <em style="mso-bidi-font-style: normal;">”</em>, Madrid, 2009, p. 65.</span></p>
</div>
<div id="edn15" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn15;" title="" name="_edn15" href="#_ednref15"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[15]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> Así lo ha señalado lo mejor del pensamiento europeo. Por ejemplo, SCHLEIERMACHER, F., <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Gelegentliche Gedanken über die Universitäten im deutschen Sinn</em>, Berlín, 1808, pp. 22 ss. (cita extraída de LLOVET, J, Adiós a la universidad, cit., p. 53: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">El verdadero espíritu de la universidad consiste en dejar que reine la mayor libertad en el seno de cada una de sus facultades. Es completamente estúpido ordenar normativamente el orden en que los cursos deben sucederse, o dividir el conjunto de los saberes en sectores delimitados… Ello significaría un acicate al estancamiento; por el contrario, cada dominio científico queda insuflado con una nueva vida cuando los individuos, sobre todo de formación diferente, retoman su estudio desde sus fundamentos… A ello se debe que la preponderancia de enseñanzas con un título fijo manifieste una mentalidad más escolar que verdaderamente universitaria</em>”.</span></p>
</div>
<div id="edn16" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn16;" title="" name="_edn16" href="#_ednref16"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[16]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> BERMEJO BARRERA, J.C., <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La fábrica de la ignorancia. La universidad del “como si”</em>, cit. p. 71, quien añade que en la universidad española actual parece estar vigente el concepto de <em style="mso-bidi-font-style: normal;">servidumbre voluntaria</em>.</span></p>
</div>
<div id="edn17" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn17;" title="" name="_edn17" href="#_ednref17"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[17]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La fábrica de la ignorancia. La universidad del “como si, </em>p. 54.</span></p>
</div>
<div id="edn18" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn18;" title="" name="_edn18" href="#_ednref18"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[18]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> Decía UNAMUNO (<em style="mso-bidi-font-style: normal;">De la enseñanza superior en España</em>, cit., p. 29) que <em style="mso-bidi-font-style: normal;">en nuestro sistema de enseñanza puede hacer un catedrático lo que le dé la gana, que es el funcionario más libre e irresponsable que haya</em>. Sobre tales movimiento pendulares de nuestra historia decía JIMÉNEZ LOZANO (<em style="mso-bidi-font-style: normal;">Los cementerios civiles y la heterodoxia española</em>, Madrid, 1978, p. 27) que <em style="mso-bidi-font-style: normal;">“…cuando oscila unos milímetros hacia un lado: el lado del progreso, el de la apertura al futuro o simplemente a la realidad del mundo moderno, se desplaza diez metros en el otro sentido: en el de la seguridad, de la inmovilidad, la tradición, el orden, la inercia mental; como si se temiera que, de otro modo, fuera a descomponerse todo el mecanismo del ser de España, de la ortodoxia-españolidad</em>”. </span></p>
</div>
<div id="edn19" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn19;" title="" name="_edn19" href="#_ednref19"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[19]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Adiós a la universidad</em>, cit., p. 352, según el cual: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">las universidades se hallan dominadas en demasía, en estos momentos, por individuos desprovistos de la menor pátina de </em>pasión intelectual<em style="mso-bidi-font-style: normal;">, expresión que, en opinión del autor, quiere decir poseer, a un tiempo, una pasión por el conocimiento, un interés por la educación y por la política, y una cierta preocupación de orden moral que lo arropa todo</em>”.</span></p>
</div>
<div id="edn20" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn20;" title="" name="_edn20" href="#_ednref20"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[20]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Adiós a la universidad</em>, cit., pp. 136-137 y 266.</span></p>
</div>
<div id="edn21" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn21;" title="" name="_edn21" href="#_ednref21"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[21]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> SÁNCHEZ FERLOSIO, R., <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La hija de la guerra y la madre de la patria</em>, cit., p. 32.</span></p>
</div>
<div id="edn22" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn22;" title="" name="_edn22" href="#_ednref22"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[22]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> CLEMENTE ÁLVAREZ, <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La carrera científica está en crisis, según la OCDE</em>, El País, 24 de mayo de 2006.</span></p>
</div>
<div id="edn23" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn23;" title="" name="_edn23" href="#_ednref23"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[23]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> También BERMEJO BARRERA, J.C., <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La fábrica de la ignorancia. La universidad del “como si”</em>, cit., pp. 21-22, señala que en la España del siglo XIX y principios del XX, los puestos de profesor fueron casi siempre paso previo en una carrera política.</span></p>
</div>
<div id="edn24" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn24;" title="" name="_edn24" href="#_ednref24"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[24]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> Entrevista en la revista <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Unelibros</em>, núm. 19, otoño 2009, p. 14.</span></p>
</div>
<div id="edn25" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn25;" title="" name="_edn25" href="#_ednref25"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[25]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> BERMEJO BARRERA, J.C., <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La fábrica de la ignorancia. La universidad del “como si”</em>, cit. p. 74.</span></p>
</div>
<div id="edn26" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn26;" title="" name="_edn26" href="#_ednref26"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[26]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> Este grupo ha sido en muchas ocasiones y en muchas universidades predominante, confirmando así el juicio de UNAMUNO (<em style="mso-bidi-font-style: normal;">De la enseñanza superior en España</em>, <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Obras Completas</em>, tomo VIII, <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Ensayos</em>, Madrid, 2007, p. 13) de que en España predomina una concepción <em style="mso-bidi-font-style: normal;">beneficiaria u hospiciana</em> de la universidad, que es un <em style="mso-bidi-font-style: normal;">hospicio de sectarios docentes</em>. Siguiendo con don Miguel, éste, con sorna, comentaba la jornada de estos profesores exclusivamente docentes: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">se endilga la lección y ya es domingo para el resto del día</em>”. Según UNAMUNO, el ser catedrático es un oficio, un modo de vivir, se pesca la propiedad de una cátedra, no se mera posesión: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">Es corriente el creer que la oposición da un derecho natural, incontrovertible, anterior y superior a la ley</em>”.</span></p>
</div>
<div id="edn27" style="mso-element: endnote;">
<p class="MsoEndnoteText" style="text-align: justify;"><a style="mso-endnote-id: edn27;" title="" name="_edn27" href="#_ednref27"></a><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"><span style="mso-special-character: footnote;"><span class="MsoEndnoteReference"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">[27]</span></span></span></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman';" lang="ES"> UNAMUNO, M., <em style="mso-bidi-font-style: normal;">De la enseñanza superior en España</em>, cit., p. 25.</span></p>
</div>
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<p>&nbsp;</p>
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		<title>Insidias sobre la autoría del «Quijote»</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 16:56:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Tijeras</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por la extensa serie de libros traducidos y publicados en España, creo que el profesor norteamericano Martin Gardner goza de buena reputación. Sus numerosos y amenos comentarios acerca de pasatiempos matemáticos —recopilaciones de artículos publicados en Scientific American—  han hecho las delicias de quienes, en línea con las paradojas y el estilo Lewis Carroll, necesitan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Por la extensa serie de libros traducidos y publicados en España, creo que el profesor norteamericano Martin Gardner goza de buena reputación. Sus numerosos y amenos comentarios acerca de pasatiempos matemáticos —recopilaciones de artículos publicados en <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Scientific American</em>—<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>han hecho las delicias de quienes, en línea con las paradojas y el estilo Lewis Carroll, necesitan el efecto lúdico e ingenioso para tragar la seca disciplina de la ecuación y la geometría. Dotado de buen humor polémico, alto en racionalidad, Gardner es, era un excelente divulgador y personal recensionista de libros científicos especializado en la saludable tarea de amagar cuantas sandeces, credulidades y mistificaciones surgen en torno a problemas de física, psicología e investigación de efectos ocultos paranormales de la mente y que, en medio del caos informativo y publicitario, consiguen a veces pasar por verdades indiscutibles.</p>
<p style="text-align: justify;">Gardner es un buen centinela contra la superstición y los fideísmos pseudocientíficos descarriados. Pone sobreaviso respecto a las espesas frondas del esoterismo, las invocaciones mágicas y los poderes extrasensoriales, como aquel famoso farsante Uri Geller que hizo creer a mucha gente, científicos incluidos, que a distancia y sólo con la fuerza de la voluntad podía doblar cucharillas. Se ocupa de videntes, parapsicólogos, especuladores y obsesos y asimismo le atraen los nuevos predicadores religiosos que se hacen ricos bajo los focos de la televisión. Por fin, le interesan las falsificaciones literarias. A eso vamos.</p>
<p style="text-align: justify;">Una de estas «falsificaciones», por lo que afecta a España y a su legítimo patrioterío cultural —ya muy fragmentado—, nos llama la atención a título de mediana curiosidad excéntrica. No se crea que ponemos énfasis sentimental en el asunto, aunque a algunos se les encoja el ombligo, pero es que el tal Gardner en gran parte de casi todo lo demás que hace merece crédito y su persistencia desmitificadora resulta refrigerante y necesaria. De aquí que no se le pueda tratar estrictamente como a un imbécil. <span style="mso-spacerun: yes;"> </span></p>
<p style="text-align: justify;">Dicho de sopetón, la purulenta especie afirma que Cervantes no es el autor del <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Quijote</em>. Dicho así, horror. ¿Qué hacer? Calma. Abundemos en la cita. Afirma Gardner sin vacilaciones en su libro <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La ciencia. Lo bueno, lo malo y lo falso</em> (traducción al español en Alianza Editorial,1988, en el artículo titulado <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La irrelevancia de Conan Doyle</em>, p. 190) que Cervantes no escribió <em style="mso-bidi-font-style: normal;">El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha</em>, sino que lo escribió su escudero Sancho Panza, según «ahora sabemos, gracias a los últimos esfuerzos de eruditos españoles» (?) (la aseveración se remonta a 1976, o sea, que es viejísima, y nosotros tan tranquilos mientras la jauría nos come los zancajos).</p>
<p style="text-align: justify;">Tras la muerte del amo, Sancho Panza vendió sus propias memorias a Cervantes, quien con mucha picardía, al decir de Gardner, las ocultó hasta que también hubo fallecido Sancho Panza. Lo que no se explica Gardner es que esto no hubiera suscitado sospechas antes de que «saliera a relucir la verdad» (nosotros tampoco nos explicamos que Gardner no se lo explique). A Cervantes —sigue— no le interesaba don Quijote, sólo le interesaban sus propias poesías y comedias, y usó la «descuidada y relajante» obra de Sancho Panza cuando se vio acuciado por deudas. «Sancho, desde luego, era mucho mejor escritor que Cervantes» y acentuó su rusticidad para rendirle mejor homenaje al hidalgo. Miguel de Cervantes odiaba la caballería y dejó que su nombre apareciera en los «libros» de Sancho Panza porque se equivocó al considerarlos un ataque a la fe y el mito de la caballería. La sordidez de la vida de Cervantes hacía impensable que pudiera crear un personaje tan noble e idealista como don Quijote.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Shakespeare también en el saco</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La misma suerte, dicho sea de paso, corre Conan Doyle con su personaje Sherlock Holmes que, naturalmente en estas aliteraciones fantasiosas, es creación del doctor Watson. ¿Y qué decir del litigio más famoso de todos, el de Shakespeare, que desde muy antiguo vienen siendo atribuidas sus obras sucesivamente a Francis Bacon, Marlowe y otros? En 1920 el historiador británico J. Thomas Looney suscribió la especie de que el genio de Shakespeare pertenecía a Edward de Vere, conde de Oxford, quien no quiso nunca figurar como autor por problemas políticos, religiosos y compromiso sentimental con la reina Isabel I. Estalla el cisma.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Freud, «envidioso»</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Nada menos que Freud reconoció la impostura de Shakespeare, pero uno de los críticos más refinados del autor de <em>Hamlet</em>, Harold Bloom, gran apasionado, se encargó de refutar a Freud y de erigir a Shakespeare en el centro de la literatura occidental. Ni por asomo acepta el cambio de autoría y se empeñó en demostrar que Freud necesitaba para su equilibrio psíquico e íntimo convertir a Shakespeare en un embaucador atribuyendo sus obras al conde de Oxford. Cuestión de envidia pura, dice Bloom, ya que Shakespeare le arrebató en parte a Freud la gloria de la invención del psicoanálisis (<em style="mso-bidi-font-style: normal;">El canon occidental</em>, 1994). Tiene su retranca porque incluso el mismo Freud negaba haber sido el descubridor del inconsciente, base del análisis psíquico. Bloom igual podría haber recurrido para la referencia a Platón, Sófocles o al mismo Cervantes. Recientemente, como prueba de la pervivencia del equívoco, el director de cine Roland Emmerich ha lanzado su <em>Anonymous</em>. Con bella recreación del Londres siglo XVI filma en detalle el subterfugio y pinta a un William Shakespeare como simple actor buscón, pícaro y usurpador sin escrúpulos.</p>
<p style="text-align: justify;">Bien. Hay que decirlo con sinceridad y modestia. Si Sancho es el autor del <em>Quijote</em>, confieso que es lo primero que leo. Ignoro quiénes son esos «eruditos españoles» y sus últimos esfuerzos. Del nutrido ejército cervantista, de Rodríguez Marín, Alonso Cortés, Astrana Marín y Menéndez Pelayo a Ortega, Unamuno, Azorín, Groussac (antecesor de Borges), Menéndez Pidal, Castro, Rosales, Rico, Alborg (excelente recopilador de bibliografía cervantista), se desprende una infinidad de interpretaciones, matices, loas, recovecos, sutilezas, juegos y exhaustividades, pero creo que nunca la patrimonialización objetiva sanchopancesca del Quijote. La «ignorancia» de los cervantófilos seguramente es un rasgo de dignidad y de resistencia a descender a lo que con toda probabilidad se entiende como un infundio grotesco que no vale la pena ni siquiera señalar y menos discutir. Tampoco los no beatos del cervantismo, que los hay y no son todos necesariamente idiotas, se asoman al tremedal de tamaña sospecha sustitutiva. A falta de mayores pruebas queda, pues (¿eventualmente?), sobreseído el caso, que se cita como chismorreo un tanto festivo que, no obstante, se deja seducir por la fuerza real de los personajes de ficción. Porque otra cosa sería una catástrofe cultural irresistible. Ahora se trata de seguir algunas pistas para esclarecer la rotundidad de Gardner o para medio desvelar el origen.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Fantasía kafkiana</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Franz Kafka (otra pista malsana) tiene un texto raro y sibilino titulado L<em>a verdad sobre Sancho Panza</em> (<em>Meditaciones</em>, 1918), catorce o quince renglones no más, en el que le crea una nuevo conflicto a los problemas de la creación literaria, y es el de incidir en la trasmutación caprichosa de los personajes de ficción y considera a don Quijote como una fantasía alucinada de Sancho Panza.</p>
<p style="text-align: justify;">El excelente escritor paraguayo Augusto Roa Bastos —muerto no hace mucho en un otoño de su ingrato país y premio Cervantes, como también hay que anotar la muerte de Gardner en la primavera de 2010, con 95 años— halló en la nota de Kafka suficientes razones para plantearse una relectura de la novela cervantina al entender que está construida sobre la base de la identidad de los contrarios, además del hecho fundamental de que Kafka atribuye a Sancho la «autoría» del Quijote (revista Quimera, 78-79, 1988). Kafka especula con la posibilidad de que el hidalgo don Quijote es el nombre del demonio que obsesiona a Sancho a cuenta de su afición por los libros de caballería y de ladrones, lo cual, pensamos, no es demasiado estrambótico si se tiene en cuenta que similar fenómeno se produce realmente, sin forzar la realidad de la creación literaria, entre el propio Cervantes, el personaje de la cotidianidad novelesca Alonso Quijano y la idealización exorcista representada por el caballero andante, escenario en el que Sancho encarna el rol contrastado del sentido común y la cordura no exenta de ilusa ambición de riquezas.</p>
<p style="text-align: justify;">La identidad de los contrarios, o la resolución del maniqueísmo no está en los personajes sino en la asunción que hace de ellos Cervantes al tratarlos como arquetipos y sumirlos en una relación dialéctica. En Cervantes, como en las películas de buenos y malos, falta todavía la modernidad de incluir caracteres opuestos y contradictorios en un mismo personaje. Probablemente haciéndose también eco irónico de tales vanas especulaciones es por lo que el escritor Paul Auster preguntó en el festival Pen World Voices de Nueva York (2005) si no cabía «la posibilidad de que el texto lo dictara el mismo Sancho», sin recordar a buen seguro que ya Miguel de Unamuno, en su <em>Vida de don Quijote y Sancho</em> (1905) y en vista de que la grandeza de la obra superaba otras producciones de Cervantes, especuló con la licencia literaria y soñadora de que en realidad hubiera sido el propio hidalgo don Quijote, convertido en personaje real, quien le dictara su vida y hazañas al considerado ahora como autor-componedor-amanuense, o sea al mismo inmortal «manco» de Lepanto.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Unamuno marca tendencias</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La <em>Vida de don Quijote y Sancho</em> de Unamuno tiene importancia y es en el fondo precursora de variadas travesuras lúdicas y trastornos metafísicos que pasan por originales. El famoso cuento <em>Pierre Menard, autor del Quijote</em> (Ficciones) en el que Borges presenta a un personaje que «no quería componer otro Quijote (&#8230;) sino el Quijote», nada de copiarlo, «su admirable ambición era producir unas páginas que coincidieran palabra por palabra y línea por línea con las de Miguel de Cervantes», está inspirado con jugosa ironía sabia en Unamuno, que casi llegó a escribir otra vez el Quijote y se salvó por los comentarios y su avasallante carga religiosa. En el texto de Borges <em>Magias parciales del «Quijote</em>» (<em>Otras inquisiciones</em>), que recrea una especie de estructuras bibliográficas de la ambigüedad, se dice: «Tales inversiones sugieren que si los caracteres de una ficción pueden ser lectores o espectadores, nosotros, sus lectores o espectadores, podemos ser ficticios». El Unamuno calderoniano exclama: «¡La vida es sueño! ¿Será acaso también sueño, Dios mío, este tu Universo de que eres la Conciencia eterna e infinita? (&#8230;) ¿Seremos sueño, sueño tuyo, nosotros los soñadores de la vida?». Y añade Unamuno más adelante:</p>
<p class="MsoHeader" style="margin-left: 70.8pt; text-align: justify; line-height: 150%; tab-stops: 35.4pt;">Muchas veces tenemos a un escritor por persona real y verdadera e histórica por verle de carne y hueso, y a los sujetos que finge en sus ficciones no más sino por de pura fantasía, y sucede al revés, y es que estos sujetos lo son muy de veras y de toda realidad y se sirven de aquel otro que nos parece de carne y hueso para tomar ellos ser y figura ante los hombres (<em style="mso-bidi-font-style: normal;">Vida de don Quijote y Sancho</em>).</p>
<p style="text-align: justify;">No hace falta mucho esfuerzo para reconocer en estos planteamientos de principios del siglo XX rasgos de Kafka, Borges, García Márquez, Cortázar, implicados en el «realismo mágico». Con independencia ahora de la importancia o profundidad que tenga este asunto y del buen ensayo compuesto por Roa Bastos, quizá en la breve pieza de Kafka y otros y en determinadas desastrosas interpretaciones se encuentre el origen de que el famoso divulgador de temas científicos Martin Gardner haya llegado pisando la hojarasca acumulada a la conclusión rotunda de considerar el <em>Quijote</em> escrito verdaderamente por Sancho Panza —de momento un personaje de ficción— y no por el poco menos que «lerdo» Miguel de Cervantes, personaje real. Y de divulgar gravemente tamaña perturbación en el mundo de habla inglesa. Es lo peor, aunque allí ya están acostumbrados y acaso sean más cosmopolitas. Kafka y Borges al menos se limitaron a una travesura y prueba de ingenio literario presididos por la metafísica unamuniana, pero Gardner es que se lanzó el hombre ciegamente al abismo. Y de todas formas, en el venerable ámbito algo asfixiante provocado por la extraordinaria vigencia de la creación quijotesca, esta nota esperpéntica y lúdica tampoco debe escandalizar a nadie. ¿Qué no se habrá pensado y escrito sobre Cervantes y el <em>Quijote</em>? El cataclismo patrio-literario no llega a consumarse, aunque la ambigüedad iconoclasta se mantenga como un ofidio recurrente a través de los años y las constantes conmemoraciones de los dos genios.</p>
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		<title>La raíz alienada de la socialización</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 16:53:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ignacio Castro Rey</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El análisis de Marx sobre el Capital no es en absoluto insustituible. En un momento inicial de Sociedad y barbarie (Ed. Melusina) se recuerda que la crítica de la economía política en Marx sigue teniendo la forma de la economía. Es el “espejo de la producción” lo que Marx no perfora, esa teleología irreversible del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El análisis de Marx sobre el Capital no es en absoluto insustituible. En un momento inicial de <em>Sociedad y barbarie</em> (Ed. Melusina) se recuerda que la crítica de la economía política en Marx sigue teniendo la forma de la economía. Es el “espejo de la producción” lo que Marx no perfora, esa teleología irreversible del tiempo histórico, guiado por una ley dialéctica que nunca rompe con la comprensión lineal de las cosas. De manera que Marx no entiende la ley compleja que guía la vida, mucho más compleja que una simple dinámica “de clases”. De hecho, no hay tal Ley de la historia ni del individuo, ninguna Ley que no hunda sus raíces en la contingencia. Es la creencia en tal Ley (la ideología marxista es otra creencia) la que ha convertido a la economía en una religión asfixiante, y a la izquierda oficial en una alternativa que engrasa continuamente el sistema.</p>
<p style="text-align: justify;">El éxito del pensamiento de Marx se debe a una reacción defensiva contra el individualismo, esa feroz competencia “antisocial” que está en la base de la moderna cultura urbana. Pero una de las cosas sobre las que hay que insistir es en la idea de que la raíz del pensamiento de Marx, precisamente por su naturaleza reactiva, es el individualismo moderno. Hablo de una concepción del hombre esencialmente liberal, pura inversión aritmética de la misma idea insular propia de la economía liberal. Sólo a partir de esta atomización antropológica, que Marx hereda del capitalismo, es posible y necesaria la máquina de guerra del socialismo científico, la conexión a través del trabajo, la socialización masiva y el Estado.</p>
<p style="text-align: justify;">Marx conecta por fuera un hombre aislado en su misma alma. Este hombre sólo tiene el contexto “material” que determina su conciencia. La rapidez de la locomotora soviética vendría después. Por eso se puede decir que Marx ha sido clave para la penetración de la modernización capitalista en Rusia o China. Pero el problema no es el estalinismo soviético, sino nuestro “estalinismo” democrático, esta furia actual de una socialización que nos impide ninguna distancia con la interactividad. ¿La manida “crisis” actual no es un producto de nuestra disciplina de masas, de nuestro funcionamiento en bloque, de esta interactividad mundial del individualismo? Es este imperio social omnipresente lo que fuerza una impune corrupción de masas, una completa dependencia social del individuo (tanto en el trabajo, como en el ocio y el paro), un reino de la visibilidad desarmado frente a lo invisible.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras no volvamos a una noción fuerte de la individuación, la de un individuo (hombre, localidad, movimiento social, nación) que tiene en sí mismo una comunidad latente, el capitalismo ha triunfado como cultura y la acumulación es lo único que nos queda. Que es justamente de lo que se puede acusar a Marx: de cambiar una acumulación por otra. Tanto el justicialismo peronista, como la caridad cristiana, como el comunitarismo musulmán y una amplia clase de populismos latinoamericanos, son una fuga del nihilismo feroz de nuestra cultura, tanto en versión liberal como socialista.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo problemático de <em>Sociedad y barbarie</em> no es que señale insuficiencias en el marxismo, sino que se plantee precisamente prescindir de la filosofía de Marx “en bloque”. Y esto no se hace apelando a un supuesto “repliegue” individualista que representarían Nietzsche y Stirner, sino justamente lo contrario, planteando un urgente salto hacia delante, hacia una concepción no “dialéctica” del hombre aislado y lo real atomizado. Más bien este libro acusa al pensamiento de Marx, en conjunto, de constituir un inusitado repliegue del pensamiento.</p>
<p style="text-align: justify;">Precisamente una de las tesis a considerar es que el pensamiento de Marx, gracias a su dialéctica del aislamiento y la conexión, se ha incrustado en la cultura del capitalismo, ha configurado incluso al capitalismo como cultura, regalándole una alternativa interna infinita (la lucha de clases) que no lo pone en cuestión. Las aberraciones históricas del siglo XX, menos el estalinismo soviético que el “estalinismo alternativo” que hoy triunfa por doquier, son sólo un signo externo de esta coacción social sobre las vidas, esta totalización de la Historia que el marxismo ha facilitado.</p>
<p style="text-align: justify;">Según cierto punto de vista, el “materialismo histórico” no es más que la ideología capitalista llevada hasta sus últimas consecuencias, hasta una sacralización de la teleología histórica. Esto es justo lo que la época quería oír para poder mundializar el universo occidental burgués, no sólo hasta Rusia y China. Hay que referirse aquí a una “metafísica de la presencia” que entiende lo real en términos de contexto estadístico, contable y visible, a través de grandes movimiento de clase que reproducen una y otra vez una disciplina de masas, mayoritaria o minoritaria.</p>
<p style="text-align: justify;">Luchando ferozmente contra todos los idealismos de la época, tal “principio de realidad” marxiano convertido desde entonces a la cuantificación social en científica. Lo real es desde entonces este totalitarismo de la actualidad que funciona en grandes rasgos contables, sociológicos, laborales, estadísticos, de clase, etc. Tal ideología define de manera arrolladora un terreno de juego dentro del cual la política occidental se dilucida entre alternativas que juegan el mismo partido. No debe ser ajena a esto la curiosa convergencia de derecha e izquierda, desde hace décadas, a la hora de pactar una política exterior y satanizar de común acuerdo a los enemigos lejanos a los cuales se podía masacrar de manera justa.</p>
<p style="text-align: justify;">La usura conceptual sobre lo real, contra la cual se han opuesto heroicamente algunas Vanguardias del pasado siglo, recibe en Marx un espaldarazo definitivo al erigir un “materialismo” histórico-dialéctico que santifica el papel de la economía. No debe ser ajena a esta reducción filosófica la íntima relación del pensamiento de Marx con el periodismo de la época.</p>
<p style="text-align: justify;">Si entendemos que el materialismo histórico configura nuestro “terreno de juego” poco hay que hacer después, sólo arañar migajas al orden capitalista de la acumulación, cosa que es más o menos lo que se ha limitado a hacer la izquierda en los últimos cien años. Existe en este punto una pregunta de Deleuze que hoy sentimos, después de González, Blair y Obama, particularmente pertinente: “¿Cuándo la socialdemocracia ha dejado de dar la orden disparar si la miseria amenazaba salir de su ghetto?</p>
<p style="text-align: justify;">Por el contrario, tomando en serio la poesía como ciencia del ser único, de la singularidad que es en cada caso lo real (una nación, un movimiento, una localidad, un individuo), en Sociedad y barbarie se plantea que todo acto subversivo es una acto singular de desclasamiento, acto que irrumpe en virtud de romper con la lógica de los bloques y el imperio del contexto. ¿Breton frente a Trotsky? ¿Artaud frente a Breton? De cualquier manera, casar las visiones de Nadja con cierta visión mecánica del mundo, por dialéctica que sea, quizás fue comprensible entonces; seguir haciéndolo ahora roza lo indecente.</p>
<p style="text-align: justify;">Que le pregunten a los habitantes de medio mundo, a esa monotonía (con su correlativo culto al espectáculo) que se ha apoderado de las vidas entre Alemania y Texas. Parece una auténtica desgracia para las aspiraciones de liberación de la gente, que siempre son a la vez singulares y colectivas, esa ideología del tablero sociológico de juego. Toda apuesta, en una medida u otra rupturista, ha partido de romper con la idea del “terreno de juego” para entender que la violencia del juego, del juego sin suelo, es más bien lo que hace el “terreno”.</p>
<p style="text-align: justify;">Es difícil poner en cuestión parte de nuestro bagaje de tradiciones intocables. Pero va siendo hora de hablar claro en esta maraña que nos paraliza. Maraña que sigue complementando el dictado mayoritario de la economía con encantadores juegos florales-culturales para las minorías que buscan otro culto.</p>
<p style="text-align: justify;">La cuestión se dilucida entre tomar el arte radicalmente en serio, como modelo de los límites de lo político, de una comunidad que jamás será traducible en sociedad, o entender el arte, y las culturas exteriores, como un exótico arreglo de fin de semana destinado a sedar la humillación diaria. El arte insiste en que lo exterior, una mutación que aparece por fuera, es la verdad, siempre teñida de enigma y contingencia. Si entendemos que en esa enigmática contingencia no hay ninguna lección para la política, estamos condenados a repetir hasta el infinito el miedo y la humillación diaria que se ha convertido en norma en la vida media de Occidente.</p>
<p style="text-align: justify;">La lección ética y política del arte nos exige por en entredicho el “racismo teórico” (Baudrillard) de un marxismo que desprecia las zonas de sombra y reposo, el misterio del ser humano, el “atraso” de culturas que apenas conocemos, la eternidad de una vida mortal y una tierra que no cambian&#8230; Allí donde gobierna la inteligencia liberal del capitalismo, Marx pronto se convierte en una fuerza socialdemócrata, reformista. Entre nosotros, los ciudadanos de herencia europea que ya estamos “ultraestatalizados” (Deleuze habló de un estatismo continuo), el movimiento de emancipación debería ser hoy muy distinto al que propugna Marx. Para no ser devorados por esta economía mundial e interactiva, necesitamos volver a una noción fuerte de lo que podríamos llamar individuación, esto es, la defensa de singularidades que son siempre comunidades contingentes, en marcha.</p>
<p style="text-align: justify;">No se trata de refugiarse en el localismo individualista, sino de pensar la universalidad local, el absoluto de las vidas reales. Aquí el pensamiento de Marx es un obstáculo casi militar, pues su filosofía tiene problemas hegelianos con esas “figuras del arraigo” (la patología personal y familiar, las peculiaridades raciales, éticas, locales) que nos permitirían pensar la libertad como una modulación de la necesidad, no como su “superación”. La idea en Marx de la emancipación, cómplice de la metafísica triunfal en Occidente, parte de oponerla de raíz a la fatalidad natal. El capitalismo triunfa así, ayudado por el progresismo marxista, como cultura de la separación y la acumulación. La “velocidad de escape” es lo único que le queda a un nihilismo que ha alienado al hombre de raíz.</p>
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		<title>Periodismo narrativo y no ficción</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 16:02:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ramón Tijeras</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Diversos volúmenes han resucitado en los últimos meses en España el interés por el llamado periodismo narrativo o literario. Su estudio había sido irrelevante hasta ahora y se había limitado a destacar el auge que tuvo en los años sesenta del pasado siglo bajo la etiqueta de Nuevo Periodismo. Hoy Roberto Herrscher (<em>Periodismo narrativo</em>) y Albert Chillón (<em>Literatura y periodismo</em>), entre otros, extienden y estudian el género para fijar sus ideas sobre cómo han contado la realidad con las armas de la literatura una buena colección de escritores y periodistas, destacando el carácter promiscuo que han arrastrado tradicionalmente las relaciones entre periodismo y literatura, para dar lugar a un género de interés en los tiempos que corren.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta ahora los manuales universitarios han mantenido intactas las fronteras, pero la irrupción de las nuevas tecnologías y los cambios que se están produciendo en el mundo del periodismo alrededor de internet han llamado la atención sobre la necesidad de seguir contando buenas historias frente al basurero audiovisual, el sincretismo de las redes sociales y la fiebre del smartphone.</p>
<p style="text-align: justify;">Más allá de las jerarquías y divisiones formales entre periodismo informativo, interpretativo y de opinión, el periodismo narrativo o el arte de “escribir sobre hechos ciertos usando estructuras y estrategias narrativas propias de la literatura” (Herrscher) ofrece un catálogo muy rico de autores cuya obra no se había analizado convenientemente desde la academia, que probablemente superan con su producción esas clasificaciones casi obsoletas.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado, interesa destacar aquí la importancia que tiene para el conocimiento de la realidad la perspectiva literaria, más allá del periodismo basado en hechos y datos, meramente referencial, y en las entelequias que se montan los opinadores profesionales, simplemente basado en apariencias, sin un conocimiento profundo de la realidad que pueda perfilar lo que perciben nuestros sentidos. Tengamos en cuenta que muchas veces, ni siquiera el periodismo de investigación puede calar el sentido último de una trama, un escándalo o un episodio social sin echar mano de recursos literarios capaces de fijar la trascendencia que una historia puede tener en una comunidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Por ello, con Chillón diríamos que “el lenguaje no sólo nombra y designa, sino que alude y sugiere. No es sólo concepto racional sino imagen y sensación”, ya que el pensamiento es lenguaje y éste configura el universo personal. Tal es el sentido, recuerda Chillón, de la famosa proposición 5.6 del <em>Tractatus Lógico Philosophicus</em> de Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.</p>
<p style="text-align: justify;">El periodismo narrativo, en este sentido, trata de reflejar el universo complejo que nos rodea. Y para ello se sirve de las llamadas figuras del discurso, esto es, las formas no convencionales de utilizar las palabras, de manera que, aunque se emplean con sus acepciones habituales, se acompañan de algunas particularidades fónicas, gramaticales o semánticas, que las alejan de su uso habitual, por lo que terminan por resultar especialmente expresivas.</p>
<p style="text-align: justify;">Tal vez no es esto lo que aconsejan los manuales de periodismo, que se empeñan en eliminar los dobleces y las connotaciones del lenguaje &#8211;recursos literarios, estilísticos, retóricos o expresivos, y figuras retóricas o del discurso—para confinar su uso a la confección de obras literarias, fábulas y relatos de ficción.</p>
<p style="text-align: justify;">Chillón, sin embargo, identifica dicción con ficción, de modo que todo lo que se expresa con lenguaje es interpretable y por tanto forma parte de la ficción. El problema está en descubrir el grado de ficción que arrastra el lenguaje en su viaje hacia la no ficción.</p>
<p style="text-align: justify;">Las figuras del discurso, en su acepción más amplia, son los recursos que tienen escritores y periodistas para manipular el lenguaje con fines retóricos. La Retórica, recordemos, es el &#8220;arte del bien decir, de embellecer la expresión de los conceptos, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia para deleitar, persuadir o conmover&#8221; (R.A.E.) Antiguamente se aplicaba a la oratoria, pero al entrar ésta en decadencia pasó a la literatura y actualmente se aprecia con mayor énfasis en obras de creación, pero también está presente ya en el periodismo y la publicidad. La de idea de Chillón y Herrscher es reivindicar su uso como parte esencial de los buenos textos periodísticos, que en realidad beben del saber clásico.</p>
<p style="text-align: justify;">Sería necesario remontarse a los tiempos de Herodoto (484-425 antes de Cristo), a quien Ryszard Kapuscinski, uno de los maestros del periodismo narrativo en Europa, califica como el primer reportero en su ensayo <em>El arte de reportear</em>, para entender dónde hunde sus raíces el periodismo narrativo y literario de hoy.</p>
<p style="text-align: justify;">Herodoto también es considerado el primer historiador de la humanidad, después de legar su célebre <em>Historia</em> como fruto de sus múltiples viajes por Grecia. Pero fue Platón (427-347 antes de Cristo) quien recogió el testigo y avanzó en el estudio de la realidad que hoy día pretendemos captar a través del periodismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Platón distinguía entre dos formas de conocimiento –episteme y doxa o ciencia y opinión&#8211; a la hora de capturar esa realidad, que siguen siendo el fundamento moderno del periodismo de análisis y opinión, y desde nuestro punto de vista, del periodismo narrativo que nos ocupa, por la necesidad de conjugar hechos, más aparentes que reales, aderezados con un punto de vista particular, fruto de la reflexión y el razonamiento, que son elementos también necesarios en toda narración periodística.</p>
<p style="text-align: justify;">El concepto de opinión ha tenido diversas interpretaciones desde que Platón, en los diálogos de <em>La República</em>, encontrara en ella una facultad intermedia entre la ignorancia y la ciencia, capaz de “juzgar sobre la apariencia”.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde este punto de vista, la realidad es algo que se debe aclarar, interpretar, esclarecer o traducir, y que por lo tanto permite distintas lecturas y perspectivas. Por tanto, para contar cómo es la realidad primero hay que conocerla. La ciencia, según Platón, es por naturaleza segura y estable, al basarse en razones. Su objeto son las ideas y éstas representan el grado más alto de conocimiento o conocimiento verdadero. A veces, desde la óptica del periodista profesional, esto parece perverso, ya que en su oficio mandan los hechos y no las elucubraciones mentales.</p>
<p style="text-align: justify;">Los libros de estilo de todos los medios de comunicación al uso y los manuales universitarios tratan de acotar la cuestión del estilo reduciéndola a la necesidad de respetar unos mecanismos estándar de objetivación de la realidad que apenas deja espacio para la narración periodística que reivindicamos aquí.</p>
<p style="text-align: justify;">De acuerdo con Platón, esas ideas filtradas por la reflexión, son más poderosas que las meras opiniones, basadas en meras apariencias, que son inestables y susceptibles de error, y que los relatos presentados mediante el llamado “estilo periodístico” llano, sin aristas y supuestamente objetivo. Platón entiende que muchos sofistas y políticos se mueven exclusivamente en el ámbito de la opinión, cuyo objeto es el mundo físico o sensible. Así, la opinión, en la escala de los conocimientos, es el género de conocimiento inferior, que se basa en la captación del mundo sensible y que se refiere a las cosas espacio-temporales y a las entidades corporales sin más. Sería el mundo de las apariencias como alimento de politicastros y contertulios.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta aquí, se deduce que Platón distingue entre conocimiento intelectual, ligado a la razón y al mundo de las ideas, y conocimiento sensible, relativo al mundo físico o de las cosas. Por lo tanto, la oposición saber/opinión se asocia a la de razón/sentidos. El periodismo narrativo presenta una fórmula más elaborada. Usa los sentidos para hacerse una opinión, una idea de las cosas, basada en la apariencia, y se somete a la razón que convierte el relato en verdadero saber o ciencia: “Doxa” vs. “Episteme”. Es decir, periodismo referencial más reflexión y los elementos propios de la literatura que acaban por catalizar la descripción de la realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">No en vano, como apunta Chillón, el género periodístico que nos ocupa, es “deudor de la filosofía del lenguaje, la retórica, la hermenéutica y la literatura comparada”, asuntos todos ellos tratados en su manual de referencia, donde aparecen autores tan sugestivos de antaño como Daniel Defoe, Mariano José de Larra, Charles Dickens, Thomas de Quincey, Ernest Hemingway, John Dos Passos, Josep Pla, James Agee y Lillian Ross, y más recientes como Truman Capote, John Hersey, Gay Talese, Tom Wolfe, Oriana Fallaci, Gabriel García Márquez, el propio Kapuscinski, o españoles como Eduardo Haro Tecglen, Manuel Vázquez Montalbán, Maruja Torres o Manuel Vicent. A esta lista Herrscher añade a Joseph Mitchell, Tomás Eloy Martínez y Rodolfo Walsh, de los que ambos estudiosos extraen numerosos ejemplos y anotaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde aquí tratamos de superar tanto el periodismo meramente referencial, que quedaría para las simples notas de agencia, como el de solicitación de opinión, muchas veces reducido al ridículo por los numerosos contertulios de radio y televisión, que hablan de cualquier cosa como si fuera legítimo, mientras se toma por mera novelación la narración periodística basada en hechos reales que por emplear un estilo literario parece que pertenece al reino de la fábula.</p>
<p style="text-align: justify;">En términos platónicos sería como viajar desde el nivel más bajo del conocimiento hasta el conocimiento verdadero que se encuentra en las ideas. Pero cómo se llega de un estadio a otro. Platón entiende que las ideas están contenidas en el alma y que el alma, al materializarse o encarnarse en el cuerpo, las olvida. Por ello, el hombre, una vez sometido al proceso de aprendizaje dialéctico, puede alcanzar las ideas que le permitirá conocer la realidad. Esto será posible mediante el ejercicio socrático del Recuerdo. El hombre. Al nacer, comienza a recordar las ideas preexistentes que olvidó. A este proceso de recuerdo o reconocimiento se le conoce como reminiscencia (“anámnesis”).</p>
<p style="text-align: justify;">Este proceso se inicia en el mero contacto con los objetos físicos. Unos objetos físicos que, para Platón, son como las imágenes o sombras de las ideas que representan la auténtica realidad. La experiencia, la ciencia y la razón educan nuestra capacidad innata de Recuerdo, “y si las cultivamos, la visión tornará a nosotros con más fuerza y más nitidez”.</p>
<p style="text-align: justify;">El proceso se entiende a partir del mito de la caverna que Platón esboza en <em>La República</em> (VI, 514 a-d) y que sitúa a un grupo de hombres en una gran cueva encadenados desde su niñez a la pared:</p>
<p style="text-align: justify;">Los hombres sólo tienen la posibilidad de mirar hacia delante, “pues las ligaduras les impide volver la cabeza”. Detrás tienen la luz de un fuego que arde a lo lejos. Entre el fuego y los hombres encadenados hay una multitud que transporta cosas a través de un camino elevado. La luz del fuego hace que las sombras de esa multitud y los objetos se proyecten en la pared de la cueva, que es el único mundo que los hombres encadenados pueden ver. Para ellos es la única realidad. Sólo pueden ver las sombras deformadas de la multitud y los objetos que transportan y sólo escuchan rumores. Son los rumores y las sombras que constituyen su mundo real.</p>
<p style="text-align: justify;">Sólo queda un asunto peliagudo por resolver: “la larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna”. Una entrada que los encadenados podrían ver si se liberasen de las cadenas. El problema es que una vez liberados de sus ataduras tendrían que recorrer un largo camino para salir y ver la luz del sol.</p>
<p style="text-align: justify;">Así las cosas, Platón cuenta que uno de los encadenados logra salir y ver con sus ojos las cosas reales que proyectan las sombras. Pero cuando este hombre regresa a la caverna y cuenta a sus compañeros lo que ha visto, nadie le cree y le matan.</p>
<p style="text-align: justify;">Platón entiende que el mundo real es el de las ideas y que el hombre puede iniciar el camino hacia su conocimiento profundo mediante la confección de opiniones, que además se pueden dividir en dos especies o tipos de conocimiento:</p>
<p style="text-align: justify;">Uno: La conjetura, que es el conocimiento que tenemos de las cosas cuando vemos sus sombras o reflejos. Y dos: La creencia, que es el conocimiento que tenemos de las cosas cuando las percibimos directamente y nos formamos un juicio de ellas.</p>
<p style="text-align: justify;">La opinión, según Platón, tiene un carácter probable frente a la segura certidumbre que genera el conocimiento auténtico. Y esta idea es la que ha hecho posible ampliar el concepto de opinión hasta lo que hoy tenemos, es decir, como algo distinto del saber y distinto también de la duda, ya que en la opinión no hay propiamente un saber, ni tampoco una ignorancia, ni siquiera una creencia, sino un modo particular de aserción. Un tipo de aserción que estará más cercana del saber cuanto más probables sean las razones en las cuales se apoye y más racionales los argumentos que pueda utilizar.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El problema de la verdad</strong></p>
<p style="text-align: justify;">A partir de aquí surge el problema de la verdad como trasfondo de la actividad periodística y del periodismo narrativo como modo elaborado de capturar la realidad. Y es que la verdad, desde Platón, es un concepto que se presta a confusión. Hemos visto sombras que aparentan realidad, argumentos verosímiles que pueden ser falsos, argumentos manipulados que se presentan como verdaderos tras un ejercicio de persuasión que acaba por convencer a la audiencia sin tener nada que ver con la verdad.</p>
<p style="text-align: justify;">El problema se traslada hoy a la filosofía de la ciencia. ¿Qué es la verdad? En muchas ocasiones nos encontramos con que se da una cadena de argumentaciones lógicas que finalmente no es demostrable y que sobre ese conjunto de presupuestos se levanta todo un edificio de conocimientos inútil, ya que la primera cuestión no está resuelta sin tener que echar mano de la lógica argumental.</p>
<p style="text-align: justify;">El profesor Jorge Lozano rescata una reflexión de Simmel en <em>La filosofía del Dinero</em> para explicar esta paradoja: “se quiere reflexionar a menudo sobre el número inmenso de presupuestos del que depende todo el conocimiento definido en cuanto a su contenido, pero no parece en absoluto excluido que probemos una proposición A por la proposición B, pero que la proposición B, a través de la verdad de C, D, E, etc. no sea finalmente demostrable sino por la verdad de la proposición A. Basta admitir una cadena de argumentación -C, D, E, etc.- suficientemente larga, de suerte que el regreso al punto de partida escapa a la conciencia, del mismo modo que la dimensión de la Tierra oculta a la vista inmediata su forma esférica y crea la ilusión que se puede progresar al infinito en línea recta”.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto ha ocurrido en innumerables ocasiones en torno a las verdades científicas que se han sucedido a lo largo de la historia. Determinados conocimientos se han dado por válidos hasta que nuevas teorías han irrumpido en el panorama estableciendo nuevas verdades científicas.</p>
<p style="text-align: justify;">Este tipo de conocimientos es difícil que se consoliden por la vía de la experimentación, pero se tienen por verdades científicas mientras no se demuestre lo contrario. Ocurre así con los límites del universo. ¿Hay un solo universo? ¿Hay varios universos? ¿Todo surgió de una burbuja de materia colapsada? Pero entonces, ¿de dónde salió la burbuja misma? ¿Hay algo fuera del universo o el universo es un todo único que todo lo contiene?</p>
<p style="text-align: justify;">Muchos científicos han ido dando respuesta a estos enigmas y a lo largo del tiempo se han dado por buenas distintas verdades hasta llegar hoy al “convencimiento” de que la teoría del bing bang puede explicar con mayor “verosimilitud” cómo fue el comienzo del universo. ¿Pero existe una prueba experimental para considerar esta afirmación como una verdad inmutable? No. De hecho en la actualidad han surgido voces discrepantes que cuestionan esa verdad aparentemente científica.</p>
<p style="text-align: justify;">“Una argumentación –explica Lozano recordando a Boudon&#8211; puede ser circular y parecernos lineal por la presencia oculta de proposiciones que no solamente están presentes en nuestros razonamientos, sino que son decisivos en la formación de nuestras convicciones sin que seamos conscientes de ellos (Boudon).</p>
<p style="text-align: justify;">Desde este punto de vista, parece que predomina lo aceptable, lo verosímil y no la verdad probada. Lozano llama la atención sobre el hecho de que podemos llamar real “a aquello de lo que todos estamos convencidos”, o a aquello que una comunidad de investigadores acaba conviniendo que es real sin serlo.</p>
<p style="text-align: justify;">La verdad, vista así, estaría relacionada con la búsqueda del consenso que tanto critica Chomsky. Las técnicas de persuasión pueden lograr grandes consensos sin que los argumentos utilizados busquen la verdad.</p>
<p style="text-align: justify;">En <em>La estructura de las revoluciones científicas</em> Kuhn sostiene que &#8220;en la elección de los paradigmas no hay ningún criterio superior al consenso de la población integrada&#8221;. Y añade: &#8220;para descubrir en qué modo se producen las revoluciones científicas, debemos (&#8230;) examinar no sólo la correspondencia con la naturaleza y con la lógica, sino también las técnicas de persuasión que tienen eficacia dentro de los grupos (&#8230;) que constituyen la comunidad científica&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">Estas convicciones científicas dan lugar a creencias revolucionarias desde el punto de vista científico pero sin base demostrable. La imposibilidad de demostrar determinadas creencias de esta clase permiten que las teorías sobrevivan durante un largo periodo de tiempo, aunque sus conclusiones no sean reales. El hecho de no poder someter una teoría a una prueba experimental determina proporciona una coartada a los argumentos que la sostienen.</p>
<p style="text-align: justify;">Sigamos a Lozano en esta cuestión:</p>
<p style="text-align: justify;">“Acaso el modelo retórico de Pera sea la respuesta a ese nuevo género de estudio que requería Kuhn. En una fase de reflexividad de los discursos científicos la atención a la Retórica como &#8220;organización funcional de los discursos&#8221; se está haciendo cada vez más evidente. Sirva de ejemplo lo que escribe G. Cantor (<em>The Rhetoric of experiment</em>, 1989):</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Es necesario poner el acento sobre el hecho que el resumen de un experimento que se publica por ejemplo en una revista científica es un producto altamente artificial que no sólo no refiere de modo no problemático el trabajo desarrollado en el laboratorio, sino que es una forma de narración y se presta por tanto a los mismos tipos de análisis a los que se someten otros géneros literarios (&#8230;) las narraciones científicas en general y los resúmenes de los experimentos en particular son retóricos en el sentido común del término, dado que tienen como objetivo el de persuadir o influenciar&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">De estos y otros trabajos se puede colegir también lo erróneo de contraponer el pensamiento retórico al pensamiento científico como si el retórico fuera específicamente artístico. La Retórica, sostiene Lotman, es propia de la conciencia científica en la misma medida que de la artística. En el dominio de la conciencia científica se pueden distinguir dos esferas (Lotman &#8220;Retórica&#8221;): La primera -la retórica- es el dominio de los acercamientos, las analogías y la modelización (proposición de nuevas ideas, establecimiento de postulados, de hipótesis inesperadas, que antes parecerían absurdas).</p>
<p style="text-align: justify;">La segunda es la esfera lógica, en donde las ideas propuestas se someten a contraposición, se trabajan las conclusiones que se derivan de ellas, se eliminan las contradicciones internas en las demostraciones y razonamientos&#8230;”</p>
<p style="text-align: justify;">En este sentido, John Maddox, director de la revista <em>Nature</em> durante 21 años, llama la atención sobre la forma en que los científicos actuales estudian la materia. Primero, elaboran una hipótesis verosímil sobre el tipo de partículas que deberían existir y aún no se han encontrado en la naturaleza. Después, construyen los aparatos necesarios y esperan a que la partícula que tiene que existir por necesidad lógica, aparezca ante los ojos del científico en el interior de un acelerador de partículas o cualquier otro instrumento. Esto es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con el bosson de Higgs, la llamada partícula de Dios, pensada por Peter Kiggs en 1964 para explicar el origen de la masa de las partículas elementales, cuya existencia se corroboró el 4 de julio de 2012 durante las investigaciones que lleva a cabo el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear). De este modo, la verdad surge a partir de una hipótesis cuya realidad se va documentando mediante pruebas experimentales, para que las partes encajen en un todo teórico que “debe” conducir a la verdad, aunque finalmente ni los científicos ni nadie tengan constancia de que su teoría es la verdadera.</p>
<p style="text-align: justify;">La dificultad del planteamiento tiene su origen en la primera proposición: ¿De dónde surgió la partícula o el filamento más diminuto que se pueda encontrar? Esta pregunta no tiene respuesta pero a partir de aquí se ha elaborado todo un edificio argumental que puede ser verosímil o convincente, pero que hoy por hoy no es real.</p>
<p style="text-align: justify;">El problema de la verdad afecta, inevitablemente, a la naturaleza de las argumentaciones, lo cual está en la base de la retórica misma, entendida como técnica del debate, de la persuasión y de la confutación.</p>
<p style="text-align: justify;">Como consecuencia de todo lo anterior tenemos que la verdad es relativa e interpretable, y que la propuesta de Chillón y Herrscher de encumbrar el periodismo literario “permitiría superar dicotomías obsoletas y oscurecedoras, como la burda pero consoladora distinción clásica entre las categorías de ficción y no ficción, o la todavía más burda entre ficción y realidad, apoyada en una incomprensible pero extendida confusión entre el plano epistemológico –la ficción—y el plano ontológico –la realidad” (Chillón).</p>
<p style="text-align: justify;">La idea es que “no nos es dado hablar de “la realidad” más que a través de sus representaciones y expresiones” y que “la cuestión verdaderamente crucial estriba, más bien, en dilucidar el carácter de las diversas modalidades de representación y expresión, no en contraponerlas abruptamente a una supuesta “realidad”, que, de hecho, no podemos conocer más que a través de ellas”.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Albert Chillón. <em>Literatura y periodismo: una tradición de relaciones promiscuas</em>. Universitat Autònoma de Barcelona; Universitat Jaume I; Universitat de València, 1999.</p>
<p style="text-align: justify;">Roberto Herrscher. <em>Periodismo narrativo</em>. Universidad de Barcelona, 2012.</p>
<p style="text-align: justify;">Ryszard Kapuscinski. <em>El arte de reportear</em>. En http://www.eluniversal.com.mx/cultura/51281.html</p>
<p style="text-align: justify;">Thomas S. Kuhm. <em>La estructura de las revoluciones científicas</em>. Fondo de Cultura Económica. 1971.</p>
<p style="text-align: justify;">John Maddox. <em>Todo lo queda por descubrir</em>. Debate, 1999.</p>
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		<title>Dinamita y humanitarismo</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Oct 2012 20:47:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Tijeras</dc:creator>
				<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Número 2]]></category>

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		<description><![CDATA[La vida ofrece tantos contrastes, oposiciones y efectos secretos e insospechados que nunca se puede decir que los hechos empiezan y acaban en sí mismos o merezcan una calificación rotunda y definitiva, absolutizada respecto a su origen, desarrollo y calidad de buenos o malos. Naturalmente también se da la típica excepción que confirma la regla. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em></em>La vida ofrece tantos contrastes, oposiciones y efectos secretos e insospechados que nunca se puede decir que los hechos empiezan y acaban en sí mismos o merezcan una calificación rotunda y definitiva, absolutizada respecto a su origen, desarrollo y calidad de buenos o malos. Naturalmente también se da la típica excepción que confirma la regla. Entre estos hechos y sus correlaciones destaca a título de violento contraste la polaridad de Alfred Nobel como inventor de la dinamita y Henri Dunant como fundador de la Cruz Roja, ambos coordinados por los premios. Suponen el gran suceso cultural regenerativo de la dinamita, cuya acción de exterminio en guerras (sin desdeño del uso industrial progresivo) inspiró el imperativo pacifista de un organismo socorrista y reparador.</p>
<p style="text-align: justify;">Los premios Nobel, que parecen haber existido de siempre, sólo iniciaron su andadura hace poco más de un siglo, en 1901. La ceremonia anual de los Nobel, instituidos como  se sabe para recompensar a entidades o personas que hubieran contribuido al beneficio de la humanidad, ya sea a través de la ciencia (física, química, médica), la economía (de incorporación posterior), la literatura o la paz, suscita encontradas reflexiones. Pintores y músicos están excluidos, y personajes de tan evidente influencia como Gandhi, Tolstói, Freud, Joyce, Kafka, Borges no figuran en su elenco. Por esto mismo son de relativa solvencia (le ocurre casi siempre a todos los premios y, aceptada la convención, no parece que exista mucho remedio) si tenemos en cuenta que a cambio incluye nombres, si no deleznables, hoy un tanto olvidados o de importancia simplemente menos activa, tales como Echegaray, Eucken, Heyse, Spitteler, Pear S. Buck o Benavente, por limitarnos al campo de la literatura, la más comentada, ya que en el de la ciencia tampoco todos son Darwin, Newton, Pasteur, Edison, Planck o Einstein en cuanto a significación, vigencia o utilidad, y suelen ser despachados con menos renglones</p>
<p><strong>¿Conciencia de culpa?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Es bien conocido que la dotación económica de los famosos galardones proviene de los intereses devengados por la fortuna que el químico e ingeniero sueco Alfred Nobel donó a estos efectos y que fue amasada tras el descubrimiento acaso por accidente de la nitroglicerina, estabilizada, que se conoció como dinamita (la nitroglicerina «simple» cuya deflagración era incontrolable ya había sido descubierta por el médico y químico italiano Ascanio Sobrero). Asimismo Nobel descubrió la «pólvora sin humo» y la «gelatina explosiva». El hombre que logró el explosivo más poderoso de su tiempo era de naturaleza enfermiza y carácter depresivo. Inmensamente rico, no tuvo suerte con las mujeres de las que se enamoró, entre ellas Berta von Suttner, la baronesa austriaca autora posterior de la famosa obra ¡Abajo las armas! y ganadora del premio en 1905. Nobel no carecía de remordimientos e ideas nobles. Prueba de ello es el destino que le dio a parte del gran capital producido por sus fábricas de ignición devastadora. También patentó un método para la destilación continua del petróleo, otro de los elementos cuya producción y control enardece la voluntad de poder y los monstruos bélicos.</p>
<p style="text-align: justify;">Igual que durante la guerra fría se pensaba que la posesión de la bomba atómica por parte de los dos bloques en litigio era un elemento disuasivo de su utilización, Nobel también pensó que el dominio común de la potencialidad en el uso de la nitroglicerina estabilizada serviría para eliminar la guerra a través del miedo recíproco. Muerto en 1896, soltero y sin familia en su villa de San Remo, es obvio que se equivocó. Con su descubrimiento, si bien le dio en el juego antinómico gran impulso a la construcción de túneles de ferrocarril y carretera y al socavado de explotaciones mineras, «industrializó» la capacidad agresiva  entre humanos y sus posibilidades de exterminio masivo.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto debió de originarle mala conciencia personal e histórica que probablemente quiso expiar o enjugar en el gesto altruista de los nueve millones de dólares cuya cesión constituyó el primer fondo de intereses para aquellas personas o corporaciones que, según dejó escrito en su testamento, «hayan confeccionado el más grande beneficio para la humanidad». Abogó por la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos y el incremento de los congresos de paz.</p>
<p style="text-align: justify;">Alfred Nobel no pudo sospechar el destino que le esperaba a la humanidad en el siguiente siglo XX con base en la dinamita de su invención. Nada menos que dos guerras mundiales con 150 millones de muertos por violencia. Ni la bomba atómica que relegaría su pecado a segundo lugar. Y es el ejemplo más estupefaciente del llamado <em>retroprogreso</em>. La estupidez o fatalidad humana en el uso de algunas de sus conquistas tecnológicas más excelsas supera cualquier raciocinio. Pero en ese mundo de creatividad, tinieblas y horror también surgen espíritus signados por la piedad y el ansia de mitigar el sufrimiento.</p>
<p><strong>El estatuto de la víctima pura</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando se entregaron los primeros Nobel en 1901 (Röentgen, rayos X; Sully-Prudhomme, poeta parnasiano de resonancia filosófica; Behring, inmunólogo; Van´t Hoff, experto en disoluciones y fermentaciones químicas), el de la Paz correspondió a Henri Dunant (compartido con F. Passy). Dunant era un negociante y filántropo suizo. Viajó a París con la idea de que Napoleón III le hiciera la concesión de unas tierras en Argelia, pero el emperador a la sazón estaba ausente en Italia luchando contra los austríacos. Allá fue Dunant. No pudo ver al emperador. Lo que vio a cambio le puso hielo en las venas. Vio las víctimas de la batalla de Solferino (1859), unos nueve mil hombres heridos, rotos, mutilados, gangrenosos, gimientes, locos de dolor, hambre, miseria. Y abandonados. Dunant volvió conmocionado a Ginebra y se puso a escribir febrilmente <em>Recuerdo de Solferino</em>. El libro causó tremendo impacto. «Es mil veces más hermoso que Homero», dijeron los hermanos Goncourt.</p>
<p style="text-align: justify;">Henri Dunant había descrito la imagen de la «víctima pura», es decir, la del individuo que después de un tiro de cañón, sin brazos o ciego, deja de ser soldado, patriota, mercenario, ideólogo, amigo, enemigo, nacional, extranjero, para convertirse en víctima a secas, neutral en su indigencia, impotente y necesitado de amparo y algo de amor. He aquí el principio que llevó a Dunant a instituir en 1863 una sociedad de socorro, la Cruz Roja que, al decir de numerosos autores, funda el derecho moderno humanitario o una especie de internacionalización sin fronteras ni patrias del sufrimiento y la solidaridad. Este humanitarismo es el que premiaron con el Nobel los dineros de la dinamita en el intento paradójico de cauterizar una llaga cuya causa había contribuido a promover. Con el tiempo se ve que es irredenta. La sucesiva concesión de los Nobel de la Paz siempre despierta controversia en un mundo también siempre en guerra crónica cada vez más «perfecta».</p>
<p><strong>El mal deviene en honores</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Los productores de cultura, sensibilidad, ciencia y técnica no tienen culpa, naturalmente, de que sus desvelos sean premiados con los intereses de un descubrimiento tan devastador como la dinamita, pero así ocurre dentro de la naturaleza bifronte que caracteriza toda acción humana. En conexión asombrosa, unos individuos ponen bombas y otros hacen poesía. Unos se organizan como prestamistas y otros curan la sífilis y descubren las leyes de la relatividad. El empeño consiste en conseguir el desequilibrio positivo de la balanza.</p>
<p style="text-align: justify;">Con otro de los Nobel de la Paz, cuya dotación ya se remonta económicamente al   millón y pico de dólares, concedido al también económicamente potentado y ex vicepresidente de Estados Unidos, Albert Gore, por su documental <em>Una verdad incómoda</em> sobre el cambio climático y el futuro apocalíptico del sistema ecológico, ocurrió algo parecido. Se premia la corrección de los desmanes imprevistos o irresponsables del progreso tecnocientífico que simultáneamente a una serie excepcional de bienes y conocimientos amenazan colapsar el planeta y ponen de relieve la necesidad de una renovada conciencia humanitaria que al menos sea capaz de contemplar las dos caras antagónicas del problema y lavar con mucho detergente moral y preventivo una de ellas. Otro problema son los errores científicos o exageraciones que se deslizaron en el documental. Algunas voces tacharan a Gore de oportunista poco idóneo e improvisado apóstol del equilibrio ecológico, ya que él mismo controlaba industrias de alta contaminación, aparte de la controversia surgida en torno al mismo «cambio climático», que por su importancia merece tratamiento aparte.</p>
<p style="text-align: justify;">De los réditos de la muerte por deflagración surgen estas designaciones solemnes de quienes luchan y se distinguen por mitigar el drama que se deriva del espíritu innovador  causante de desastres. Así es de compleja la existencia humana. El delicado poeta lírico y el genio inventor ostentan los dorados emblemas que provienen de la maldad dinamitera y del oscuro entramado financiero, siempre por desgracia interdependientes y a veces manchados de una  sangre que luego se volatiza en la sublimación del acto cultural regio y solemne y su vuelo mediático. La metamorfosis de los productores de muerte y desastre en blasones de culto literario y científico y exaltación de la sensibilidad más constructiva y piadosa es uno de los grandes trastornos de la humanidad en el contradictorio impulso de sus actuaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Premiar, por ejemplo, al hiperestésico y delicado Juan Ramón Jiménez y su dulce refinamiento bucólico representado por el <em>Platero y yo</em> con las saneadas ganancias de la dinamita y los campos de muerte no deja de ser una realidad asombrosa y dramática que chorrea sangre de la peor especie y sensibilidad de la más exquisita clase. El antepenúltimo Nobel de la Paz, Martti Ahtisari, ex presidente de Finlandia, obtuvo el galardón por dedicarse precisamente como negociador y fervoroso partidario del diálogo a reparar las disensiones y amenazas de guerra entre los pueblos, lo cual sigue recordando que los dineros de la dinamita son la base de la honorable ética de la paz. La puja es antinómica, gigantesca, singular. Y en la profusa obra de otro Nobel de Literatura, el francés nómada y transculturado J.M.G. Le Clézio, existe una tan terrible como confusa y apocalíptica novela titulada La guerra, cuya desesperación dinamitera le llovió después en forma de honores y miles de dólares revoloteando en un antiguo, transfigurado y catártico viento de metralla y sangre. Así son las cosas.</p>
<p style="text-align: justify;">El otorgamiento a Barack Obama, presidente del país que posee el mayor potencial bélico de la historia y el área de intereses estratégicos más extensa, comprometida e influyente con bases y tropa en medio mundo, fue una apuesta de futuro expectante que de alguna manera  sitúa en el meollo de sus conflictivas relaciones internacionales el baluarte dinamitero de enviar hombres de «guerra justa» para la consecución de la paz (panacea que trasluce intereses económicos y de estrategia en las relaciones de dominio). La paz es la esperanza más vapuleada en la que entonces, para cerrar el círculo de los desastres, parece estar comprometido como responsable principal ese representante de la raza también más vapuleada de la historia. La famosa negritud.</p>
<p style="text-align: justify;">El oportunismo errático y teatral de los Nobel es difícil que acierte, pero la intención y la posibilidad regenerativas están en el aire y pueden influir en el decurso de la realidad, como ya ocurrió en 1991 con la tenaz opositora birmana Suu Kyi y su encierro domiciliario de quince años en lucha contra el régimen militar de su país (hoy Myanmar) y ocurrió con el chino Liu Xiaobo, otro luchador por los derechos humanos, que recibió la gran exhortación para la paz también metido entre rejas y que sin duda crea revulsivo internacional, a la larga beneficioso por lo que tiene de denuncia y resistencia.</p>
<p style="text-align: justify;">La catártica tarea de premiar a los hacedores de paz comenzó a principios del siglo XX, un siglo que luego terminó por mostrarse precisamente —cruel realidad— el más belicoso, sangriento e hiperdinamitero de toda la historia. Eso sí, con unos cuantos ex votos parpadeando en medio de las tinieblas. Porque, en efecto, da escalofrío y esperanza pensar que la misma composición deflagrante que usan los terroristas para matar mujeres y niños en una iglesia genera en los circuitos financieros y políticos, necesitados de algún tipo de redentorismo, la riqueza para estimular el sostenimiento y la evolución del espíritu culto, valiente, piadoso y concienciado, imagen contrapuesta generada por la ignominia.</p>
<p style="text-align: justify;">La distinción al activismo de la concordia la compartieron tres mujeres asimismo negras y pacifistas en la turbulencia africana, defensoras de sus derechos igualitarios o de emancipación, referidos en este caso a Liberia y Yemen, y de alguna manera implicadas en el movimiento antidictatorial de la llamada «primavera árabe» que siempre huele a materias primas, insaciabilidad de las potencias posindustriales y peligro de insurgencias islamistas o militaristas, como señaló un titular de prensa respecto al ensangrentado Egipto: «Del puño de hierro del faraón a la bota militar».</p>
<p style="text-align: justify;">La concesión a la Unión Europea del último Nobel de la Paz es el paradigma de este relato. Europa ha sido el escenario más culto y civilizado de las guerras más espantosas. La UE con todas sus contradicciones y deficiencias alejó, en parte, la posibilidad de nuevos enfrentamientos bélicos y creó elementos de cooperación y desarrollo dentro de unos compromisos que aun relativamente incidieron en el sostenimiento de la paz con base en la explosión del infierno. Mejor que la agresividad nazi de antaño, los batallones de la Wehrmacht o los desequilibrios nacionalistas es la hegemonía euroeconómica de hogaño. ¿Saldrá alguna vez la especie humana de esta odiosa contraprestación absurda atormentada por los Alfred Nobel y rescatada por los Henri Dunant del mundo en su tejemaneje obsceno de sangre y mortandad y gloria cultural y humanitaria que de todas formas, esta segunda opción, claro, hay que agradecer? Como conclusión aproximada, en la densa trama política y social de la historia debe invocarse que no sea siempre esa la verdadera signatura del progreso.</p>
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		<title>Tradición contra comunicación en música: Cómo interpretar los quince primeros compases de la obertura de “La flauta mágica” de Mozart</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Oct 2012 11:49:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Carlos Carmona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estudios]]></category>
		<category><![CDATA[Número 2]]></category>

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		<description><![CDATA[Una partitura es una comunicación con vocación histórica de un discurso musical. La partitura usa unos signos concretos que definen una serie de parámetros como altura del sonido, duración, frecuencia temporal, textura de los sonidos, timbre (según los instrumentos o voces a los que se les confiera cada línea melódica), intensidad y velocidad. Algunos de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong>Una partitura es una comunicación con vocación histórica de un discurso musical. La partitura usa unos signos concretos que definen una serie de parámetros como altura del sonido, duración, frecuencia temporal, textura de los sonidos, timbre (según los instrumentos o voces a los que se les confiera cada línea melódica), intensidad y velocidad. Algunos de esos signos son de interpretación restrictiva (la nota “do”, por ejemplo, tiene una frecuencia matemática determinada por unas características físicas), pero otros son flexibles (qué signifique allegro o forte queda a la consideración del intérprete musical). Existen diferentes parámetros o criterios para interpretar una obra, pero el más evidente es el criterio literal: intentar hacer objetivamente lo que la partitura establece. El comienzo de la ópera La Flauta Mágica de Mozart arrastra tradicionalmente una forma de ser interpretada contraria a la literalidad de sus signos en la partitura. En el presente artículo estudiaremos estos primeros quince compases y veremos cómo el texto, la literatura, o sea: la partitura, aunque establece un deber interpretativo produce en nueve de diez casos otra interpretación, contraria al sentido de sus signos musicales, que sólo está sustentada en la llamada “tradición”. Será pues el ejemplo de cómo la comunicación escrita puede alterarse en la comprensión de su significación sólo por el deseo de los que históricamente han detentado el poder en ese ámbito, que decidieron en su día no seguir el dictado de lo escrito por el compositor.</p>
<p><strong>Tradición y paradojas</strong></p>
<p>Tradicionalmente, los primeros 15 compases de la obertura de la Flauta Mágica de Mozart han sido interpretados en un pulso de corchea (esto puede oírse en las grabaciones de alguno de los grandes directores como Karl Böhm en sus versiones grabadas de 1955 y 1964, Otto Klemperer, Sir Georg Solti y Sergei Evgenin o incluso en alguno de los menores como Klaus Arp o Stores Niversson). La partitura establece que la velocidad ha de ser la de Adagio, pero –y aquí es donde aparece el núcleo del problema– el compás que propone Mozart es el compás de compasillo binario (esto es, una C partida por una barra vertical). En principio, un compás binario como este viene a representar que ha de marcarse a dos, o sea, en dos pulsos; no obstante, muchos teóricos plantean que la caracterización del compás (en este caso el compasillo binario) es un referente con efectos armónicos más que rítmicos. Esto quiere decir que al establecer Mozart un compás binario al comienzo de la obra está especificando que sus armonías se van a regir por las reglas que afectan a  compases que sólo tienen una parte fuerte y una débil, lo que implicará más libertad a la hora de establecer notas de paso, justificación de disonancias y respeto a las leyes de los acordes sólo en dos puntos de cada compás y no en cuatro como hubiera sido en el caso en que el compás hubiera sido simplemente de compasillo (sin la barra vertical), como un tradicional 4/4.</p>
<p>El pulso de corchea al que los grandes directores han venido marcando este tempo de Adagio está convirtiendo este compás binario (de dos pulsos diferenciados) en ocho (¡!) pulsos diferenciados. La justificación a simple vista parece ser la de que el término Adagio permite alargar la velocidad hasta tal punto que se pueda convertir en ocho lo que era dos. Hay que reconocer sin embargo, que ejemplos de éstos se vienen dando a menudo a lo largo de la historia sin el más mínimo pudor ya desde el Barroco sin que los tratadistas se hayan hecho eco de esta teórica incongruencia. Hasta aquí, bien, entonces. Démoslo por bueno.</p>
<p>Pero si estudiamos esta partitura con más detenimiento observaremos una serie de incongruencias que nos deberían llevar en principio a replantearnos si lo que la tradición ha estado haciendo era lo que Mozart quería realizar en verdad.</p>
<p>Es cierto que a partir del compás 16, donde ya Mozart establece como nuevo tempo el de Allegro, la lógica del compás binario es aplastante y podría justificar que por mantener una cierta unidad hubiera planteado el compás binario desde el principio diferenciando sus tempi sólo por los conceptos agógicos (Adagio y Allegro).</p>
<p>¿O no? ¿Por qué no podía, Mozart, poner primero Adagio en compás de compasillo y después Allegro en compás binario?</p>
<p><strong>¿Fue, Mozart, preciso en la escritura de esta partitura?</strong></p>
<p>¿Estamos pensando, arrastrados por su leyenda, que Mozart pudo escribir la pieza de prisa y corriendo sin fijarse demasiado en los detalles contando –como así luego fue– con que él mismo sería el director de la orquesta en su preparación y ejecución? Pues no. Y lo voy a demostrar llamando la atención sobre los delicados detalles de preocupación por lo bien hecho que podemos ver en la partitura. Para empezar, sólo hay que fijarse en el primer acorde de la orquesta: todos los instrumentos tienen escrito el matiz f*, excepto los violines primeros que tienen escrito ff y los violines segundos que tienen un sf. ¿Son estos detalles muestra de dejadez? Más aún, en el compás quinto todos los instrumentos de viento metal tienen un sfp, mientras que el timbal tiene sólo una f . Imaginamos que Mozart sabía con claridad lo obvio: que la intensidad del golpe se iba a ir atenuando creando de suyo un efecto sfp. Pero es otra muestra de trabajo pormenorizado de la escritura musical.</p>
<p>En el mismo acorde, violines y violas no hacen sfp como los vientos y los bajos sino sf, para, al parecer, cederles el protagonismo hasta la última parte del compás donde por fin sí aparece la p que los coloca en igualdad de plano sonoro con las demás voces.</p>
<p>Por último, como otra prueba de que estos quince compases fueron muy bien planificados por Mozart, podemos ver en los compases 13 y 14 cómo mientras todos los instrumentos tienen sf, los trombones (temiendo, posiblemente, el poder de su fuerza) tienen escrito mfp.</p>
<p>En definitiva, creo que queda suficientemente probado que cuando Mozart escribe alguna anotación, por mínima que sea, en la partitura (o por lo menos en esta partitura) lo hace a conciencia de lo que busca.</p>
<p>De esta manera podemos volver a preguntarnos: ¿tiene sentido que escriba un compás binario y un tempo Adagio para querer pedir que la unidad de pulso sea la corchea?</p>
<p><strong>El valor de la semicorchea y la duración de los silencios</strong></p>
<p>La tradición musical se toma otra libertad en estos primeros compases: aplica el valor de corchea a las semicorcheas en anacrusa de cada parte fuerte de los compases 2 y 3. Y, lo que es aún más arbitrario, convierte el tresillo de fusas de los violines primeros del compás 3 en tresillo de semicorchea, robando, obviamente, en cada caso, esa parte de tiempo a los silencios precedentes.</p>
<p>Cuando uno observa esto en las grabaciones empieza a sospechar.</p>
<p>Pero para mí, toda esta reflexión se tornó investigación cuando, preparando la ejecución de esta obra, observé que, además, los grandes maestros no conseguían que el silencio con calderón de estos tres primeros compases se alargase perceptiblemente. Es decir: al ejecutar este comienzo de obra en un 4/4 subdividido (una especie, por tanto, de 8/8), el silencio de negra más el silencio de corchea (ya hemos dicho que el puntillo del silencio de corchea se lo comían) duraba exactamente su valor, aunque Mozart le escribió un calderón encima al silencio de negra que nadie respeta.</p>
<p>¿Y por qué no han podido respetar, alargar, el silencio escrito por el compositor? Porque subdividido el pulso el silencio es suficientemente largo de por sí.</p>
<p>A lo largo de mi experiencia como Director he descubierto que los silencios tenían mucho que decirme –como decía Casals: &#8220;los silencios también son música (Blum 1980, 108)&#8221;– (revise el que pueda o recuerde, el larguísimo silencio del final del motete Locus Iste de Bruckner o los silencios, muy similares a estos, del comienzo de la Obertura Egmont de Beethoven: si la obra se lleva muy lenta, los silencios se muestran absurdamente largos y claman que todo lo anterior se revise para que su duración se acople a una lógica discursiva razonable). Así mismo, si intentaba alargar el silencio, tal como el calderón que había escrito Mozart me lo pedía, en la Obertura de la Flauta Mágica con pulso de corchea, todo perdía sentido y las notas y los acordes se quedaban colgados como si no fueran de nadie, como si no pertenecieran a un mismo discurrir musical. Por eso los grandes maestros no llegaban a realizar el calderón. Pero, entonces&#8230; ¿Mozart escribió de más, se equivocó?</p>
<p>Mucho más evidentes son estas incongruencias en los seis compases en los que se reexponen estos acordes introductorios en los compases 97 a 102 de la obertura. Mozart, después de desplegar todo el tema fugado del Allegro, relaja las tensiones volviendo a presentar estos acordes a modo de fanfarria antes de que vuelva a desarrollarse el tema principal ligero. Sin embargo, la notación varía porque después del segundo acorde de blancas encontramos un silencio de blanca con calderón más un silencio de negra y corchea con puntillo, antes de que vuelva a aparecer la semicorchea anacrúsica del siguiente acorde. Aquí sí que no hay manera de, a esa velocidad (pulso de corchea), respetar su estricta duración más calderón. Los maestros arriba indicados ¡ni siquiera llegan a respetar la duración de los silencios sin calderón (imagínense si esperasen todo su tiempo más un breve añadido por el calderón)!, y se ven en la necesidad de acometer el siguiente acorde porque el silencio se les hace eterno.</p>
<p><strong>Las notas a contratiempo y el sentido de las síncopas</strong></p>
<p>Hay aún dos elementos más que nos hacen dudar del pulso de corchea al que los grandes directores marcan este tempo Adagio  de la Obertura: el primero es el dibujo que los violonchelos, los contrabajos y los fagotes realizan en los compases 4º y 6º. Marcándolo de manera subdividida, la negra con doble puntillo queda enormemente extensa (tres pulsos) y la semicorchea parece convertirse casi en una apoyatura de la siguiente nota. Sin embargo, en compás binario marcado a dos (en pulso, por tanto, de blanca), el diseño de ese compás queda compacto y unitario creando la sensación de &#8220;pasos misteriosos&#8221;, como si un gran ogro caminara a puntillas.</p>
<p>El otro elemento es el sentido de síncopa en la intervención de los trombones en los compases 9 y 11, y la de los trombones, las trompas y los clarinetes en los compases 13 y 14. Porque si esas notas se ejecutan a pulso de corchea adagio el carácter de síncopa se pierde por completo. Y viendo esas notas ahí sueltas uno se pregunta: ¿de verdad que el interés de Mozart era sólo el de rellenar una parte medianamente vacía?, ¿o era la de crear un efecto sincopado cuando se marcara a blanca en tempo adagio?</p>
<p>A mí me parece tan evidente la segunda opción que no puedo entender cómo la tradición ha asentado la opción contraria a través de los tiempos.</p>
<p>En este mismo sentido, la síncopa en la melodía de los violines a partir del 4º compás también se pierde si el pulso va subdividido y no así si se lleva a dos.</p>
<p><strong>El sentido de la obra</strong></p>
<p>Como todo el mundo sabe, en La flauta mágica se contraponen dos mundos, el de lo real y el de lo sobrenatural; y dos sensibilidades, el amor y la maldad.</p>
<p>Las oberturas, como las introducciones de todos los trabajos de investigación, se suelen realizar, también, una vez concluida la obra. Porque en ése, y sólo en ese momento es cuando el creador sabe qué es lo que ha escrito y está en condiciones de poder presentar los temas de lo que será el contenido de su obra. Pues bien, es comprensible que la presentación de la obra tenga tintes dramáticos y oscuros, muy del estilo de los himnos masónicos que aparecerán al final de la obra y que quizás justifiquen tanta lentitud. Pero, por otra parte, manteniendo el pulso de blanca en Adagio también se puede conseguir un cierto carácter solemne, y las semicorcheas de la melodía en el 5º y 7º compás nos pueden ir sirviendo de introducción para reconocer las semicorcheas del tema fugado que se despliega a partir del compás 16.</p>
<p><strong>Resumen y propuesta</strong></p>
<p>En suma: si observamos las grabaciones de los grandes Maestros, este Adagio en compás binario lo marcan a pulso de corchea y de ahí que: primero, no respetan la indicación del calderón sobre el silencio de negra en los tres primeros compases porque se les haría demasiado larga la pausa; segundo, las semicorcheas de las anacrusas del primer y segundo compás la miden como corchea, quitándole su sentido de quassi mordente romántico; tercero, no respetan el tresillo de fusas del compás 3º convirtiéndolo en tresillo de semicorcheas; cuarto, el dibujo de los violonchelos y contrabajos en los compases 4º y 6º se queda sin sentido; y quinto, se pierde el carácter sincopado en la melodía de los violines en el compás 4º y en la intervención de los trombones y trompas y clarinetes en los compases 9º, 11º y 13º y 14º, respectivamente.</p>
<p>Hemos demostrado que Mozart no escribió las anotaciones de esta partitura descuidadamente, por los detalles de los diferentes matices en los violines primeros y segundos en el compás 1, y del timbal y la cuerda en el compás 5, etc.</p>
<p>Por tanto, concluyo que sería interesante una revisión de los criterios de interpretación del Adagio de esta Obertura en base a los siguientes argumentos: primero, Mozart escribió que la obra debería interpretarse en un compás binario, por tanto a pulso de blanca; segundo, así marcado, el calderón sobre el silencio de negra en los compases 1º, 2º y 3º encontraría sentido; tercero, así marcado, el sentido del dibujo melódico de los bajos en los compases 4º y 6º encontraría sentido; cuarto, así marcado, el carácter sincopado de la melodía en el compás 4º y de los rellenos armónicos de los vientos en los compases 9º, 11º, 13º y 14º encontrarían sentido; y quinto, los contratiempos a semicorchea y el tresillo de fusa de los tres primeros compases deberían hacerse con la medida que está escrita y no ampliando su duración.</p>
<p>Y todos estos análisis, en una reducción de orquesta para piano se ve con muchísima más facilidad, porque es imposible concebir al piano que un acorde de notas blancas pueda durar ocho pulsos, y posiblemente Mozart trabajara sobre este instrumento en la creación de sus obras.</p>
<p>A lo largo de la historia de la interpretación musical (no tan extensa como podamos imaginar: porque la mayor parte de los intérpretes hasta bien entrado el Romanticismo sólo interpretaban su propia obra) se han ido estableciendo unos usos que, indefectiblemente, también deben servirnos como criterios interpretativos, y en este caso la tradición establece que esa obertura se marque a pulso de corchea lenta. No obstante la tradición, revisar los criterios en base a los elementos escritos es, desde mi punto de vista, una obligación científica y artística de todo intérprete. Revisión que, como esta, se ofrece a la comunidad investigadora y musical para que presente, si lo cree conveniente, alegaciones a lo aquí expuesto.</p>
<p>La interpretación literal de las partituras no tiene por qué ser la única opción, aunque quizás obedecer lo escrito debiera ser nuestro primer compromiso como intérpretes; queda bajo nuestra responsabilidad, pues, trabajar en mayor o menor medida con el margen que la partitura nos ofrece.</p>
<p>Si los lectores de este artículo llegaran a sentirse convencidos de los argumentos aquí expuestos, deberán pensar en cómo la tradición, o sea, la repetición de lo equivocado, termina por convertirse en ley aceptada. Este es sólo un ejemplo más.</p>
<p><strong>*Glosario de matices interpretativos que aparecen en este artículo:</strong></p>
<p>f   Fuerte<br />
ff   Fortísimo<br />
sf    Sforzando (acentuando con fuerza)<br />
sfp  Sforzando piano (acentuando con fuerza pasando súbitamente a tocar muy suiavemente)<br />
mfp  Mezzo Sforzando piano (acentuando con media fuerza pasando súbitamente a tocar muy suiavemente)<br />
p  Piano (suave)</p>
<p>Discografía comparada:<br />
- Mozart, W. A. La flauta mágica. Orquesta Filarmónica de Berlín, Director: Karl Böhm. Deutsche Grammophon. 1964.</p>
<p>- MOZART, W. A. La flauta mágica. Wiener Staatsopernchor – Wierner Philharmoniker. Director: Karl Böhm. Nota blu, 1955.</p>
<p>- MOZART, W. A. La flauta mágica. Philarmonia chorus &amp; orchestra, Director: Otto Klemperer. EMI CLASSICS, edición de 2000.</p>
<p>- MOZART, W. A. La flauta mágica. Wiener Philharmoniker &#8211; Wiener Staatsopernchor, Director: Sir Georg Solti. Decca, 1986.</p>
<p>- MOZART, W. A. La flauta mágica. St Petersburg Festival Symphony Orchestra, Director: Sergei Evgenin. HDC (no consta fecha).</p>
<p>- MOZART, W. A. La flauta mágica. Orquesta Sinfónica y Coros de Baden-Baden, Director: Klaus Arp Saccá. Alfadelta. 1992.</p>
<p>- MOZART, W. A. La flauta mágica. Orquesta Filarmónica de Hamburgo. Director: Stores Niversson. Gestec, 1992.</p>
<p>- MOZART, W. A. La flauta mágica. London Philharmonic Orchestra. (No consta el director). Ed.: Serdisco. 1993.<br />
Bibliografía:<br />
- BLUM, D.<br />
1980        Casals y el arte de la interpretación. California Paperback<br />
Edition; ed. Cast.: Trad. T. Paul Silles, Barcelona, Idea Books, S. A., 2000.</p>
<p>- DOWNS, P. G.<br />
1992        Classical Music, W.W. Norton &amp; Company, Inc.; Ed.<br />
Cast.: La música Clásica, trad. Celsa Alonso, Madrid,<br />
Akal, 1998.</p>
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