El cambio del Psoe en Radio Televisión Española

Periodista, escritor y profesor. Nació en Madrid en 1963. Es Doctor y Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad ejerce como profesor de Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Como investigador, es autor de varios libros y documentales sobre actualidad política, comunicación y cultura.


RESUMEN
RTVE sufrió una transición de tres años hasta que los socialistas se hicieron cargo de la situación. El ente había cerrado el ejercicio 1976 con un déficit de 3.000 millones de pesetas. Ya entonces se recurrió a un crédito extraordinario con cargo a los Presupuestos Generales del Estado para tapar el agujero. En 1977 Rafael Ansón tuvo que pagar a sus trabajadores con dinero anticipado por el Banco de España. Esto precipitó debates en el Congreso y cambios en el organigrama de RTVE que culminaron en 1978 con la dimisión de los cuatro directores de los telediarios de la época. A principios de 1978 la situación se hizo insostenible y el Psoe esperaba su oportunidad con José María Calviño como submarino, después de llegar a RTVE como secretario del gabinete del director general Adolfo Suárez en 1969.
ABSTRACT
RTVE suffered a transition of three years until the Socialists took charge of the situation. The entity had closed the exercise 1976 with a deficit of 3.000 million pesetas. Already then it was appealed to an extraordinary credit by cargo to the General Budgets of the State to cover the hole. In 1977 Rafael Ansón had to pay his workers with money anticipated by the Bank of Spain. This precipitated debates in the Congress and changes in RTVE's flowchart that they reached in 1978 with the resignation of the four directors of the television newscasts of the epoch. At the beginning of 1978 the situation became untenable and the Psoe was waiting for his opportunity with Jose Maria Calviño as submarine, after coming to RTVE as secretary of the office of the general manager Adolfo Suárez in 1969.

En 1980 José María Calviño se convirtió en vocal del Psoe en el consejo de administración de RTVE. Había llegado al ente con Suárez en 1969. Al principio actuó como un hombre leal a su persona, pero cuando el Psoe empezó a cobrar peso en la sociedad española y en RTVE se empezaron a formar las primeras células sindicales y de oposición a los herederos del franquismo, Calviño surgió como la gran alternativa socialista. En 1980 Suárez ejercía ya como presidente de UCD y del Gobierno y Calviño se había constituido en el más peligroso submarino del Psoe en el corazón de RTVE.

Calviño conocía todas las irregularidades cometidas durante la etapa de Suárez y sus equipos de confianza en RTVE y esto representaba un tesoro muy preciado. Los años de transición que pasaron entre el mandato de Rafael Ansón y la llegada de los socialistas al ente transcurrieron entre escándalos y reajustes constantes de la plantilla de altos cargos.

Fue un periodo favorable a los intereses del Psoe, que llegó a hacerse con el control interno de la casa antes incluso de gobernar. En ese periodo previo a la llegada de los socialistas a RTVE se constituyó el comité anticorrupción[1], cuyas primeras denuncias se hacen públicas el 28 de noviembre de 1977 antes de autodisolverse en mayo de 1978.

El 2 de noviembre de ese año el Gobierno de UCD firmó el 40 Real Decreto por el que se creó el consejo rector provisional de RTVE. La caótica situación financiera de RTVE provocó cambios en su organigrama que a su vez provocaron la dimisión de los cuatro directores de los telediarios bajo el mandato de Fernando Arias Salgado[2].

Los cuatro directores constituían entonces la flor y nata de la cadena. Ladislao Azcona, Eduardo Sotillos, Pedro Macía y Miguel Ángel Gozalo se plantaron cuando se nombró a Fernando Bofill, José María Carcasona y Feliciano Lorenzo Gelices como directores adjuntos para los servicios informativos, programación y gerencia, respectivamente, al considerarlos una nueva penetración del Opus Dei en RTVE.

Estos nombramientos recortaban considerablemente los poderes de los dimisionarios. En el consejo de RTVE se sentaba por entonces Javier Solana como representante del Psoe, que ya hacía piña con algunos grupos de profesionales del ente.  Hasta 25  altos cargos de TVE, entre subdirectores y jefes de servicios, enviaron una carta a Fernando Arias-Salgado solicitando la revocación de los nombramientos de Gelices, Carcasona y Bofill. Como medida de presión, los representantes socialistas abandonaron el consejo rector de RTVE el 26 de enero de 1978.

Feliciano Lorenzo Gelices, director adjunto de TVE para la gerencia, se hizo famoso en la televisión de la época porque encargó a cuatro empresas consultoras (Bedaux Española, SA, ICSA, Sofemasa y Tea, SA) un estudio sobre RTVE que fue retenido por el escandoloso contenido de sus conclusiones, pero que finalmente provocó que el Congreso aprobara una proposición no de ley de UCD con enmiendas socialistas para establecer de una vez sistemas de control contable en TVE[3].

Fue el momento en que Hacienda anunció la inspección de la gestión financiera de RTVE y cuando noventa mandos intermedios de TVE entregaron al director general un documento en el que decían: “No somos copartícipes del caos empresarial de TVE”[4]

Como consecuencia de esta revolución interna dimitió Fernando Bofill, director adjunto de TVE para los servicios informativos, y el Gobierno remitió al Congreso el proyecto de estatuto jurídico de RTVE. Tuvo que remitirlo una segunda vez para que fuera aprobado en diciembre de 1979, después de que se produjera la primera huelga en la historia de TVE[5]

Feliciano Lorenzo Gelices fue cesado como director adjunto de TVE para la gerencia el 6 de enero de 1979. Con su salida se inició una tercera oleada de reajustes y nombramientos, a la espera de que los socialistas le echaran mano de una vez al despilfarro en RTVE.

Calviño al poder

En estas circunstancias, cuando la UCD quiso reaccionar, a partir de octubre de 1981, con Carlos Robles Piquer en la Dirección General, era ya demasiado tarde. Robles Piquer no se había enterado de nada. Desconocía los problemas de RTVE y enfrente tenía a expertos en la materia que no iban a dejar pasar su oportunidad. Calviño casi había tomado el control de TVE antes de que el Psoe desembarcara en la casa tras ganar las elecciones de 1982.

José María Calviño no estaba afiliado al Psoe. Era vocal de su consejo de administración, elegido por las Cortes a propuesta del grupo socialista. Nació en Pontevedra. Entonces tenía 39 años, era abogado y formaba parte de la plantilla de RTVE desde 1970. Calviño era el quinto director general de RTVE (cuarto director general del Ente Público) desde que se promulgó el Estatuto en enero de 1980.

Cuando el Psoe llegó al poder RTVE tenía unos 9.000 trabajadores. Junto a Calviño, en el consejo de administración de RTVE se sentaban socialistas como Roberto Dorado, Gómez Redondo y Marugán.

Calviño tomó posesión como director general del ente el 10 de diciembre de 1982, cinco meses después de la caída de Robles Piquer. A su toma de posesión acudieron Alfonso Guerra, Javier Solana y Javier Moscoso. Desde el principio disfrutó de los apoyos y bendiciones del partido. Tuvo carta blanca para hacer y deshacer, y enseguida se incrementó la nómina de profesionales que empezaron a llenar los pasillos sin hacer nada pero sin dejar de cobrar.

Guerra, el hombre del partido dedicado a los asuntos de los medios de comunicación, ordenó a Calviño arrasar con todas las estructuras existentes en RTVE. En la casa se atisbaron enseguida aires de purga y depuración.

Otro de los hombres de Guerra que frecuentaba RTVE antes de la llegada del Psoe era Guillermo Galeote, que también fue el encargado de liquidar la cadena de medios de comunicación del Estado, vendiendo periódicos a precio de saldo a empresarios amigos del Psoe[6].

Galeote, según relata Pedro Muñoz en su libro sobre el periodo socialista en RTVE, en una ocasión, durante un almuerzo en Prado del Rey,  llegó incluso a amenazar a Juan Luis Buhigas, jefe de producción leal a Suárez, y Mauro Muñiz, con “cepillarse a los fascistas en cuanto llegara el Psoe al poder”[7].

La llegada del Psoe supuso la condena inmediata de profesionales de toda la vida como Angel Losada, Mariano Medina, Marisol González, Florencio Solchaga, Manuel Almendros, Tello Zurro y Pablo Irazazábal, Julio César Fernández, Santiago Vázquez, Ana Cantalapiedra, Ramón Almendros y Santiago López Castillo.

Igualmente supuso el ascenso de los afines: Julio Bernárdez, Luis Mariñas (luego reconvertido a la disciplina del PP), José Abril, Raquel Heredia, Clara Isabel Francia, Carlos Estévez y Rosa María Mateo.

La democracia y la alternancia en el poder trajo consigo la guerra de clanes y la imposibilidad de que RTVE funcionase como una empresa independiente. Esa guerra de clanes se visualizó a través del enfrentamiento entre los hombres de Guerra, entre los que se encontraba Calviño, y Felipe González, que desde el principio encontró en TVE un blanco fácil para tirar piedras contra el tejado de Guerra.

Cuando a Felipe se le preguntaba si le gustaba la televisión de Calviño, decía que había programas que no le gustaban, y añadía: “Decir cuáles sería una falta de respeto a los profesionales que los tienen encomendados. De aquí a diciembre se podrá ver cuáles eran, pues será los que desaparecerán”.

Calviño se veía entonces en la necesidad realizar afirmaciones que ponían de manifiesto el ambiente que se respiraba en cada clan: “Me parece normal que Felipe González, como ciudadano y telespectador, exponga sus gustos sobre la televisión. Pero no vamos a hacer una programación a su gusto. Hemos de servir a 23 millones de telespectadores”.

El nuevo director general tenía encomendada la misión de acabar con la televisión que hasta entonces sólo habían gestionado el franquismo y sus herederos. Acusó a Fernando Castedo de usar TVE para promocionar el Congreso de la UCD en Mallorca en 1981, pero no tuvo reparos en reducir los espacios críticos e independientes durante su etapa al frente de RTVE.

El símbolo de esta gestión depredadora fue la supresión de La clave, el programa que dirigía José Luis Balbín, que ni siquiera en tiempos de Franco había sufrido censuras significativas a la hora de confeccionar la lista de invitados. Los más jóvenes tal vez no conozcan el funcionamiento de La clave. En esencia, el equipo del programa elegía un asunto de más o menos actualidad que permitía en cualquier caso un desarrollo amplio a lo largo de una tertulia que tenía lugar tras el visionado de una película relacionada con el tema de cada semana.

A la tertulia se invitaba a personalidades de todo pelaje y condición. La mayor parte eran políticos, pero también acudieron filósofos, deportistas, directores de cine y un largo etcétera de talentos con ocupaciones de todo tipo. Los asistentes discutían entre ellos sin apenas interrupciones. Sin duda era uno de los programas emblemáticos de TVE. Pero llegó el Psoe y se lo cargó cuando a Balbín se le ocurrió invitar a la tertulia a Alonso Puertaque había sido teniente de alcalde con Enrique Tierno Galván.

El equipo de La clave preparaba una nueva edición durante la semana del 7 al 14 de enero de 1983 bajo el título “Los ayuntamientos de izquierda”. Al programa fueron invitados Julio Anguita, entonces alcalde comunista de Córdoba, Ramón Masseguer, secretario del ayuntamiento de Gerona, Ramón Sainz de Baranda, entonces alcalde de Zaragoza, José María Alvarez del Manzano, que entonces aún era concejal del Ayuntamiento de Madrid, Francisco Alvarez Cascos, entonces concejal del Ayuntamiento de Gijón, Miguel Primo de Rivera y Urquijo, ex alcalde de Jerez de la Frontera, y el propio Alonso Puerta, ex concejal del Ayuntamiento de Madrid.

Pero su director no calculó el alcance de aquella jugada. Puerta fue el primero que se atrevió a denunciar detalles en torno a una trama de corrupción que había empezado a funcionar en el Ayuntamiento de Madrid. El propio Puerta no sabía nada hasta que Florentino Pérez, actual presidente de ACS y del Real Madrid, le puso en antecedentes. Le contó que el Psoe estaba cobrando comisiones a cambio de concesiones municipales. De hecho, Puerta había asistido a reuniones en las que el delegado municipal de Hacienda, el socialista Baltasar Aymerich, y el delegado de Saneamiento, Jesús Espelosín, impusieron la adjudicación de los servicios de limpieza de varios distritos a las empresas Focsa y Cycsa, comandadas entonces por Los Albertos.

Puerta denunció la tropelía y el Psoe le expulsó del partido, a pesar de que, pasado el tiempo, los tribunales le dieron la razón. Puerta era como el coco para el Psoe, en una época en la que aún se desconocía el tamaño de las verdaderas tramas de corrupción que más tarde acabaron con quince años de Gobierno socialista.

Con estos mimbres, la presencia de Puerta en La clave no resultaba agradable entre los responsables socialistas de TVE. Balbín no estaba adscrito al partido y siempre estuvo dispuesto a capear los temporales que provocaban la confección de sus programas. Aquel 14 de enero pensó que no sería para tanto y que las presiones que recibió para dejar fuera a Puerta serían pasajeras. Pero se equivocó. La clave desapareció. José María Calviño y Alfonso Guerra, su mentor, pasaron a la historia de la televisión como los enterradores de uno de los pocos programas críticos que se mantenían en la parrilla bajo la batuta socialista.

Pero Balbín era algo más. Desempeñaba el cargo de director de los servicios informativos de TVE y como tal constituía uno de los objetivos de Calviño. El 21 de septiembre de 1983 lo destituyó debido al deterioro que los informativos.  Calviño le pidió la dimisión, pero al negarse, Balbín fue destituido al día siguiente de que el presidente del Gobierno, Felipe González, dijera ante el pleno del Congreso de los Diputados que no estaba satisfecho con la programación de TVE.

Este episodio explica la animadversión posterior que ha mostrado Balbín hacia todo lo que huela a socialistas en nuestro país. Su paso por las tertulias de la COPE y la puesta en marcha del semanario La clave, con dinero del entorno económico del popular Fernando Zaplana completan la radiografía del Balbín actual.

Fuentes de la ejecutiva del Partido Socialista Obrero Español interpretaron que el cese de Balbín podría haber estado relacionado con la emisión en uno de los telediarios de entrevistas con presuntos delincuentes.

Calviño nombró como nuevo director de los informativos a Enrique Vázquez, que hasta entonces era el subdirector, con quien formó un tandem que se extendió después al mundo de los negocios a la sombra del Psoe. Vázquez  recorrió emisoras y periódicos en busca de caras nuevas. Descubrió a Amalia Sánchez Sampedro, que no daba en cámara pero que formó parte de la cohorte fiel de Felipe González. Los calviño boys ficharon al atípico Felipe Mellizo y a las musas del socialismo emergente: Angeles Caso y Concha García Campoy. Se cargaron a los rostros del pasado, entre ellos Alfredo Amestoy y José María Iñigo. Luis Ezcurra pasó a situación de excedencia después de una vida en TVE sin que le afectara la llegada de ningún director general anterior. Uno de los últimos símbolos del pasado era Paloma Gómez Borrero, la corresponsal fija y entusiasta del Vaticano, que también pidió la excedencia y se fue al programa de Luis del Olmo.

Paco Lobatón y Manuel Campo Vidal hicieron negocio con la llegada del Psoe. Primero, en TVE y después, en Canal Sur, donde se han refugiado muchos de los que ocuparon la parrilla del prime time durante el mandato de González. Otra víctima del socialismo triunfante fue Pedro Erquicia, que hasta entonces ejercía como corresponsal en Nueva York.

Desde luego, TVE cambió, pero cayó de nuevo en el sectarismo político que impulsaron sus nuevos gestores.Y tampoco puede decirse en su defensa que las cuentas les salieran mejor.

Más publicidad, más presupuesto y más déficit

Es cierto que la gestión de directores anteriores había transcurrido bajo situaciones de alguna excepción. Estudiosos de la historia de RTVE señalan que entre la naciente democracia, la figura del Rey y el lanzamiento político de Suárez se diluyeron muchos millones que lastraron desde entonces las cuentas de RTVE.

Calviño se encontró además con una plantilla inflada que reclamaba subidas salariales que hipotecaron más aún la situación financiera de RTVE. Su gestión se centró en descubrir vías nuevas de publicidad. El brazo ejecutor de Guerra en RTVE llegó con la consigna de detener el gasto y aumentar los ingresos publicitarios de la casa. El monopolio que mantenía entonces el ente en el mercado audiovisual le permitió elevar las tarifas para sobrevivir sin la subvención de 7.000 millones de pesetas que hasta entonces, 1983, recibía, del Estado.

Al nuevo director general le asistía la razón: había que congelar como fuera los gastos de personal. Nadie que haya trabajado en medios de comunicación privados en España o en cualquier otro lugar encontraría lógico el despilfarro que ha dado lugar a la monumental deuda histórica de RTVE. Cualquier empresa habría saneado su plantilla con operaciones de cirugía severa. En RTVE, sin embargo, ni Calviño pudo con los sindicatos ni con la decisión de Miguel Boyer de retirar la subvención.

Su estrategia consistió en elevar el presupuesto por la vía de los ingresos publicitarios, que pasaron de los 42.305,9 millones de pesetas a una previsión de 49.305,9 millones. De esta forma, TVE aumentó progresivamente sus ingresos publicitarios. Un 26,5 por ciento en 1982, y otro 15 por ciento en 1983.

En 1985 RTVE ingresó 68.552 millones de pesetas, cuando sólo estaban presupuestados 68.000 millones en concepto de publicidad. Estos eran los llamados superávits de Calviño, que en realidad encubrían una descapitalización galopante y una contabilidad deficiente que aún impedía realizar un análisis preciso de su situación financiera.

El escenario al que se enfrentaba el futuro de RTVE suponía ya entonces una dura travesía si no emprendía una operación drástica de saneamiento y reestructuración, en un horizonte de desmonopolización del mercado televisivo doméstico y de internacionalización a través de los satélites.

TVE carecía aún de un sistema de  contabilidad analítica general y tan sólo se tenían datos precisos de algunos capítulos concretos de gestión. Tampoco se disponía de un inventario de bienes y por lo tanto se desconocía su valor patrimonial e incluso su titularidad. Gran parte de las instalaciones pertenecían al Estado y por lo tanto no eran imputables a su haber.

Las dotaciones anuales de amortización y de inversión, cuantificadas en unos  centenares de millones de pesetas, eran sencillamente ridículas para una empresa que rondaba los 50.000 millones de presupuesto y los 100.000 millones de facturación. En un mercado, el de la imagen, en el que se  exigían importantes y rápidas inversiones para la renovación constante del material, RTVE carecía por completo de competitividad. Sus equipos quedaron obsoletos y sin posibilidad de reaccionar.

Los ratios de los porcentajes de amortización y las dotaciones anuales sobre inmovilizado en balance mostraban una empresa descapitalizada[8].

Pese a todo, a mediados de los años ochenta, el marco en el que se movía RTVE había cambiado sustancialmente. Calviño compareció durante 1985 en once ocasiones ante los diputados y senadores, a quienes contestó un total de 212 preguntas orales más 45 escritas. La frecuencia de comparecencias de Calviño no tiene precedente en la historia de RTVE. En tres años  compareció ante el Parlamento en 34 ocasiones, mientras que sus tres predecesores sumaron juntos en 1981 y 1982 cinco comparecencias.

Estos datos aparecían en un informe titulado Dossier informativo sobre las actividades de RTVE en 1985,  que elaboró el gabinete de relaciones externas de la casa.  En él se detallaba que la plantilla de RTVE rondaba ya los 12.000 empleados y que TVE-1 y TVE-2 llegaban al 98% y al 87% de la población, respectivamente. El autobombo no dejó de lado los telediarios, que según el informe, dedicaron mucho más tiempo a la oposición que al partido del Gobierno.

Esa misma oposición, sin embargo, decía que en RTVE había una gran desorganización y falta de racionalización en los gastos. “Los presupuestos –afirmaba Rogelio Baón, miembro del consejo de administración de RTVE por el PP– se hacen a ojo de buen cubero aunque luego se ajustan las cuentas a toro pasado”.

En este periodo se creó un nuevo modelo de gestión, denominado Plan estratégico, elaborado por el equipo de Ricardo Visedo. Se descentralizaron la administración y la gestión del  Ente y de sus tres sociedades, se comenzó a trabajar en la valoración de puestos de trabajo para emprender una nueva política de personal, y proseguir el desarrollo del llamado Plan Integral de Mecanización e Información (PIMI). El PIMI supuso la implantación de sistemas informáticos en todas las áreas de gestión de RTVE, lo que empezó a paliar el desastre organizativo anterior.

Corruptelas publicitarias

En octubre de 1984 los vocales socialistas del Consejo de Administración de RTVE, Elena Vázquez y Luis S. Enciso, echaban leña al fuego de la incipiente corrupción socialista al presentar una moción en la que se mostraban alarmados por “posibles corruptelas de publicidad encubierta” y por “el tráfico de influencias” en el área de retransmisiones de TVE.

El negocio del momento se basaba en las estrechas relaciones existentes entre los responsables de la empresa Unipublic y ciertos directivos de TVE. El escándalo había saltado poco antes, en septiembre de 1984.

En realidad, las relaciones entre las agencias de publicidad y TVE venían planteando desde siempre problemas de procedimiento que favorecía el uso de información privilegiada en beneficio de determinadas agencias publicitarias y de los mandos de televisión que facilitaban información.

Las denuncias realizadas por personal de la casa señalaban que existía una presunta estrecha relación entre, la empresa de publicidad Unipublic y el jefe de retransmisiones deportivas, Tomás Zardoya. Destacaban la seguridad con que actuaba esta empresa al conocer los espectáculos que se iban a televisar y su ventaja sobre el resto de las empresas publicitarias para ofrecer mejores precios. Esto permitía que Unipublic actuase en el mercado casi en calidad de monopolista. Las denuncias provocaron que desapareciese de la escena el comentarista Antolín García. También se paralizó el proyecto de retransmitir la Regata Transatlántica Española-Ruta del Descubrimiento de América. En los dos asuntos estaba presente la empresa Unipublic.

El lío se descubrió con ocasión de la transmisión de la II Regata Vuelta a España de Cruceros y con la cobertura publicitaria del Campeonato Mundial de Ciclismo. Poco antes de este campeonato se abrió una polémica porque la superficie de madera del velódromo iba a llevar publicidad. En principio, las autoridades barcelonesas se negaron a ello, entre otras cosas porque iba a  dañar la madera traída desde Camerún, pero al final accedieron a su colocación. En virtud de ello, los espectadores comprobaron hasta la saciedad cómo las bicicletas pasaban una y mil veces sobre dos anuncios grabados en la pista del velódromo. Una vez más, Unipublic tuvo más fuerza que TVE y las autoridades. Preguntado uno de los funcionarios del ayuntamiento de Barcelona por la permisividad ante este abuso publicitario, argumentó que nada podían hacer porque “hasta el presidente de la UCI, Luis Puig, está relacionado con Unipublic”.

Lo mismo sucedió en los campeonatos de España de natación. TVE transmitía en directo las pruebas. La piscina estaba llena de publicidad, naturalmente de Unipublic, lo que provocó otro reguero de denuncias.

Unipublic tenía una presencia tan considerable en las retransmisiones deportivas de TVE, que algunos trabajadores del sector llegaron a calificarla de casi monopolio, especialmente en los deportes de ciclismo, baloncesto” gimnasia y fútbol sala, y hasta en atletismo. En  ciclismo, además, combinaba su condición de agencia de publicidad con la de entidad organizadora. Unipublic organizaba o controlaba la publicidad de las pruebas ciclistas más importantes: Vuelta a España, Vuelta a la Comunidad Valenciana, Vuelta a Galicia, Semana Catalana, Subida a Montjuc. También controlaba el Mundial de Ciclismo en Barcelona. Todas estas retransmisiones gozaron del favor de las cámaras de televisión.

La Volta a Catalunya estaba financiada en parte por La Caixa, pero parecía una carrera destinada a su desaparición a pesar de ser una de las clásicas de más prestigio. Unipublic, según un organizador de la prueba, “nos garantizó que este año podríamos tener a las cámaras de TVE”.

Otras carreras no vinculadas a Unipublic, pero de mayor interés deportivo que la clásica Torrejón-Dyc, como la Vuelta al País Vasco, no contaban con la presencia de cámaras de TVE. La Vuelta a la Comunidad Valenciana, en la que sí estuvo Unipublic, contó con televisión en directo y con el comentarista particular de la empresa, que era Antolín García.

Unipublic controlaba también deportes como la natación, la gimnasia, e incluso badminton, todos ellos minoritarios en audiencia, pero que obtenían excelentes coberturas por parte de TVE al estar organizados por Unipublic, que por entonces era una pequeña empresa privada dedicada preferentemente a la publicidad estática, anuncios sobre soporte fijo, e incluso a la organización de acontecimientos deportivos. La sociedad se creó en 1975. Su consejero delegado y director general era Enrique Franco Álvarez, socio mayoritario. El secretario era su hermano Eduardo. El presidente Luis Felipe Sainz de Trapaga. Desde 1977, fue nombrado consejero Antolín García. El otro consejero era Gaspar Llera Villamarín. Los Franco y Trapaga se han mantenido en la empresa hasta hoy.

Tomás Zardoya, máximo responsable de las transmisiones de TVE, era también el principal interlocutor de Unipublic con TVE. Llegó al cargo cuando su amigo,Ramón Gómez Redondo, fue nombrado director de Programas de TVE. Ambos eran militantes socialistas y trabajaron en las campañas electorales del PSOE. Zardoya era hasta entonces ayudante de producción del programa La segunda oportunidad, dirigido por Paco Costas. Con el ascenso de Zardoya, Paco Costas, que protagonizaba anuncios de publicidad en la pantalla, pasó a ser enviado especial de TVE en las pruebas de Fórmula 1.

En otra ocasión, Zardoya convocó una reunión para programar los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Decidió, con la opinión mayoritaria en contra, enviar a Antolín García y a Luis Calvo Sotelo, comentarista, este último, de hípica. Los asistentes le expusieron que para cuatro días de pruebas no valía la pena llevar a un comentarista que sólo supiera de hípica. El jefe de retransmisiones de TVE anunció en otra de estas reuniones que tenía una oferta para equipar gratuitamente con ropa, calzado y otras prendas de la firma Mito a toda la comitiva olímpica de TVE. Los reunidos se negaron en redondo a esta propuesta, entre otras razones porque no mediaba un contrato entre TVE y la estimaron una oferta poco clara. Algunos de ellos vistieron dichas prendas en Los Ángeles, entre ellos el propio Zardoya.

El Director de Promoción de esa marca fue contratado por TVE para el programa Objetivo-92. Con anterioridad, para el programa De Olimpia a Los Ángeles, fue contratado Bernardino Lombao, alto dirigente de Karhu, otra empresa de prendas deportivas. Esta práctica era habitual, ya que, con ocasión de los Juegos de Invierno de Sarajevo, Zardoya pidió a Francisco Fernández Ochoa, director de Promoción de Ellesse, que equipase gratuitamente al personal de TVE enviado a Sarajevo, incluido el jefe de retransmisiones[9].

Otra de las proposiciones de Zardoya en la reunión previa a Los Ángeles fue el avituallamiento. Zardoya sorprendió a los trabajadores asegurando que no se preocuparan por la bebida, que la tenían gratis. TVE fue la única televisión en dar, durante los Juegos, una fiesta al resto de las televisiones. El champán Freixenet y el fino de Domecq corrió por las gargantas de empleados de la BBC, ABC, RAI, entre otras cadenas.

Enrique Vázquez, director de los Servicios Informativos de TVE, de quien dependían algunos de los periodistas que trabajaban para retransmisiones, manifestó haber oído “muchos rumores, pero hago oídos sordos de todo lo que no sean pruebas. Yo no tengo nada que ver con las retransmisiones, de ello se ocupa una persona muy competente, Tomás Zardoya”.

Alfonso Cortés-Cavanillas, subdirector de Informativos, contestó a la pregunta de si era cierto que algunos trabajadores habían denunciado irregularidades en retransmisiones ante la dirección: “Me llegaron comentarios, pero nunca hubo denuncias escritas u orales formalmente. No digo que no se haya hablado de ello en algunas reuniones, pero no ha pasado de ser un comentario. Esta casa es propensa, a veces, a afirmaciones jocosas. Nosotros no tenemos nada que ver con la decisión de retransmitir deportes”.

El escándalo Miró

El 17 de octubre de 1986, Calviño fue sustituido por Pilar Miró. El equipo del guerrismo calviñista se resistió hasta la extenuación. Entre ellos, destacó la actitud de Enric Sopena, que movió Roma con Santiago para mantenerse en su despacho de Torrespaña. Fiel a su carácter, creyó que su destitución se debía a razones opresoras, aunque se tratara del mismo aparato socialista que previamente le aupó a la dirección. Finalmente, recaló en la Dirección de RNE.

La llegada de Miró puso de manifiesto la confrontación que tenía lugar en el seno del Gobierno entre los guerristas y los felipistas. Los partidarios de Alfonso Guerra habían tenido en Calviño a su adalid. Ahora le tocaba el turno al clan de Felipe González. Pilar Miró, lejos de dar continuidad al proyecto de Calviño, que había montado un equipo fiel a sus necesidades y con vocación de permanencia en RTVE, laminó toda su estructura hasta dejarla sin peso ni poder.

Miró contaba con toda la confianza de Felipe González para tomar decisiones delicadas contra el entorno de Guerra. De hecho, Felipe acabó haciéndose cargo del hijo de Pilar Miró, Gonzalo, cuando ésta falleció al cabo de los años como consecuencia de una penosa enfermedad.

También el Rey formaba parte del grupo de amistades íntimas de la nueva directora general de RTVE. Los dos coincidieron en la Facultad de Derecho de Madrid durante su época de estudios. A Pilar Miró era frecuente verla cenar con don Juan Carlos en ciertos restaurantes en medio de polémicas y luchas por el poder en RTVE. Esta amistad con el Rey fue determinante para que Miró se hiciera cargo a lo largo de su carrera de diversas retransmisiones relacionadas con la Casa Real. Así ocurrió con el mensaje de Navidad del Rey, en diciembre de 1985, cuando había dejado la Dirección General de Cinematografía y aún no se había incorporado a la dirección de RTVE[10]. Después realizó las bodas de la Infantas Elena y Cristina en Sevilla y Barcelona, respectivamente.

Miró era una gran profesional del cine. Durante sus primeros años se dedicó a adaptar y dirigir para televisión más de 300 obras literarias de autores clásicos como Dickens, Unamuno o Lópe de Vega. También se dedicó a realizar retransmisiones televisivas en directo, concursos y programas musicales. Todo ello le proporcionó premios y una gran experiencia. En 1964 tuvo su primer contacto con el cine al realizar el guión del largometraje La niña de luto. En 1976  realizó su primera película, La petición, basada en la obra de Émile Zola Pour une nuit d’amour.

Cuando llegó a RTVE puso en marcha programas denostados por los guerristas como El precio justo, patrocinado por el Banco Bilbao Vizcaya, del que era asesor su íntimo amigo, Julio Feo, que había abandonado la Secretaría de Presidencia poco antes, después de haber llevado a Felipe González a la Moncloa.

Y fue por ahí por donde empezaron las críticas a su gestión, que llegaron desde el propio Partido Socialista y por la vía de los excesos económicos. Miró, al parecer, tomaba decisiones sin consultar siempre al consejo de administración de RTVE. Nada más llegar a la dirección de RTVE, por ejemplo, solicitó importantes subidas de sueldo para su equipo directivo. Luego fue acusada de firmar un acuerdo con Juan José Alonso Millán, entonces presidente de la Sociedad General de Autores de España (SGAE), con la que RTVE mantenía un contencioso en la Audiencia Territorial de Madrid, que daba la razón a las pretensiones de las SGAE, a la que abonó 1.750 millones de pesetas en concepto de derechos de autor para los años 1985 y 1986, que representaba cuatro veces más la cantidad que se pagaba entonces por ese concepto. Esa mezcla de gestora indomable, amiga de sus amigos, y creadora, que aparentemente funciona al margen de los convencionalismos del consejo de administración de RTVE, causó impacto en el ente, pero también en sus finanzas.

Lo que finalmente dio al traste con su gestión fue un cúmulo de irregularidades que se conocieron a partir del informe que elaboró una interventora de Hacienda, que a la postre se convirtió en el verdugo de la directora de cine en RTVE.

La interventora se llamaba María Angustias Marugán. Su trabajo se centró en el control financiero del ente. El 20 de octubre de 1988 entregó su informe al consejo de administración de RTVE. Su contenido era demoledor. Demostraba las múltiples irregularidades en las que había incurrido el equipo directivo del ente público durante los nueve primeros meses de 1987. En ese periodo, Pilar Miró gastó 180.000 pesetas en joyas, 808,415 en ropa, 209.300 pesetas en bolsos y 30.000 pesetas en un abanico.

La directora general gastó en en esos nueve meses dos millones de pesetas en ropa y regalos. Entre otras cosas compró unos pendientes de oro y brillantes por 90.000 pesetas, y unos gemelos por 58.500. Cada mes, sus gastos ascendían a una media de 127214 pesetas en vestuario. Sus lugares preferidos para comprar eran además las tiendas más caras de Madrid. Entre ellas estaban las de Loewe, Tres Zetas y Purifcación García. Las joyas se las compraba a Jesús Yanes.

El informe resaltaba que “la compra de objetos de vestuario para el director general no tiene precedentes en RTVE”. Su autora se jó especialmente en la cuenta corriente  30-35253-1 que RTVE tenía en el Banco Exterior de España, en la que se cargan los cargos de las tarjetas Visa Oro que los catorce directivos de Pilar Miró disfrutaban desde su nombramiento como directora general de RTVE.

Pilar Miró pagó con su tarjeta Visa 1.017.715 pesetas durante el periodo investigado, bajo el concepto de “atención a personalidades” y “relaciones externas”. La mayor parte del dinero, son embargo, se destinó a comidas. Este capítulo consumió el 60 por ciento de la cuenta corriente, cuyos pagos ascendían a seis millones de pesetas.

El informe incluía un apartado denominado Debilidades significativas, en el que la auditoría subrayaba “la insuficiencia de justificantes de estos pagos”, lo que impedía “juzgar si el gasto está relacionado con las actividades propias de RTVE y si la contabilización es adecuada”. La inspección resaltaba que “a falta de datos, se corre el riesgo de abonar simultáneamente las comidas como tales y como dietas, o por nómina”.

El equipo de Pilar Miró ni siquiera respondió al informe en el tiempo legal. Sus alegaciones llegaron más tarde y no alteraron ni una sola de las conclusiones a las que había llegado la inspectora Marugán. La interventora también resaltó las dificultades que había tenido a la hora de llevar a cabo su trabajo, sin que el equipo investigado colaborase lo más mínimo.

Pero el informe tan sólo representaba un avance de lo que iba a ser una revisión de cuentas en toda regla. La inspectora apuntaba, no obstante, la dirección en que podrían ir los acontecimientos, al llamar la atención sobre las gratificaciones extraordinarias que Pilar Miró concedió a trece de sus colaboradores más cercanos. Las cantidades oscilaban entre lasa 400.000 y las 750.000 pesetas de la época para cada uno. La inspectora preguntó al presidente del consejo de administración del ente, Antonio del Olmo, si había autorizado dichas gratificaciones, Del Olmo contestó que el consejo no conocía y por tanto no aprobó tales gratificaciones.

Para acabar de arreglarlo, Pilar Miró declaró en el Congreso que no estaba dispuesta a pagar ni un duro de su sueldo de 477.612 pesetas  en el vestuario que utiliza al realizar funciones de representación de RTVE. La directora general no declaró que además de esas cantidades percibía otras 75.000 pesetas cada vez que acudía a un consejo de administración, lo cual ocurría dos o tres veces al mes.

En su comparecencia ante la comisión de parlamentaria de control de RTVE, Pilar Miró afirmaba el 15 de octubre de 1988 que las compras realizadas se debían a que su cargo requería una representación permanente. El 19 de octubre, en una nueva comparecencia ante la comisión, Pilar Miró admitía sin embargo haber incurrido en una “torpeza contable”.

Por fin, el 30 de noviembre de 1988 Pilar Miró acudió al Congreso de nuevo para explicar el contenido del informe de la intervención de Hacienda que había llenado las páginas de periódico hasta entonces. El diputado Luis Ramallo, de la entonces Alianza Popular, se había convertido en su azote particular. La discusión en el Congreso fue tensa. Los regalos de Pilar  Miró a sus colaboradores –entre ellos varios jerseys—constituían la comidilla de las conversaciones callejeras, pero Ramallo estaba empeñado en acusar a la directora general de malversación de fondos públicos.

Su defensa se basó en que desconocía que no pudiera gastar dinero del ente para vestuario de representación. De hecho, tan sólo pasó un mes más hasta que el 10 de noviembre de 1988 Pilar Miró ingresó en la tesorería del Ente Público Radiotelevisión Española la cantidad de 2.127.215 pesetas correspondientes a los gastos de su vestuario realizados con fondos de ese organismo. Miró cumplió así con la exigencia formulada a tal efecto por la Intervención General del Estado, después del  informe remitido por la Intervención Delegada de RTVE. Pilar Miró había anunciado semanas atrás, tras su conversación con el presidente del Gobierno, que aceptaba el criterio del Ministerio de Hacienda, por lo que reintegraría la cantidad correspondiente a las compras realizadas con dinero de RTVE y que la Intervención Delegada había determinado que no podían cargarse al presupuesto del ente público.

Pilar Miró había recibido una semana antes la notificación en la que se le fijaba un plazo de 10 días para hacer efectivo el pago de los dos millones. Miró entregó un talón nominativo en concepto de ingreso a cuenta.

No obstante, la directora general tuvo que hacer frente a la demanda interpuesta por el diputado de Alianza Popular Luis Ramallo por supuesta malversación de fondos públicos. El magistrado Adrián Varillas aceptó la demanda en la misma semana en que Miró devolvió el dinero. Y la polémica continuó, porque además Miró designó como abogado defensor a Gonzalo Casado, que entonces se encargaba también de la defensa del subcomisario José Amedo y del inspector Michel Domínguez, acusados de pertenecer a los GAL.

El escándalo Miró se convirtió en un culebrón, pero la directora general no se cansaba de asegurar que cuando dejara el cargo lo haría con su prestigio personal intacto, “a pesar de que algunos lo quieren destrozar por algo que se ha desorbitado”.

Miró reconoció que efectuaba los gastos que se le imputaban desde 1986, es decir, desde su nombramiento. Pero precisó que la Intervención Delegada nunca le comunicó que no podía cargar “regalos y similares” al presupuesto del ente.

A partir de aquí la secuencia de los hechos fue rápida. A finales de 1988, la Unión de Técnicos y Cuadros del Ente Público RTVE, junto con un grupo de trabajadores de TVE pertenecientes a la Asociación de Profesionales Libres e Independientes (APLI) y ex militantes de UGT, promovieron una querella contra la directora general, acusándola de malversación de fondos públicos.

El 17 de enero de 1989 Luis Solana relevaba a la dimisionaria Pilar Miró. En junio de 1989, Pilar Miró era llamada a declarar en la instrucción de la causa. El 30 de noviembre de 1989 la ex directora de RTVE abandonaba el PSOE. En marzo de 1990 se iniciaba su procesamiento como presunta autora de un delito de malversación. A finales de julio de 1990, la Audiencia Provincial de Madrid confirmaba su procesamiento tras la petición del fiscal y la defensa para que fuera revocado. El 15 de junio de este año se iniciaba la vista.

El tribunal consideró que Miró dispuso de 8.511.457 pesetas de los presupuestos del ente público, con desconocimiento de que su conducta no era correcta y sin actuar de mala fe. Los jueces concluyeron que su actuación no supuso ningún reproche desde el punto de vista penal, aunque podía constituir una infracción de carácter administrativo. La ya ex directora de RTVE acudió el 6 de julio de 1992 a la lectura pública de la sentencia. Entonces tenía 52 años, lucía un vestido rojo con lunares negros, y con gran satisfacción escuchó la resolución de la sección tercera de la Audiencia Provincial de Madrid, que la absolvió del delito de malversación porque ignoraba que su conducta fuera incorrecta.

Tras la lectura de los hechos probados y el fallo, Miró declaró: “Es difícil estar serena”. Afirmó que el proceso le había servido para conocer mejor a las personas y su capacidad de sobrevivir y no quiso dar nombres cuando se le preguntó sobre quién era el culpable de que ella hubiese pasado por el banquillo, aunque agregó: “Basta con tirar del hilo”. La sentencia declaraba probado que Pilar Miró realizó gastos de vestuario por valor de 3.628.304 pesetas que fueron cargados en partidas presupuestarias de RTVE. El vestuario, adquirido para uso de representación, fue guardado en un armario que se construyó al efecto en la dirección general del ente público. El resto de los gastos, hasta un total de 8.511.457 pesetas, fueron destinados a objetos y regalos de carácter institucional. La sentencia señala que alguno de esos gastos fueron abonados con cargo a la tarjeta Visa oro de la ex directora de RTVE, pero no se acreditó que ninguno de los desembolsos tuviera como motivo un gasto de naturaleza particular y privada”.

La sentencia relataba cómo se produjeron los hechos y las consultas de Miró al director financiero sobre si podía cargar los gastos de vestuario de representación a los presupuestos del Ente. La respuesta fue afirmativa, si bien se le hizo constar un “factor de incertidumbre”, que no quería decir otra cosa que si la Intervención Delegada de Hacienda se lo requería tendría que reintegrar el importe de los gastos, como así fue.

Respecto a los restantes gastos efectuados por la ex directora de RTVE, el tribunal fue bastante más duro, aunque mantuvo la absolución. La sentencia precisaba: “La Sala no puede estimar como fin público establecido por la norma aquel que se pretendía con la disposición de los gastos y ordenación de los pagos realizados por la procesada Pilar Miró Romero, sino que ésta -si bien no de mala fe construyó una apariencia de ropaje de finalidad social y pública para pretender dar soporte, material o formal, a sus propios actos. A ello hay que añadir que los actos de la procesada estuvieron desprovistos de la razonabilidad, mesura y ponderación que ha de presidir el actuar de los gestores en el manejo de los fondos y caudales públicos”.

Tras esta afirmación el tribunal recordó que los actos de Pilar Miró no constituían delito alguno. “Sin embargo, a la luz de la normativa presupuestaria ( … ), persisten en su conducta los perfiles de una antijuridicidad administrativa”, decía la sentencia. Los jueces declararon de oficio las costas procesales, porque no advirtieron malicia en la actuación de las acusaciones privadas, si bien el tribunal les reprochó que hubieran acumulado pretensiones alejadas de la racionalidad. Los jueces se referían a las acusaciones de la Unión de Técnicos y Cuadros de RTVE y del abogado José Molina Samos, quien llegó a solicitar hasta 12 años y un día de prisión para Miró.

A la espera de la televisión privada

La gestión de Calviño y Miró al frente de RTVE se distinguió también porque en el ambiente estaba la posible llegada de la televisión privada. En un principio, la idea parecía una quimera en la mente de Calviño, que llegó a manifestar, en enero de 1983, su radical oposición a la televisión privada. “Haré lo imposible –dijo– porque sobre las cenizas de la televisión pública no se levante la televisión privada”[11]. Al mismo tiempo, denunció la existencia en España de una fuerte campaña como la que se dio en Italia financiada por el entorno de Berlusconi, que ya controlaba periódicos y agencias de noticias.

Calviño denunciaba entonces que en España se subvencionaba con fondos públicos a las empresas periodísticas privadas, sin saber que poco después le tocaría poner en marcha no uno sino dos de los primeros canales privados de televisión en España, uno de ellos con fondos de la Once, tras la aprobación del cuponazo por el Gobierno del Psoe, cuya gestión fue vigilada desde el propio consejo de administración de la Once, por la ministra de Asuntos Sociales, Matilde Fernández.

A mediados de 1984, Calviño decía que el esquema de gestión en RTVE estaba encaminado a consolidar “un seguro de vida para que, sea cual sea la experiencia privada del futuro, la televisión pública no sea una televisión residual ni secundaria, sino competitiva y rentable”.

En octubre de 1985, tras comparecer ante la Comisión de Presupuestos del Congreso de los Diputados, aseguró que “no hay una sola peseta para la adaptación de la red de transmisión a un canal más para la televisión privada; no digo ya para dos o tres, como se está diciendo que puede haber”.

Su cese como director general de RTVE, sin embargo, le llevó enseguida a deambular por el proceloso mundo de la incipiente televisión privada. La década de los ochenta fue un tiempo convulso en el que numerosos empresarios, incluidos algunos extranjeros, ansiaban hacerse con un trozo del pastel mediático. Uno de ellos era el editor británico Robert Maxwell. De origen judió, Maxwell, que pasaba por ser el mayor editor del mundo, confió sus primeros pasos en España a Jacques Hachuel Moreno, también de origen judío, cuya agresividad empresarial se puso más tarde de manifiesto en Banesto junto a Mario Conde. Maxwell llegó a negociar con Juan Tomás de Salas, entonces presidente del Grupo 16, para entrar en el capital de la empresa y optar a una de las televisiones privadas que iba a conceder el Gobierno socialista. Pero las negociaciones entre Salas y Maxwell se interrumpieron bruscamente. El magnate británico había encontrado unos interlocutores más interesantes. Se trataba del vicepresidnete del Gobierno Alfonso Guerra y de su alter ego mediático, José María Calviño.

El abogado José Mario Armero representaba por entonces los intereses de Maxwell en España, pero el editor le dijo a Armero que era mejor que él no acudiese a aquel encuentro. El Gobierno estaba realizando en ese momento las consultas con diversos grupos de comunicación para anunciar, el 3 de abril de 1987, las condiciones del concurso público por el cual se iban a repartir las licencias de televisión privada en España.

Maxwell no llegó a ningún acuerdo entonces con Guerra y Calviño, en un momento en que su alianza con algún grupo español podría haber sido decisiva. El magnate ni siquiera se reunió con Antonio Asensio, entonces presidente del Grupo Zeta, con quien tenía concertada una entrevista. El británico había entrado también en contacto con Jesús Polanco, presidente de PRISA, para lanzar un periódico en Buenos Aires, llevar a cabo otros proyectos en América Latina y habilitar una participación en Canal Plus. Sin embargo, no hubo química entre ambos empresarios.

Para entonces, Calviño, desde su observatorio de privilegio, había pergeñado un proyecto denominado Canal 10 cuya aventura financiaron Maxwell y Hachuel con un capital de cien millones de pesetas. La idea fue de Enrique Talarewitz, un empresario de origen judío que entonces era conocido como importador de largometrajes. Maxwell participaba con un 10 por ciento. Pero el proyecto se fue al garete a las primeras de cambio ocasionando pérdidas multimillonarias a sus mentores. Fue un intento vano de montar un canal privado al margen de la ley y de las múltiples negociaciones que desde hacía dos años, entre 1987 y 1988, llevaron a cabo casi todos los grupos editoriales de importancia para participar en el negocio de la televisión privada.


Notas

[1] 27 de julio de 1977.

[2] 25 de enero de 1978.

[3] 12 de abril de 1978.

[4] 24 de septiembre de 1978.

[5] 18 de diciembre de 1978.

[6] Sobre este asunto, ver mi libro El dinero del poder, publicado junto a José Díaz Herrera en 1991 por Cambio 16.

[7] Muñoz, Pedro: RTVE, la sombra del escándalo. Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1990.

[8] Estos ratios fueron del 0,65 por ciento para el ejercicio de 1982, del 0,66 por ciento para 1983 y del 3,45 por ciento para 1984. Los coeficientes de obligaciones reconocidas de inversión en inmovilizado material sobre las presupuestadas, para los mismos ejercicios, fueron un 0,75% sobre 7.44:5 millones en el 82; un 0,46% sobre 2.812 millones en 1983; y un 0,29% sobre 3.260 millones en 1984.

[9] La Gerencia. de Publicidad y la dirección de Recursos, Comercialización y Publicaciones de RTVE intervenían sólo en la firma de contratos de retransmisiones para regular la publicidad, es decir, los ingresos que podían generar dichos programas. La propuesta de producir y retransmitir cada programa se establecía, en primer lugar, entre Tomás Zardoya y los organizadores o exclusivistas del acontecimiento. Zardoya comunicaba a la empresa organizadora del evento su intención de transmitir un acontecimiento por carta. Una vez acordada la retransmisión, Gerencia de Publicidád y la dirección del Ente Público firmaban un contrato con los intermediarios encargados gestionar en exclusiva la explotación publicitaria de espectáculos como, por ejemplo, la II Regata Vuelta a España. El contrato hace referencia a las modalidades publicitarias autorizadas para el programa, algunas de ellas sorprendentes, como la sobreimpresión de mensajes publicitarios dentro de la información. Según datos del Consejo de Administración, TVE no cumplió el contrato, ya que se emitieron tres minutos más de la publicidad contratada y el departamento de retransmisiones superó el tiempo de emisión concertada en más de una hora.

[10] Pilar Miró inició la carrera de Derecho en contra de su voluntad, pero la dejó en el último año para matricularse en la Facultad de Periodismo. En 1962, tomó contacto con el mundo audiovisual al realizar prácticas de auxiliar de redacción en los informativos de Televisión Española. Al año siguiente inició estudios en la Escuela Oficial de Cinematografía en Madrid.

[11] Calviño se expresó en Sevilla, en una conferencia de Prensa celebrada tras la toma de posesión de los tres nuevos directores en Andalucía de TVE, Radio Nacional y Radiocadena Española, el 22 de enero de 1983.

BIBLIOGRAFÍA

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Bustamante, E. y Villafañe, J.  La televisión en España mañana. Modelos televisivos y opciones ideológicas. Siglo XXI. Madrid, 1986.

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Macía, Pedro. Televisión hora cero.  Erisa. Madrid, 1981.

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Rico, Lolo. TV, fábrica de mentiras. Espasa Hoy, 1992.

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